Mata dando

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Ese adagio popular, sigue la mata dando, adquiere sentido cada semana; porque a pesar de las sugerencias, advertencias y evidencias de que, todo lo que un profesor hace en sesiones de clase síncronas, al ser grabadas, puede convertirse en evidencia de su decir y hacer, hay quienes simplemente no lo entienden y acaban exhibidos públicamente, con el juicio sumario que eso conlleva.  Dicho en palabras llanas, se ponen de pechito.

Hace años, concretamente en diciembre de 2011, fue transmitido el capítulo piloto de la serie británica Black Mirror, enfocada a mostrar lo que puede suceder cuando no existe un uso razonado y adecuado de la tecnología.  Ese primer capítulo, titulado National Anthem (El himno nacional), muestra como un video en redes sociales puede poner en riesgo y vulnerar la vida de cualquier ser humano, sin importar que éste sea el Primer Ministro de Inglaterra; un capitulo con un final bizarro, pero no tan lejano de una realidad que nos está tocando testimoniar.

El futuro nos alcanzó, y en este esfuerzo por buscar mantener las clases en sistemas a distancia, algunos colegas caen en errores tan infantiles como temerarios; tan grotescos como agresivos, sin consciencia clara de su responsabilidad.

El caso de los dos profesores de Facultad de Química en la UNAM (Chin y Zentella), son ejemplo de imprudencia y estupidez; el primero, por hacerse el chistoso con referencias misóginas que resultan totalmente fuera de contexto, el segundo, por su descaro en reconocer que, al no tener clases de manera presencial, no le puede pedir sexo a la alumna que le preguntaba qué hacer ante una problemática escolar.

A mi entender, con el primero cabe la posibilidad de un llamado de atención fuerte, contundente, para que evite ese tipo de referencias (no incluidas en este texto por la naturaleza patética de las mismas); pero con el segundo no hay otra más que iniciar un procedimiento penal por acoso, abuso y agresión.

Este  primer video es razón suficiente, pero para abonarle más a su postura, a los dos días de esa primera prueba, se exhibió una segunda en el que, sin anestesia de por medio, les expresa a sus alumnos que los que me hablen de usted y no me digan Arturo, que me digan profesor, doctor, yo les sugiero que, cuando tengan oportunidad, y así lo consideren pertinente, que vayan a Chingapur pasando por Sumatra.  Es decir, se trata de un perfil muy alejado (años luz) de lo que debe ser un docente.

Resulta grave que la Máxima Casa de Estudios no haya tomado medidas firmes, porque en este caso no se trata de una suposición o una perspectiva; existe la evidencia irrefutable de los hechos.  No podemos andar por la vida presumiendo que somos eso, la Máxima Casa de Estudios cuando somos cómplices de estas conductas.

Justo por este tipo de profesores es que el gremio no tiene el reconocimiento social que merece; por unos cuantos malandros todos somos metidos en la misma canasta; es increíble que ni siquiera al saberse observados se les merma su desfachatez e imprudencia.

Esto, me temo, no parará con estos casos, como me referí desde el principio: sigue la mata dando. ¡Que pena!

horroreseduca[email protected]