METRO UNIVERSIDAD

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Me subí en la Raza, ella en Guerrero, tal vez, y de luego me alocaron su figura y
sus ojos de obsidiana que se clavaron en mí.
Me perdí en los colores más lindos del caleidoscopio del vivir y más cuando su
sonrisa como que me dijo: ven, estoy aquí.
Y la multitud que baja y sube y no me permite acercar.
Y me alumbró el corazón su chamarra auriazul: va también en la Uni y ahí nos
bajamos los dos.
Entre brumas la veía, ella me buscaba igual, quería acercarme y decirle: Hola
hermosa que tal, niña linda en que fac vas.
Y la multitud que baja y sube y no me permite acercar.
Las estaciones pasaban: Niños Héroes, Etiopía, y cada vez que me quería acercar
en lugar de ir pa´lante, como que me echaban pa´tras.
Mi debacle fue en Copilco, a una estación de llegar, el gentío que no estudiaba y
que ahí debía bajar como bravo toro de lidia, como humana locomotora -aunque
nos opusimos con las garras del alma, a mí y a otros cuatro, al andén nos fue a
depositar.
Y la multitud más que baja que sube y que me acaba de expulsar.
Medio corrí, pero inútil, el pinche metro avanzó y creo que la niña linda, por ya no
verme casi lloró.
Tomé el siguiente metro con un pensamiento fatal: ¿Y cómo diablos la encuentro
en el enorme estudiantal?

Por fin llegué a mi destino y el logo METRO UNIVERSIDAD en lugar de gozo, me
hizo encabronar.
Y de nuevo voy lentamente con el titipuchal de gente caminando al puente
peatonal.
Cuando ¡Oh grata sorpresa!, subida en un barandal la niña bonita algo buscaba,
oteando en el estudiantal.
¡Aquí vengo! -quería gritarle- ¡Por aquí voy! Y el estudiantado que me obstruía,
que no me dejaba avanzar.
Ya casi llego, cerquita ya estoy, cuando de la nada aparece un chavo de real porte
y acercándose que la empieza a besar ¿Y ella? Como caníbal hambrienta que se
lo quiere comer: pasando a dos metros volteé la vista… mejor ni ver seguí
caminando con todos, pero creo un poco más triste que los demás y al ir bajando
la rampa a la entrada principal, recordé que la vida es cambiante y los sueños
sueños son, creo que lo escribió Calderón… ¿Y la neta?, le atinó el cabrón.

The End