NOTA LUCTUOSA POR EL SENSIBLE FALLECIMIENTO DE DON MELITÓN DÍAZ GUADARRAMA

Views: 1783

La gente buena no se entierra, se siembra. Pedro Capó.

 

 

El día de ayer a la edad de 90 años y a pocos meses de cumplir 91, falleció un personaje de nuestra Toluca, Don Melitón Díaz Guadarrama. Rodeado de su familia como siempre lo estuvo, dio su paso a la eternidad, tranquilo, satisfecho y orgulloso de sus semillas sembradas.

Fue un hombre generoso, alegre, bondadoso, lleno de amor y de gratitud; de esos caballeros toluqueños del siglo pasado, que hicieron de nuestra sociedad toluqueña, una comunidad participativa, solidaria y orgullosa de su identidad. Meli, fue un ejemplo de vida para quienes tuvimos la fortuna de contar con su tiempo, su afecto, su consejo, su motivación y su consuelo en los momentos difíciles.

A manera de sencillo, pero muy sentido homenaje, les comparto un artículo que publiqué hace tres años.

 

DON MELITÓN DÍAZ GUADARRAMA,

UN TOLUQUEÑO EJEMPLAR.

 

Hace un par de días el personaje de nuestra sociedad toluqueña de quien hoy les voy a platicar, cumplió 88 años de edad, siempre muy apapachado por su bonita familia que formó hace 58 años en matrimonio con Hilda Campuzano Vázquez.

Don Melitón Díaz Guadarrama es un ser humano noble, que disfruta compartir con sus hijos: Hilda Patricia, Melitón, Marcela, Julio Arturo y Laura Rosa, y con sus seis nietos, sus enseñanzas, su filosofía de vida, sus anécdotas y su fe en Dios. Es un hombre de familia, generoso, de un gran corazón y excelente amigo.

Desde muy niño forjó su carácter y gran resiliencia al perder a su madre cuando él tenía cuatro años de edad y seis años después, al cumplir 10 años de edad, recibió un segundo gran golpe con la muerte de su padre. Meli, como le decimos cariñosamente sus familiares y amigos, nació en Toluca en 1934, pero sus sólidas raíces provienen de Lerma y de Metepec.

 

Su padre, Adolfo Díaz Ordoñez, vio la primera luz entre los bosques de la montaña alta de Lerma, a casi tres mil metros de altura, en San Lorenzo Huitzizilapan que es una población pintoresca famosa por su carnaval que se celebra cada año en el lunes previo al miércoles de ceniza.

Su mamá, Emelia Guadarrama Vilchiz, había nacido en Metepec, tierra de gente emprendedora y muy trabajadora, atributos que combinados con el vigor y fortaleza de la gente de la montaña de San Lorenzo Huitzizilapan, nutrieron el ADN de Don Melitón para dejarlo debidamente acorazado para la vida.

Creció en el barrio de la Merced con sus hermanos: Alberto, Adolfo, Luis, Miguel, Roberto, Ernestina, Enedina, Melitón y Jorge. Viven Ernestina y Melitón. Todos luchones, acostumbrados a trabajar desde muy jóvenes, fueron grandes emprendedores y fundadores de líneas de transporte de pasajeros que conectan a Toluca, con diversas poblaciones y ciudades del estado de México, inclusive, con la ahora Ciudad de México.

 

Corría el año de 1950 y Meli contaba ya  con 16 años de edad, cuando Toluca tenía 52,983 habitantes y sus pueblos aledaños pertenecientes al municipio tenían 62,036; luego entonces, el total municipal era de 115,019 habitantes, el 10% de lo que tiene actualmente. Nuestro personaje vivía a la vuelta del famoso hospitalito en la calle de Filisola, a una cuadra de su escuela Justo Sierra, en donde hizo su primaria; a dos cuadras de la bombonera, a dos cuadras de la alameda, a cinco cuadras de los portales, a siete de su escuela secundaria número uno en donde concluyó su educación secundaria y a ocho cuadras del edificio que albergaba al Instituto Científico y Literario ICLA, actualmente, nuestra Universidad Autónoma del Estado de México, en donde concluyó su educación preparatoria.

Estos siete lugares fueron muy significativos en la impronta de vida de Don Melitón. Le voy a platicar porque:

La calle de Filisola, hoy Instituto Científico y Literario de Toluca, fue bautizada con ese nombre en memoria del militar español Vicente Filisola, integrante del Ejército Trigarante de Agustín de Iturbide; pues ahí fue el escenario en donde dió rienda suelta a su pasión por el futbol, y formó junto con sus entrañables amigos Carlos y Jesús Salas, dos equipos que pertenecían al Club de Futbol Filisola, instalados en los terrenos de lo que fue una carbonería y posteriormente, la correccional para menores infractores.

