Necesito un abogado

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Ayer tuve que pensar en la siguiente frase: Necesito un abogado. Todavía no la dije, porque en el intelecto, algunas frases no se escapan hasta que la situación la amerita. Un abogado que se encargue de asesorar entre la temible selva de términos legales únicamente a favor de la defensa de mis derechos, que busque alternativas y realice investigaciones  que nunca suelte las evidencias y tengo todos los ejemplares de la ley vigente y esencialmente, que resuelva mi caso.

Porque me afecta, el paso de los años me afecta, la maldad de la gente, la escasez, la corrupción la porquería, hemos perdido tantas personas en el camino; sin embargo, los que quedaron vivos quieren pasarse de vivos aprovechando la índole  jurídica. Analizar, fungir como un intermediario, eso necesito, un mediador. Alguien a quien depositarle la inexistente confianza, y que regrese con creces la buena voluntad en alguna profesión, porque lo que es la mía, nada más no es vista con credibilidad en el mundo social de la alevosía y la ventaja.

Porque el abogado está obligado a mantener la prudencia y la honradez y a no defender intereses en conflicto, me va a cuidar confidencialmente de mis adversarios y a nadie dirá que estoy aburrida de tener precaución. Todo debe constar con documentos. No temeré de su falta de secrecía ni de su ambición para aprovisionarse con mis propiedades, influencias no tengo para traficarlas, blanco capital ni intrusismo profesional serán un tema entre nosotros.

Pareciera una persona fiable, cualquier abogado, como cualquier compromiso sentimental. Como los que luego se requieren en las separaciones forzadas conocidas como juicios de divorcio. Buscando en internet, encontré preguntas que nunca debemos hacerle a una abogado: ¿Le dará prioridad a mi caso? ¿Está seguro de que ganaremos el juicio? No creo en los abogados porque son muy mentirosos. ¿Me va a cobrar tanto sólo por unos trámites? ¿Escogió derecho porque no tenía idea qué otra cosa estudiar? ¿Cuándo saldrá el juicio?

Por eso, todavía no puedo pronunciarlo: Necesito un abogado será lo último dicho. Antes, seguiré acostumbrando mi conciencia a esperar agravios y a no protestar por los perjuicios.