Luctuoso

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Del latín  luctus –adolorido–. Luctuoso, porque éste ha sido un año de duelo, luto y aflicción, un año de vivir del recuerdo de una persona que ya no está. También  llamado cabo de año, por las exequias que se prodigan a los difuntos después de pasados doce meses, lo cual representa el recordar al ausente como parte de una comunidad y ayudarlo a que se convierta en parte del pasado, en un ancestro, como se denomina en algunas culturas originarias, donde se piensa que de no conmemorar la fecha del primer año, pueden correrse ciertos riesgos, como el de quedar olvidados en el plano terrenal, los difuntos, que se quedarán aquí sin trascender provocando problemas a los vivos.

En cambio, se les deposita en una sociedad invisible en el mundo de los muertos, muy parecida a la de los vivos. También se les obsequian oraciones o rituales, algo que les auxilie en el viaje, se pide por su buen destino. Y aunque es algo que no gusta de rememorar, que  mueve a llanto, el luto es una acción necesaria. Se dice que está de luto una persona fúnebre, triste, mortuorio, afligido, tétrico, siniestro, funerario, nefasto, que es merecedor y digno de llanto o tristeza y que puede causar este estado anímico. No es tan cierto, el luto se experimenta por una pérdida irreparable, no es un mal intencional, provocado, sino que el doliente vive en lamentación permanente o provoca más episodios tristes, más desolación sin querer.

El uso de la palabra no es del habla cotidiana, luctuoso se decía del derecho cobrado en algunas provincias por los prelados –miembros de alto rango de la Iglesia– cuando fallecían sus súbditos. En esos casos ese pago era a través de  una joya o indumentaria del difunto, objetos que podían estar señalados en el testamento o bien aquello que eligiera el beneficiario. Qué bueno que ya no se cobre de esa manera el duelo.

Luto es la consecuencia que viene por la ruptura de un vínculo o toda circunstancia que implique una separación, finalmente  es una respuesta saludable a una condición dolorosa. Por otro lado, me parece importante reconocer la pérdida socialmente, brindar factores de protección a los deudos, ya que todavía existen  lutos no autorizados o prohibitivos, que no son agradables, pero necesarios. Superar un fallecimiento comienza con la integración de la pérdida a la conciencia, posteriormente la reconstrucción de los significados de lo que constituyó la persona que se fue, en nuestra vida, y cómo será ésta a partir de la pérdida, Therese Rando propone el método de las 6 Rs:

  1. Reconocimiento de la pérdida. Si no hay reconocimiento no hay proceso de luto, acepar la muerte ayuda a comprender, a dar alguna explicación para que nos haga sentido.
  2. Reaccionar a la separación: la reacción emocional del individuo es una de las fases más reveladoras de la emotividad, aceptar la realidad no es cosa sencilla, es importante aprender a identificar y diferenciar las experiencias afectivas.
  1. Recordar a la persona fallecida y la relación que tuvieron, no hay que tener miedo de revivir los sentimientos de la relación a pesar de que hayan sido dolorosos o negativos.
  2. Renunciar –o abandonar–: en esta fase del luto debe renunciarse a los  vínculos antiguos con la persona fallecida, aceptar que la vida no será la misma  o que el funcionamiento de la realidad será diferente.
  3. Reajustar-se para avanzar adaptativamente a un nuevo mundo, que no implica desaparecer al anterior, sólo se transformará en un mundo simbólico donde se siga estableciendo una relación simbólica con la persona fallecida. Ese proceso envuelve dos criterios que deben aparecer simultáneamente: reconocer la realidad de la muerte y comprender sus consecuencias.
  4. Reinvertir –volver–: a crear momentos de satisfacción, establecer nuevos roles, relaciones, proyectos o nuevas ideas.

Un año desde que partiste y todavía no puedo creerlo, Mamá.