Metabolismo

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No tenemos nada, ni la seguridad de la vida longeva ni el control de nuestros niveles de azúcar cuando el cuerpo imperante decide elevarlos contra viento y marea.

Todos los días miramos pacientes deambular por clínicas y tomar, en cierta medida algunas decisiones, como creerle al médico que va a controlar esos padecimientos.

La deriva de la corriente llamada metabolismo nos llevará por caminos distintos a cada uno, es cuestión de esperar, tal como algún día esperamos la reproducción celular en su cantidad exacta para llegar a ser  el primer paso de la viviente criatura, una mórula, y sabíamos desde entonces (lo sabían nuestras células) qué etiqueta habrían de colgarnos los dos mil veintiún años de evolución de la especie: hipertensión, diabetes, dislipidemia, neurosis, depresión, esquizofrenia.

Capacitadores de la fisiología nos dicen que hay mucho por hacer, pero nosotros sabemos que cada una de las células que nos conforman va a manifestar su voluntad, destructora o creativa.

Mientras tanto, esperemos sentados, ese momento genético en el que el futuro se presenta cuán ruin es, objetivo y frío, en las cifras de los monitores electrónicos que con una gotita de sangre informan las nuevas esclavitudes, cuidarse, cuidarse, cuidarse como si este verbo no fuera transitivo/intransitivo, quién cuidará de quién en esta otra pandemia: la del trastorno metabólico.