PADRE DE LAS LETRAS TOLUQUEÑAS
En Prólogo al libro José María Heredia / Poesías publicado por el Gobierno del Estado de México en el año de 2015, en ciudad de Toluca, el periodista Inocente Peñaloza escribe: La primera vez que José María Heredia estuvo en la Nueva España, el régimen político colonial estaba a punto de colapsar. El poeta tenía entonces 16 años y viajaba en compañía de su padre, el alcalde del Crimen José Francisco de Heredia. A pesar de su brevedad (1819-1821) aquella estancia le dejó tres recuerdos imborrables: su primer acercamiento a los vestigios de las antiguas culturas mesoamericanas a los que dedicó su primer gran poema: “Ante el teocalli de Cholula”, su prematuro acceso a los círculos intelectuales de la ciudad de México y la inesperada muerte de su padre”. El amor que le tuvo a su padre es incuestionable, de él bebe el ejemplo de ser un hombre de principios, pues la tarea de ser abogado del ciudadano y de los pueblos no es profesión para el robo y la impunidad.
No es raro el leer en aquellos que han estudiado la vida del poeta que su padre es ejemplo de lo que ha de ser en vida. Cuenta Peñaloza: Éste había nacido en Santiago de Cuba en la noche de San Silvestre, 31 de diciembre de 1803, y su educación había sido particularmente esmerada bajo la vigilancia de su padre, quien no sólo permaneció atento a las necesidades de su desarrollo, sino que en más de una ocasión actuó como su preceptor. Guiado por él, inició en La Habana el estudio de la abogacía que habría de continuar más tarde en México, Venezuela y nuevamente en Cuba por los viajes que hubo de emprender. Tres países para estudiar el tema y la cultura de las Leyes. El hecho de vivir esas leyes en tres países diferentes le permite comparar sociedades diversas, hombres y mujeres diferentes y el concluir que sólo es posible mantener a la sociedad viva en el respeto de las Normas y la diversidad cultural que se fortalece en la buena educación a pesar de sus diferencias.
Orgullo es que un escritor universal, pues en cualquier idioma José María Heredia y Heredia es un ejemplo de vocación por las letras, de profesionalismo por la literatura en sus diversos géneros. Seguir la huella de lo que hizo en Toluca le convierte en un referente como vemos a lo largo de estos 200 años del México independiente. Bien escribe el cronista Inocente Peñaloza: En las páginas de Miscelánea, Heredia publica ensayos, traducciones, cuentos, anécdotas, artículos y poemas propios y de otros autores, porque su intención, según él mismo declara, es “generalizar ideas útiles, contribuir a la perfección del gusto y recoger algunas flores en los campos inmensos de la historia y las regiones estrechas de la poesía”. Hombre sabio, entiende lo que el pueblo apenas libre de México necesita para ensalzar su espíritu. Elevar la moral del ser humano se hace a través de sus mejores ejemplos: por caso, la muerte de Sócrates, quien con su deceso enseña que perder la vida por mantener sus principios es una forma digna de morir. Morir por la patria, como es el caso de tantos que en el movimiento de Independencia de América Latina sufrieron ésta en condiciones penosas, bajo prácticas deleznables de virreyes, alto clero y el Santo Oficio y la milicia, que es la espada frente a los hijos predilectos de todas las patrias en el mundo. Hace bien Peñaloza en citar del por qué tal tarea que hace Heredia en su tiempo: Lo más importante de esa actividad periodística, desde el punto de vista literario, es que su amplio conocimiento de los autores que representaban la innovación romántica en Europa, en España y en México, lo lleva a privilegiar esta tendencia en sus ensayos, traducciones y reproducciones poéticas, lo cual convierte a Miscelánea en escaparate de las ideas poéticas más avanzadas de su tiempo, y a Heredia en poeta y crítico de vanguardia.
