Música de a deveras con instrumentos de a mentiras: el sintrabajo, el cornudo, el peinófono, la galletarra y la singular latería

Views: 1786

Recuerdo un evento de un músico incansable y de gran inventiva, se trata de Pedro Sandoval, oriundo de nuestra bella Toluca. En aquella ocasión en la cual, incluso tuve la oportunidad de platicar algunos momentos con él. Así es que haciendo memoria de aquel tiempo, aparecía de algún lado cualquiera un blues, llenaba las penumbras de aquel espacio y se escuchaba desde alguna parte del escenario: No necesito saber/que es lo que esperas de mi/ni siquiera/te tomes la molestia/recordaré tu nombre/por si algún día vuelvo a encallar/en tu playa… y como fantasmas. Una muy buena parte de los asistentes entona esta canción acompañados de una bebida cualquiera.

 

Me llamó mucho la atención que para escuchar a Pedro hay una atención casi religiosa, un silencio casi total que se rompe, cual pies de langosta con pinzas puntiagudas, cuando corean algunas de sus rolas. Entre la cuales interrumpe unos momentos para bromear, Los guitarrazos no crean que es porque estoy wey, claro está, y continúa diciendo Como está medio oscuro, no veo los puntitos de la lira. Y de inmediato se avienta con tres rolas que le inspiran los amigos. Primero Patricia, de ella canta cómo azotó las playas nayaritas. En otro momento se inspira en uno fallecido en la que le confiesa: La neta es que no quiero/escribirte una canción/¡ni ganas tengo!/pero un trato es un trato/y yo no tengo corazón/cumplirle a un muerto; En un momento más también nos canta una tercera rola que expresa la amistad de sus valedores: Es tiempo de agarrar camino/te estabas tardando camarada,/ahí nos vemos/de a jodido/llévate el calor de esta camada/de rufianes

 

Pedro Sandoval es un músico que va del blues a la trova sin olvidarse del rock. Sus guitarrazos le dan mucha energía a sus rolas, como ya nos advertía en uno de sus chascarridos, y varias de sus canciones llevan temas citadinos, aunque el amor, el desamor y el recuerdo de la amada se hacen presente. Sin duda fue un gran momento en el que no podía faltar la atmósfera de la música urbana que se impregna de la resistencia, la independencia y la honestidad. Sin embargo en esta ocasión quiero platicarles de un proyecto del que me contó estaban realizando también, y que me llamó la atención. El día de hoy ya tendrá unos quince años que inició con Los botes cantan. En la actualidad cuenta con dos producciones discográficas, que por cierto afirma la juguetona  R, son altamente recomendables: Música de a deveras con instrumentos de a mentiras y El segundo jalón.

 

Me dijo que se proponía promover en los niños el gusto por la música, inclusive menear la imaginación despertando la inquietud por tocar algún instrumento. Su proyecto entonces se enfocaría en potenciar la curiosidad y capacidad receptiva que aun se da de manera natural en ellos. Esto lograría un acercamiento del público infantil a los ámbitos artísticos de una manera lúdica y entretenida. El mismo Sandoval me decía Nosotros trabajamos para los niños desde antes. Empezamos a hacer teatro, en estas obras hicimos las primeras canciones y después las independizamos del teatro y nos pusimos hacerlo como un concierto. Los niños son un público muy interesante, muy difícil. Pero también es muy satisfactorio cuando se logra esa comunión y consigues conversar con ellos, es algo maravilloso, es una forma de trabajar muy completa y nos gusta mucho; venimos haciéndolo desde hace mucho tiempo. El hecho de ser músicos empíricos nos ha abierto a otras posibilidades, otros sonidos  y otras propuestas.

Lo que, sólo tal vez, me llama aún más la atención es que se plantea que la música está formada por instrumentos fabricados con material de reuso, de construcción de tipo minimalista y con algunas características que le dan personalidad a cada una de las rolas.

 

Este proyecto no es monólogo de Sandoval. Hay tres músicos en escena, lo acompañan Rocío Trujillo y Miguel Jaimes con quienes echa mano de diversos géneros de la música popular y de letras basadas en el mundo cotidiano de los niños. En todos los casos, los temas son propios de sus músicos, sin duda un plus que incrementa el mérito creativo del proyecto. Además están basados en diversos géneros populares como el son jarocho, el blues, la polka, el rap y hasta la música prehispánica. Otra cuestión que hace atractivo el proyecto y además es eficiente para lo que se quiere lograr. Se trata de que las canciones van acompañadas de diálogos, juegos e interacciones con el público; los niños participan, inclusive como músicos dentro del concierto para que de manera directa palpen las posibilidades de los instrumentos, enriquezcan el espectáculo y reafirmen el ambiente festivo siempre presente durante la función.

 

Como ya les había platicado de lo más llamativo de este proyecto, a mi forma de ver, es que los instrumentos musicales son los protagonistas en escena: todos fueron fabricados con material de reuso y de sencilla elaboración. Por ejemplo, me llena de curiosidad una caja de pizza, que seguramente había contenido una hawaiana, con ligas que hace las veces de un salterio; botes, comales, corcholatas, e inclusive parches de radiografías y acetatos forman diferentes percusiones; el sintrabajo, el cornudo; inspirado en el corno francés, que es una manguera naranja de las que usan los electricistas con un embudo azul, el peinófono, la galletarra y la singular latería entre muchos instrumentos más forman los sonidos del espectáculo.

 

He tenido la oportunidad de asistir a sus eventos en varias ocasiones. Recordado alguno o varios de ellos les comento de sus canciones, son divertidas, a veces tocan temas que los grupos convencionales evitan. Como es el caso La máquina del tiempo, en donde nos cuentan de un niño que quisiera inventar una de ellas para regresar a los tiempos en que sus papás se querían y vivían juntos. Así con una frase de un juego popular cuentan esta historia: Con melón o con sandía / con cuál de los dos me voy. Elegir yo no podría / si sandía o si  melón / si al melón y a la sandía / yo los quiero de a montón.

 

Sin embargo también cantaron una canción muy bonita que contaba la historia de un niño: Gustavo camina por toda la playa / vendiendo conchitas tocando el caracol /el pelo en el viento, los pies en el agua / lo que más le gusta es tocar el caracol. Esta rola además tiene un plus ya que con sus arreglos promueve y le da vida a la música prehispánica y el caracol se oye padrísimo, aunque me parece que, sólo tal vez, es posible que no fuera un caracol, sino más bien una pelota de golf cortada. La diversión siempre está presente y no podía faltar Mi papá es rocanrolero, tienen también una canción con trabalenguas y en una interacción con el público hicieron un concurso de éste, así como tampoco podía faltar el palomazo que se aventaron los niños tocando maracas frijoleras y sonajas corcholateras.