Nos platica que cuando tenia 20 años de edad, se inauguró el estadio de la bombonera, hoy estadio Nemesio Diez, y llegó a formar parte de las reservas del Club Deportivo Toluca, trabó amistad con otros jugadores como Jesús Segovia, Manuel Camacho y Wedel Jiménez, recientemente fallecido Q.E.P.D. Entonces el Toluca jugaba los domingos al medio día, pero ya por la tarde, varios jugadores se organizaban y echaban “la cascarita” en la calle de Filisola entre Quintana Roo y González y Pichardo.

Como ya dijimos, se educó en la Justo Sierra, en la Uno y en la ICLA y allí nacieron varias relaciones de amistad que hasta la fecha conserva reuniéndose periódicamente. De su paso por la secundaria, recuerda que fue consentido del famoso profesor “el torito” Fernando Aguilar Vilchis, además, también fue presidente de la sociedad de alumnos, en cuya directiva participó otro de sus grandes amigos y que además fue su compadre, Arturo Martínez Legorreta.

 

Para Don Melitón, la amistad es un gran regalo de la vida, en una de las fotos aparece con sus amigos de toda la vida Arturo Martínez Legorreta Q.E.P.D. Carlos Salas, Gerardo Novo Valencia, historiador y cronista de Toluca, recientemente homenajeado.

Y no podían faltar las anécdotas de los toluqueños embotellados de origen como Meli, en la alameda y Los Portales, lugares de esparcimiento y de conquista. Nos platica sus recuerdos en la fuente de sodas El Globo, muy famosa en la Toluca de los cincuenta, atendida por sus dueños, quienes además son sus primos muy queridos: Elvia y Rubén Díaz Macedo.

Las familias DÍaz Macedo y DÍaz Guadarrama crecieron juntas, ya que además de estar emparentados como primos, eran vecinos. Guarda especiales y gratos recuerdos de sus tíos Don Silvestre Díaz López y su esposa Enedina Macedo Sámano, espléndidos anfitriones y muy solidarios con él y sus hermanos. Recuerda que su tía Ene hacia un bacalao a la vizcaína y un revoltijo en Semana Santa que eran deliciosos e inigualables.

Siempre ha sido muy amiguero, cuenta que con otro grupo de jóvenes de su época que tenían el gusto por los coches y las carreras de autos, entre los que estaban: Manuel Mañón “el bofes”, Diego Mendoza “el boigas” y Rogelio Díaz Macedo “el charro”, quien además fue su primo que quiso mucho, llegaron a participar en carreras de arrancones de cuarto de milla, en una recta que estaba por el rumbo del Rancho Tlacopa de su tío Silvestre, en donde disfrutó de varios momentos agradables.

Eran aquellos tiempos de las carreras del circuito Colón en donde también participó con el patrocinio de la Refaccionaria Díaz que era de su propiedad. También se emocionaba al paso por su querida Toluca, de los ferraris, mercedes y alfa-romeo que participaban en la mítica Carrera Panamericana.

 

Le gusta mucho jugar al dominó, por muchos años, se reunían en casa de su hermano mayor, Alberto, para jugarlo y ahí se encontraban: Beto chico, Carlos y Chucho Salas, Jorge Avila, Jorge Espinosa de los Monteros, Rubén Navarro, Jaime Almazán Delgado  y su primo Rubén DÍaz Macedo.

A lo largo de su vida, fue un empresario exitoso en el ramo de refacciones y llantas para autos y camiones, negocio que ahora quedó a cargo de una de sus hijas. Fue un entusiasta impulsor de labores altruistas desde el Club Rotario de Toluca, recuerda cuando la hacían de reyes magos y repartían juguetes.

Así ha sido la vida de un toluqueño ejemplar que adora a su familia. Para su hija Marcela, su papá es su mejor amigo, sabe escuchar y aconsejar, es un hombre que ha vivido y trabajado para su familia es muy sincero y comprometido.

Desde aquí le deseamos a Meli muchos años más de vida llena de salud y amor, para que dentro de dos años, festejemos sus 90 años de edad y sus 60 años de matrimonio.

Descanse en paz Don Melitón Díaz Guadarrama. El duelo se recibe hoy a partir de las 8:00 en la Funeraria Latinoamericana de Paseo Tollocan.