MANECILLAS DE UN SEGUNDO
Duró un segundo
y dentro de él
ese celeste
me lleva a tu voz
nerviosa desde la orilla hasta el mástil
del mar seco
desde
donde
todavía te veo, fresca
y voy a tu archivo no archivado
que vive fresco y líquido
con olor a nuevo
pero no a plástico
y te vuelvo a ver
y desde este encierro
veo ese forro de piel
que esmalta tu cuerpo blanco
blanco arroz con humo
blanco ceniza que se esfuma
y blanco que se desea a sí mismo
dentro de tu sonrisa sin entusiasmo
y con tus cincuenta palabras mágicas y nada más
y con tanto temblor
porque esos encuentros no podían
pasar de un segundo
porque cuando te abrazaba
teníamos mucha ropa encima
a pesar de los
veranos y las declaratorias
y los teléfonos públicos
bautizados con nuestros nombres
y de allí
al nunca más
hasta este segundo
conservándolo
para que la actualidad
muy básica ella
no se meta en nuestra banca
imaginaria
donde usabas ropones celestes
como tus ojos
que no querían oscurecerse conmigo
para que te confundas más
y te quedes con lo mejor
como ese colador de oro egipcio
que te estoy enviando por correo.

