+ Obstinación del Presidente por Ganarse un Lugar en la Historia

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La frase

¿Quién fue el e-mulo de Nerón que quemó el jacal de la Pedrera?

ES PREGUNTA

 

CON EL TOLUCA: A cuentagotas se habían vendido los abonos. De Pronto resurgió el amor del aficionado por el equipo choricero y hasta valla le hicieron al autobús de los que esperaba fueran los héroes del domingo.

Sin embargo, el equipo volvió a las andadas, así Diego Montaño se haya inventado un penal avalado por el VAR o a la inversa.

Dice Chepo de la Torre que en el Toluca o ganan todos o pierden todos. Es correcto. Lo malo es que no juegan bien todos y ahí radica el problema, los errores y las derrotas.

Leonardo Fernández, el jugador uruguayo, es uno de los refuerzos. Mostró buenas hechuras, un tiro al larguero, un gol de antología y movió al equipo. ¿Cómo es que lo saca?

Y si Chepo no ha visto a Gigliotti y a Pardo y por eso los mantiene. Todos los aficionados ya los han visto y revisto y saben que no van a hacer nada por sacar al equipo adelante.

Si comparamos la movilidad de Gigliotti con la de Mauro Quiroga el delantero del Necaxa, quien hizo y deshizo con la defensiva del Toluca. Incluido Talavera quien rebotó más balones que un frontón. No hay semejanza alguna, Gigliotti no es nada.

Ya todos sabemos también que Salinas no marca ni la hora. ¿Para qué se trajo a Rosales, para que brinde grandes partidos en la Sub 20? Si lo que interesa es sacar del atolladero al primer equipo.

Y Estrada por qué solamente 15 minutos. Si se le trajo como refuerzo, debió ser por algo. No para calentar la banca.

Así es de que el juego de ayer, lo perdió más De Torre que los jugadores, porque no incluyó a los que debe.

Obstinación del Presidente por Ganarse un Lugar en la Historia

Luego de una larga lucha que incluyó la participación en tres candidaturas presidenciales, finalmente Andrés Manuel López Obrador logró el anhelado cargo de Jefe de la Nación en México y con ello surgió su obstinación por ganarse un lugar en la historia del país, al lado de Morelos, Madero y Lázaro Cárdenas, a través de su programa de la Cuarta Transformación.

Pero a diferencia de los próceres que ya reconoce la historia nacional, quienes sirvieron a la nación sin mayor ambición que cumplir con su compromiso de luchar por la libertad, la justicia y la democracia, y ya el tiempo se encargó de colocarlos en el sitial del que hoy gozan; ahora el presidente Andrés Manuel López Obrador pretende escribir con letras de oro su nombre antes de dejar el cargo, para asegurarse el altar que cree merecer por los siglos de los siglos.

Tal obstinación lo está llevando a ejercer su mandato presidencial a toda prisa, a cometer errores costosísimos para el país, como el tirar a la basura miles de millones de pesos al cancelar los proyectos productivos de las administraciones pasadas, como el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, en Texcoco, cerrar guarderías infantiles, centros de atención a mujeres maltratadas, comedores comunitarios, despedir a miles de servidores públicos federales, el remate del avión presidencial, la cancelación del Seguro Popular, la eliminación de programas culturales, educativos, de investigación científica y tecnológica, de derechos humanos, deportivos y hospitalarios.

Para llevar a cabo todas estas acciones negativas para la sociedad mexicana, el presidente López Obrador ha actuado también a toda prisa para modificar la Constitución, leyes y reglamentos para controlar los poderes Legislativo y Judicial, tomar el control de los órganos autónomos del Estado, para someter a gobernadores, presidentes municipales y empresarios.

Curiosamente no sólo no ha avanzado, sino que ha retrocedido significativamente, en los rubros que realmente le podrían abonar a ganarse un lugar en la historia nacional, y que además significaron su principal compromiso de campaña a lo largo de los 20 años de lucha por el poder presidencial: acabar con la corrupción, la violencia, la inseguridad, la impunidad, el desempleo, las bandas criminales y la desconfianza en las políticas públicas para la inversión productiva.

El presidente López Obrador lleva prisa por ser considerado como un prócer de la historia, y a cada error que comete tiene lista una intensa campaña mediática para encontrar culpables en cualquier lado, menos en su gobierno o en su propio ejercicio presidencial.

En su primer año de gestión la economía se fue al precipicio del “Cero crecimiento”, los asesinatos y los secuestros se dispararon a las cifras más altas en la historia del país, desde que se llevan registros oficiales de esos rubros.

El desempleo también alcanza cifras alarmantes, por la desconfianza que generan en los inversionistas nacionales y extranjeros, sus políticas de concentración absoluta del poder en México, las compras unilaterales del gobierno federal, el reparto indiscriminado del presupuesto federal  para ganar aplausos, popularidad y votos;  y la asignación de la obra pública al ejército nacional.

El Presidente está obstinado por asegurarse un sitial en la historia de México, pero la sociedad mexicana está pagando a un alto costo los errores de esa fijación presidencial, y eso no habrá héroes que puedan repararlo en los años por venir, ¿no le parece a usted, estimado lector?