¿Música Prehistórica? (Primera Parte)

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Podemos irnos muy atrás en el tiempo y hablar de una música prehistórica. Por ejemplo, si echamos mano de estudios arqueológicos podríamos vivenciar cómo sonaban alguno de los instrumentos prehistóricos. Aunque aún no pudiéramos estar seguros del todo de cómo era esa música, esto es porque hay que considerar que la escritura musical no aparece hasta la Edad Media.

Es interesante señalar que algunos investigadores paleomusicólogos como Walter Maioli y su grupo Synaulia han hecho esfuerzos para intentar reproducir cómo era la música en la Prehistoria. Ahora bien, de lo que si podemos estar más claros es de que la música existió, al menos desde hace 43,000 años, desde el momento en el que se fecha el que es considerado el primer instrumento musical de la historia del hombre. Es correcto, se trata de una flauta que fue diseñada en hueso de oso y que fue encontrada en Eslovenia. Además de esto, se dice que se le pudo relacionar con el hombre de Neandertal.

Hay que decir que este instrumento puede hacer sonar las notas do, re mi fa y sol. Pero también habría que preguntarse en qué contextos sociales se utilizó la música. Entonces tenemos que lo que está claro es que la música, al igual que hoy día, camina unida a las actividades del hombre, así que las principales teorías se orientan a pensar que: Durante el Paleolítico, la música era considerada como un recurso mágico dentro de los rituales encaminados a propiciar la caza. Ahora bien, durante el Neolítico, la sedentarización de ciertos grupos humanos plantea los espacios de ocio, los cuales pueden amenizarse con la música por medio de cantos y danzas. Sin embargo este tema se ira complicando con la llegada de la Edad de los Metales.

Vale la pena también comentar que la arqueología musical y la arqueoacústica son dos disciplinas de la arqueología que nos facilitan herramientas metodológicas diversas así como variados intereses teóricos, nos muestra, sin duda, una aproximación a la dimensión sonora de las culturas pasadas. La primera se ocupa principalmente del estudio de las evidencias materiales de instrumentos sonoros que se encuentran en el registro arqueológico, ya que entre los comportamientos humanos asociados con la musicalidad se encuentran aquellos que producen y utilizan cultura material y, por tanto, pueden dejar evidencias y patrones que perduran a través del tiempo.

Es importante recalcar que estas evidencias  materiales, organológicas  e  iconográficas, son parte fundamental de las  fuentes  primarias de la arqueología musical. En general, la disciplina se ha interesado por todos aquellos artefactos productores de sonido, cómo lo explicó Lund: los instrumentos de música propiamente dichos y otros materiales que, o bien fueron diseñados con intencionalidad acústica, o bien fueron usados con ese fin. Por otro lado, la arqueoacústica de Scarre y Lawson pone su foco de interés en el estudio de los paisajes sonoros y de las características acústicas de los lugares que fueron habitados y utilizados por los seres humanos del pasado, ya sean naturales o de origen antrópico, y que en ocasiones revelan la importancia utilitaria, ritual o simbólica de determinados sonidos y parámetros acústicos.