NUESTRO PLANETA

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El Día de la Tierra intenta concienciar al mundo, cada 22 de abril, de la necesidad de
proteger el medio ambiente y de la conservación de la biodiversidad. Todos los días
deberían ser el Día de la Tierra, pero por desgracia, la vorágine consumista que nos
envuelve nos hace olvidar con demasiada facilidad problemas que comienzan a ser
graves para el planeta como la superpoblación, la contaminación y el uso responsable de
los recursos naturales. Aunque a menudo se abusa de este tipo de celebraciones, me
parece que al menos nos ayuda a reflexionar sobre cómo proteger el planeta que
habitamos.
Celebramos este día, aunque me parece que no hay anda que celebrar a este punto de
nuestra existencia como ciudadanos del mundo, pero si es necesario señalar para
recordar que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y nos proporcionan las
materias primas para subsistir. Con este día asumimos, además, la responsabilidad
colectiva, como nos recordaba la Declaración de Río de 1992, de fomentar esta armonía
con la naturaleza y la Madre Tierra, porque “Madre Tierra” es una expresión común
utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra
la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el
planeta que todos habitamos.
La ONU fue la que designó esta fecha con el fin de “reconocer que la Tierra y sus
ecosistemas son nuestro hogar, resaltando la necesidad de promover armonía con la
naturaleza y el planeta”. Por ello, la organización internacional solicitó que los estados
miembros, los organismos internacionales, regionales, subregionales, organizaciones no
gubernamentales y la sociedad civil observen y creen conciencia sobre nuestro planeta.
Uno de los temas quizá más importantes relacionados con la protección de la Tierra es el
impacto que ha tenido el desarrollo de las sociedades en el equilibrio de los ecosistemas.
Por ejemplo, el calentamiento global ha provocado un aumento en la frecuencia y/o
severidad de tormentas, ciclones y demás calamidades hidrometeorológicas.
México es uno de los países más vulnerables ante el cambio climático. El 68 por ciento de
la población y 71 por ciento del PIB, según expertos, están altamente expuestos a los
riesgos asociados con huracanes e inundaciones, así como sequías de mayor fuerza y
frecuencia.
Las zonas turísticas son a menudo las más afectadas debido al incremento de huracanes.
En el caso particular de Quintana Roo, uno de los estados con mayor atractivo turístico,
ha sido a lo largo de los últimos años uno de los más dañados por estos fenómenos
naturales. Van algunas datos: El monto total de daños por los huracanes "Wilma" y "Stan"
fue de 2 mil 300 millones de dólares. El presupuesto del Fondo Nacional de Desastres
para el estado fue de 442.4 millones de pesos, apenas el 1.2% del total a nivel nacional. A
pesar de esta alta vulnerabilidad, en Quintana Roo no se cuenta con un Atlas de Riesgos,
por si fuera poco, sólo 5 por ciento de las casas y 10 por ciento de los negocios están
cubiertos ante fenómenos hidrometeorológicos.

Ante este panorama, un mecanismo de solución es promover una regulación que fomente
el aseguramiento obligatorio de viviendas contra desastres naturales, sobre todo en las
zonas más vulnerables.
Asimismo, se podría crear un seguro catastrófico básico con opción a potencializarse, con
la participación de gobierno y aseguradoras.
Estamos a tiempo de que un cambio de mentalidad y de hábitos facilite y mejore la
situación para las generaciones venideras. Cientos de ejemplos que conocemos, y que no
siempre ponemos en práctica, contribuyen a hacer más sostenible y habitable el planeta.
De hecho, la mejor herencia que podemos dejar a los jóvenes es un planeta habitable,
porque la Tierra no pertenece a los humanos, sino que son estos los que pertenecen a la
Tierra.
Celebra la vida de nuestro grandioso planeta, hoy y todos los días. Recicla más. Ahorra
energía. Cuida el agua. Compra productos locales. Comparte con los demás tu amor por
nuestro único hogar.