Para cuando te despiertes
Él acudió a la cura con aquel sobrepoderoso, viejo sabiondo curandero.
-Dime, desconocido a qué has llegado a estas horas de la noche a interrumpirme o bien ¿de qué mal sufres?
Ordenadamente, cauteloso de sus palabras medidas, contestó el enfermo:
Acudo a ti pues no tengo remedio alguno frente a mi sufrir, te ruego anciano que des, me otorgues la cura para mi mal; sufro de momentos bien calculados porque mi sufrir consiste en no ser yo, miro y remiro lo que no me pertenece y lo dejo como si fuese mío, frente a ti, frente a todos; ahora no tengo idea de quién puedes ser, ¿Te he conocido de alguna parte?
El curandero, calculando el momento exacto para la interrupción, desquebrajando la última palabra en la cara melódica de espanto de aquel muchacho sorprendido, no por su mal sino por su atropello otorgado; no mencionó más palabras, sólo las correctas para la receta. Sabía qué mal tenía.
– La noche del 12 de Mayo habrá de visitarte un gato grotesco, deberá instalarse en tu habitación, dando vueltas escogerá el apartado menos cómodo, como si fuese de él, dormirá por tres noches sin alimento y sin agua, muere, el día 15 se habrá extinto, no del todo, se convertirá, se hará; los bigotes, plumas traseras, orejas ojos, las cuatro patas en dos, ambas costillas se romperán y darán lugar a dos grandes alas, su pico nacerá de la absoluta nada, dejarás que esto todo pase.
El cuerpo del oyente se aflige, escucha sentado y el viejo continúa.
Ya dentro el cuerpo en otro cuerpo, dará trescientos sesenta y dos picotazos en la pata de tu cómoda y al trescientos sesenta y tres desvanecerá, caerá repentino como si una lanza le hubiese atravesado el pequeño corazón; con el puntapié le golpeas con ligereza y súbito veras una gran herida en el pecho, profunda, negra, recién hecha por la lanza que no existía, sabrás que ahí dentro vive una gran larva que se lo ha empezado a tragar desde el comienzo de los picotazos, no te sorprendas de la oscuridad ni de la herida. Debes actuar; haciendo la señal de Santa Cruz para que tu dedo índice derecho se introduzca, sintiendo la larva desapareciendo de la angustia, sobrepasarás el límite de la desgracia porque la larva se habrá metido dentro de tu piel, no sabes cómo fue, ni tampoco el avance ni a donde se dirige, ¡Ten! Esto parará el dolor, úntala en el pecho, ahí en tu corazón. Ayudará a que no palpite como el galope del caballo.
- Cómo sé que ocurrirán todas estas mentiras en aquel día, como sé que el gato –búho –
El silencio se apodera, la voz continúa:
La hinchazón de tu dedo habrá crecido tanto que se tornará de un color negro-azul, la mirada al vacío dirá que el dolor de la larva es auténtica ya que se ha instalado en una de tus arterias creando un vómito amarillo de crisálidas blancuzcas, ocho salen de ti y la novena, viva, palpitante, romperá la seda haciendo una mariposa con cuatrocientos ojos, ella depositará un huevo en cada sien, perderás la conciencia en tus sábanas y al siguiente día notarás que tu mal sigue desvergonzándote, las mariposas nacientes volando, el gato maullando y el búho viéndote, sabrás que todo lo que ocurrió es tu misma esquizofrenia, invento de ti y de nadie, de todos y de las mariposas que se van volando, anidando en las alas del búho ciego.

