Oportunidad creativa vs Oportunismo egoísta

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Por ahí se dice que las oportunidades no siempre vuelven a presentarse, que hay que tomarlas cuando llegan, nunca sabemos si regresarán. Si estamos bajo el mando del ser éstas se volverán claras, sabremos que están y las tomaremos, sabiendo que son parte de lo que se requiere, para ir por nuestros más grandes sueños o simplemente para ir cumpliendo con nuestra misión, para vivir bajo el amar y ser amado. Más cuando es clara nuestra intención y nuestra acción es congruente con el pensamiento y lo declarado, todo aquello que normalmente nombramos como problema, en automático se convertirá en una oportunidad. Se trata entonces de que las oportunidades hay que aprovecharlas, es una lección aprendida de nuestra tradición cultural. Sin embargo, hay que tener cuidado desde dónde vamos a operar para aprovechar las oportunidades que vamos generando en esta aventura llamada vida. Esto es, si actúo sin prudencia, con codicia, de manera egoísta y sin tener en cuenta las posibles consecuencias para otros, estaré rebasando la sutil línea entre la oportunidad y el oportunismo.

Podríamos definir a éste como la suma de actitudes que aprovechan situaciones y oportunidades del momento para el interés propio atropellando el común. Tal vez te suene familiar, ya que esto ha pasado a ser parte de la vida cotidiana, es un inconveniente hábito de la humanidad que se presenta inclusive por encima de las diferencias culturales. Sin duda, por muchas partes hay oportunistas que utilizan la manipulación como estrategia y cambian de interés dependiendo de la necesidad que tengan en el momento. Su táctica es egocéntrica, no miden las consecuencias de las artimañas que usan para quedar bien, ni se interesan en las emociones, el bienestar y los sentimientos ajenos. Sin embargo también son débiles y se esconden atrás de una máscara para simular fuerza y pasar sobre la debilidad de otras personas. Sin embargo, se trata de una elección, yo puedo actuar de esa manera, pero habrá consecuencias, también puedo actuar en función de mi ser y de mi misión de amar y ser amado y también habrá consecuencias, también puedo simular ser congruente y estar aprovechando una oportunidad, pero en realidad estoy siendo oportunista y también habrá consecuencias. Podemos dejar a un lado las historias de: tengo mala suerte, o solamente a mí me pasan estas cosas como si las consecuencias de lo que elijo provinieran del exterior y alguien ajeno a mi actuar las pusiera en mi camino cuando yo dormía. Hay que hacer conciencia de que no existen culpables, malas acciones o decisiones, lo único que tenemos son las consecuencias de nuestras elecciones.

Podemos entonces elegir comportarnos como oportunistas, pretendiendo ser mejores, y seguir culpando, pero en realidad son personas hipócritas y mentirosas que viven de las apariencias. En realidad, el tomar esta elección me encausa en una simulación, en pretender tener lo que no tengo, y peor aún, pretender ser quien no soy. Es decir: mentirse a sí mismo y construirse una falsa imagen pública para acceder  a una recompensa secreta muy llamativa, sobre todo porque la puedo obtener con muy bajo esfuerzo, es decir, sin salir de mi zona de confort, sin arriesgarme, sin aventar lejos la piedra. Si tomamos está elección es probable que nos convirtamos en una persona manipuladora con un comportamiento voluble y lo más importante sin congruencia, es decir, en franca falta de integridad que sin dudarlo es uno de los más grandes aliados del ego y por lo mismo obstaculizadores del ser.  Quien elija este tipo de comportamiento solamente estará inflando el ego, esto sin estar conscientes de que se infla como un gran globo, en un espacio en el que las ambiciones provenientes de la arrogancia y la soberbia nos hacen olvidar que estamos en un mundo lleno de alfileres. Esto implica que siempre terminaremos siendo víctimas de circunstancias y perderemos mucho más de todo aquello que creíamos  falsamente haber ganado con las recompensas secretas.

Algunos piensan que el oportunista es común solo en ambientes como el de la política, más bien, de la mala administración de la política. Sin embargo, es más común de lo que se podría pensar en el actuar de la cotidianeidad y en el mundo del más común de los sentidos o del llamado sentido común. La relevancia está en que lo que realmente debe llevar el hilo de la cotidianeidad es la relación interpersonal que tristemente está cada vez más medida y mediada por intereses del ego y duran hasta que la necesidad lo exija. Es momento de rescatar el hecho de que en realidad el ser no necesita nada; sin embargo, la persona requiere de atravesar las consideraciones que le impone el ego por las cuales las necesidades de éste están por encima de la razón de ser, todo bajo la poderosa influencia del ego disfrazado de toma de control y  poder sobre la vida y las libertades.