El concepto que acompaña a la revista que a la letra dice Periódico crítico y literario encierra el fin con que Heredia desea ser recordado. No es sólo publicar por publicar, sino que plantea en la palabra crítico el objetivo de que en este nuevo país las mentes que reflexionan, que revisan los pros y los contras les hace ser un nuevo tipo de ciudadano que no se deja llevar por el dogma religioso o cualquier otro tipo de ideología, en la que no queda fuera la del militarismo como un componente cotidiano de la vida que termina llevándose a sus mejores hijos a la “leva” cual si fueran objetos que no deben humanizarse en comunidad. Ni para venta se les considera adecuados. Escribe Peñaloza: En el variado contenido que guardan estas páginas, que hoy es posible, por primera vez, conocer en forma directa, figuran artículos y noticias sobre diferentes tópicos del romanticismo, traducciones tan bellas como: Cartas sobre la Mitología. Imitaciones sobre Goethe y Byron, revisión de obras de autores europeos y americanos y todo el mundo de ideas e impresiones que el lector cuidadoso se encargará de descubrir”. Es una incitación a pensar y leer con afecto, pero a la vez con cuidado, pues se refiere a lo que es el hombre en la tierra, lo que es y lo que parece ser, pues no es la selección de textos un asunto de sólo deleitar, sino de hacer pensar en la grandeza de la humanidad en cualquier lugar del mundo que esté. Por eso el concepto de crítico y no sólo una revisa informativa, sino y sobre todo formativa.
Cuenta en esa Introducción Inocente Peñaloza: la vida de Miscelánea terminó en julio de 1832, con esta nota: Despedida. “— Con este número concluye el tomo II de la segunda época de la Miscelánea, cuyo índice y carátula recibirán los suscriptores. Motivos cuya (sic) enumeración sería inútil y fastidioso, obligan al Editor a suspender su publicación; y al despedirse del respetable público, cumple gustoso con su deber, manifestándole su gratitud por la acogida favorable que ha dispensado a esta obrilla. Si variaren las circunstancias, tendrá la satisfacción de continuar sus tareas bajo un plan (sic) más vasto; y se esforzará a dar a la República Mexicana un periódico literario digno de su civilización. —Toluca julio 5 de 1832, —José María Heredia”.
La juventud toluqueña haría bien en leer y estudiar la vida y la obra del poeta cubano-mexicano, que en ciudad de Toluca, con sus apenas 8,500 habitantes tuvo el privilegio de ver a un joven admirable por el que el poeta Rubén Darío diría, de haberle conocido Juventud divino tesoro / ya te vas para no volver / cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer. Es decir, la juventud a Heredia se le fue de un golpe en todo aquello que hizo, en todo aquello en que intervino. Se le fue cuando apareció esa enfermedad mortal y maldita que azotó a mujeres y hombres en el siglo XIX, al grado que varios escritores de renombre la tomaron como tema de mal para Anna Karenina o M. Bovari. Juventud, divino tesoro, que en tragedia griega alcanza laureles de victoria, pero es olvidado pronto. O muere dejando grandes dudas de todo aquello que la parca no le permite hacer más. Así sucede en José María Heredia o Ramón López Velarde, en el cantautor Guty Cárdenas o el poeta Federico García Lorca. Sucede así al poeta Arthur Rimbaud o en John Lennon y, también los poetas llamados del 27: esa es la edad en que mueren Jimmy Morrison, Janis Joplin o Jimmy Hendrix, en cuanto a creadores.
Generaciones revolucionarias en cualquier campo de la cultura se juntan en su hacer, no importa la distancia entre ellos o si se conocen personalmente. Fenómeno inexplicable de los siglos ya idos. Dice Peñaloza: No fue posible que Heredia cumpliera su propósito, pero en mayo de 1834, inició en Toluca la publicación de su tercera revista literaria, Minerva, de la cual sólo se conocen dos números. Con la salud quebrantada, en 1836, el poeta se acogió a un perdón político para viajar a Cuba, pero meses más tarde decidió volver por tercera y última vez a México. Afectado de tuberculosis, murió el 7 de mayo de 1839 en la ciudad de México, en el número 15 de la calle de Hospicio. Sus restos terminaron perdiéndose en una fosa común. Exiliado eterno, Heredia está vivo cada día más, porque su vida es proeza que recorre lugares donde dijo discursos, o el asiento que tuvo como director del Instituto Literario de Toluca: uno de los más exitosos centros del liberalismo mexicano, junto al de Oaxaca, Zacatecas o Jalisco.

