Mala ortografía
Las faltas ortográficas son un problema persistente que sale a relucir en casi todos los claustros, pues su solución debe ser una tarea común de todo el profesorado. En primaria se ha aumentado 20% a las clases de Lengua. La clave está en ese periodo educativo.
La gente no practica las normas ortográficas, y muchas veces hacen ese trabajo los correctores del teléfono y los correos electrónicos y no se fijan. También la influencia nefasta y continua del inglés. Creo que muchos profesores de secundaria, y a veces de universidad, pasan por alto en los exámenes las faltas cuando entienden que el contenido es correcto. Es un error hacerlo. No estoy tampoco de acuerdo con dejar pasar las faltas graves de redacción.
Algunos profesores piensan que las faltas las corrigen los procesadores de texto, y entienden que la sintaxis es poco importante. Opino lo contrario, si la expresión es pobre, el contenido también lo es, se quiera o no, la epidemia de las faltas de ortografía escala hasta la universidad, se detectan errores de ortografía es terrible, pero incluso es muy común, lo peor de todo, no saben redactar. Creo que tiene que ver con que no se lee, faltan prácticas de redacción, dictados…, la ortografía sea uno de los motivos de que el 9.6% de las plazas de profesor de secundaria hayan quedado desiertas en las oposiciones del pasado julio.
Nunca había habido un volumen educativo como el actual —el 41% de los jóvenes de 25 a 34 años tiene estudios superiores, frente a un 43% en la OCDE—, pero el nivel ortográfico de los graduados es mejorable. Y si los que enseñan cometen fallos, los escolares los repetirán.
Los dictados en el desarrollo curricular de la Ley Orgánica para la Mejora Educativa (Lomce) en 2013, al igual que hizo Francia con este ejercicio y el cálculo mental son la mejor opción. Hay especialistas que sostienen que es leyendo como se ataja el problema de las faltas porque se visualizan los signos, pero los defensores del dictado arguyen que entrena la atención sostenida, la concentración y sirve para descubrir los errores.
Un argumento extendido entre los profesores de secundaria es que no se suspende más a los niños —y no solo por la ortografía— porque la Inspección toma decisiones en contra de los criterios académicos. Se puede reaccionar ante las faltas y unas redacciones a veces bastante flojas. Si fuésemos estrictos mucha gente no aprobaría. Los niveles de exigencia han bajado mucho, al 60% de la clase y no pasaba nada, pero ahora eres mal profesor.

