Misma piedra

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En ocasiones, descubrimos que nuestras vidas pasan problemas que parece repetirse una y otra vez, a veces de manera inexplicable; nunca encuentro un trabajo en el que me valoren, siempre me topo con gente tóxica, por más que trato de controlar mi enojo siempre sale a flote.

Hoy sabemos que existe algo llamado compulsión de repetición, que se define como es impulso inconsciente que lleva a las personas a repetir situaciones, hechos, sentimientos, pensamientos y realidades dolorosas.

¿Por qué alguien querría experimentar, de nueva cuenta, algo negativo?, ¿Qué no se trata justo de lo contrario, aprender de los errores y no volverlos a cometer?, ¿No debiéramos evitar el dolor y buscar la felicidad?

Curioso, los animales aprenden con la experiencia, los humanos no, un roedor que ha caído en una trampa evitará en lo subsecuente cruzar por ese camino, mientras que los seres racionales pareciera que nos encaminamos en esa misma ruta porque nuestra superioridad seguramente evitará que las cosas nos sucedan de nuevo.

El mecanismo de la compulsión a la repetición significa que, si un ser humano vivió alguna situación traumática, particularmente durante la infancia, y esta resultó dolorosa en extremo, lo que sucederá es que se saca de la consciencia, se olvida y se considera como algo trivial. El impacto de ese trauma nunca se olvida y permanecerá latente durante toda la vida hasta que se haga consciente.

El problema es que cuando se retoma esa acción, no emanará como un recuerdo, sino que en su lugar se ejecutará y se pondrá en escena, con la esperanza inconsciente de que al repetir aquello que nos lastimó en el pasado, en esta ocasión pueda ser superado.

De esa manera tropezamos con la misma piedra y asumimos que se trata de un complot de la vida que sistemáticamente actúa en nuestra contra.

Sin duda alguna, es necesario atender profesionalmente este tipo de conductas, estoy seguro de que conocemos a más de una persona que, por ejemplo, tiene un carácter del diablo y por más que se platica, por más que se trata de mediar o convencer, las cosas parecen no cambiar, y genuinamente, no porque no quiera, simplemente, no puede.

Hay que recordar también que los seres humanos somos entes de costumbres, podemos hacer de la equivocación un hábito y por lo mismo hemos optado por levantar la piedra del suelo y mejor cargar con ella permanentemente.

No queremos salir de zona de confort y asumimos que nos sentimos seguros, aunque eso signifique no ser felices; cada interacción con el otro nos va moldeando hasta convertirnos en lo que acabamos siendo cuando somos adultos.

Hacer más de lo mismo jamás nos aportará algo positivo; se trata de encontrar rutas para dejar de tropezar de la misma manera; ciertamente, también actuamos para compensar aquellos déficits que encontramos en nuestras vidas, por lo mismo, hay que hacer un ejercicio de introspección en el que aprendamos a conocernos y valorar con mayor precisión aquello que nos conviene o no.

Como todo en la vida, tenemos dos opciones, la que plantea el poeta Ernesto Esteban Echenique que dice si tropiezas dos veces con la misma piedra sácala de ahí, o la que plantea Friedrich Nietzsche que sugiere que bienaventurados sean los olvidadizos que vuelven a tropezar con la misma piedra.

¿Qué preferimos?

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