¡No sabía música!, si no podía leer una partitura: soy demasiado viejo para aprender…
En esta ocasión y después de una ausencia inesperada en este espacio, que es de usted estimado lector, escribiré una serie de imágenes, momentos, situaciones en el contexto de la historia de la música clásica. Antes de comenzar quiero hacer la aclaración de que la intención no está en generar una discusión en torno a la veracidad u origen de las notas, tampoco hay una ilación lógica o cronológica entre ellas. Simplemente llegaron a la pluma sin previo aviso, sin órdenes ni jerarquías. Me recuerda un poco cuando avasalla la terquedad de darle un orden a todo y entonces comenzamos a clasificar y a ponerlo en su lugar con una gran etiqueta de aquí está…
Sin embargo, ahora nos encontramos con aquellas imágenes que con la misma terquedad no quieren acomodarse en ninguna parte, unas por pereza, otras por despistadas, otras por ignorantes… creo más abundante el primer tipo de ellas. Así que, es cuando abrimos el espacio para aquellas imágenes especiales que pensábamos serían unas cuantas y bautizamos con ese letrero en negritas que dice Varios. Un poco eso sucedió aquí. Fueron cayendo imágenes y demás que muestran la parte no artística, pero que es esencialmente creativa y de gran misticismo, que sin duda es la cereza en el pastel del quehacer musical. Tengo la ilusión que alguna de estas notas me hagan pensar, haciendo la misma invitación a mi amigo lector. Una vez hecha esta advertencia es momento de comenzar a ingresar estas imágenes como una lluvia intermitente que sólo es música que cae de algún lugar a otro.
Inicio con unas ideas de algunos miembros destacados del mundo de la música, que para nuestros efectos es irrelevante su nombre o posición en el mundo de la música: Una forma de entender la vida. La enigmática forma del tiempo. La ordenación de lo audio perceptible. Personaliza la sensación como realidad esencial. Armonía, sensualidad, equilibrio, lo tiene todo para vivir mejor la vida.
Partiendo de aquí surgió una breve historia de un bajo valenciano quien paseando por Nueva York, quedó sensualmente cegado por una bella chica a la quien se llevó al cuarto de hotel. Cruzando el quicio de una puerta les cayó la policía y directo a la comisaría. Después de una fría noche; pero amenizada por sus cantos para prostitutas, borrachos y policías –los de guardia claro esta–, el juez, hizo saber al cantante que la prostitución callejera era un delito, pero por tener toda la facha de fuereño ignorante, le puso en libertad, pero la razón de bien podría ser que, encima era Nochebuena, tomó lo que encontró en su bolsillo y compartió con los presentes buena comida y champagne para todos.
En las siguientes experiencias o vivencias por fines didácticos y, sólo tal vez, para no pensar tanto mencionaré algunos de los nombres de los músicos involucrados, otros los dejaremos en el anonimato para que si así lo elige nuestro amigo lector deduzca de quien se pueda tratar, es más, dejaremos a todos sin nombre, indicando algunas pistas relacionadas con nacionalidades, época, o alguna obra representativa para hacerlo un poco más interesante. Así que continuemos…
El genial compositor español, representante del nacionalismo musical, sin duda uno de los más importantes de la primera mitad del siglo XX, tenía una personalidad un tanto especial. Entre sus múltiples fobias se encuentra una fuerte aversión a la suciedad, desinfectaba personalmente con alcohol cada una de las teclas del piano cuando daba un concierto, por el simple hecho de que había pasado por muchas manos, inclusive ostentaba una tendinitis de tanto lavarse las manos con las que compusiera el ballet El Sombrero de Tres Picos.
Muy breve imagen, aquella leyenda de la música clásica componía con una guitarra ya que era tan pobre que no podía disponer de un piano.
Por ahí pasó este compositor austriaco en los principios del romanticismo, pero que también continuara la sonata clásica. Así es que, sólo tal vez, la breve canción lírica El Rey de los Elfos pudo haber sido forjada sobre las cuerdas de una caja de madera con un agujero acústico. El compositor y bailarín franco italiano del siglo XVII, creador de la tragedia lírica y pionero de la opera en Francia y muy cercano a Luis XIV; murió al gangrenársele una herida que se hizo en el pie llevando el compás con un bastón que utilizaba para llevar éste durante la interpretación de una de sus composiciones, que sólo tal vez, pudo haber sido Les Amours Déguisés o, inclusive La Naissance de Vénus.
El compositor, poeta y pintor estadounidense contó que entró en una cámara anecoide con la intención de realizar experimentos en un espacio en el que no se produjera ningún sonido. Aquel aficionado a los hongos escuchó con toda atención y se dio cuenta que a pesar de todo oía dos sonidos, uno grave y otro agudo. Un análisis científico descubrió que el primero era su propia sangre circulando y el agudo su sistema nervioso funcionando. Así, es que sólo tal vez, este músico tenga algo de razón al señalar que el silencio no existe, aunque podría ser el componente principal de Child of Tree y Branches en su vivencia de creación en el mismo momento de la interpretación.
También cayó por ahí como parte de la tormenta que ha caído, aquella imagen de, sólo tal vez, el mejor tenor del mundo, aquel que no requiere presentación, pero que pocos sabían que ¡no sabía música!, si, como lo leyó, no podía leer una partitura. Inclusive el mismo decía que ya soy demasiado viejo para aprender…”. ¿Y como lo lograba entonces? Granada, un sistema de símbolos y líneas de colores ascendentes y descendentes eran sus cómplices. El piano es un instrumento que por tradición, costumbre o hábito se ha tocado con las dos manos. Pero el compositor francés vinculado al impresionismo con un audaz estilo neoclásico o rasgos expresionistas como padre de la orquestación, escribió un concierto exclusivamente para la mano izquierda dedicado a un pianista amigo suyo que acababa de perder la mano derecha en la guerra. Por ahí también, en una cena celebrada en Berlín en honor al más clásico de los compositores románticos, el anfitrión propuso un brindis: por el más grande de los compositores. Se puso de pie de inmediato y, alzando su copa, dijo: Por… el creador de más de seiscientas obras del clasicismo, aquel que a los cuatro años tocaba el clavicordio. Así es que, como podrá vivenciar, mi estimado lector, los nombres y esas cuestiones de identidad, cuando una creación se vuelve clásica, resultan irrelevantes.

