PARA SER ALBAÑIL, SE REQUIERE MÁS QUE FUERZA FÍSICA, COMPROMISO Y DISCIPLINA

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En busca de la cruz, salió la emperatriz Elena a Jerusalén en siglo IV, según las escrituras cristianas. Hallarla se convirtió en un símbolo de creencia y sobre todo, de resiliencia hacia las posibles adversidades, hecho que fue transmitido a la religión católica, por lo que en el calendario se agendó el Día de la Cruz, la cual funge también, como hecho de fuerza para seguir adelante en los llamados «maistros», los creadores de obras arquitectónicas, los albañiles.

El 3 de mayo, desde aquella época, ha sido considerado un día de respeto hacia la divina gracia que la Santa Cruz brinda, pues ella es la guía y también la protectora de cada uno de los trabajadores en alguna construcción, sin ella, mencionan algunos albañiles, la obra no es bendecida de la misma manera.

El albañil, fiel a la religión, trabaja con mayor entusiasmo el 3 de mayo, como si una especie de empoderamiento corriera por sus manos, sus brazos y sus piernas que sostienen, como Cristo, el peso de una penitencia que saben, los salvará al concluir una obra, pues gracias al esfuerzo y trabajo que realizan, pueden sostener no solamente sus necesidades, sino incluso, una familia completa.

Nicolás Sánchez, quien es constructor desde hace más de quince años, relata que para ser albañil, es necesario conservar más que fuerza física, compromiso y disciplina, pues hay quienes no resisten las jornadas de más de seis horas al día, bajo el sol, el frío, la lluvia y el desgaste de cada parte del cuerpo, especialmente la espalda, los brazos y las piernas.

«Ser albañil es un orgullo, yo lo veo así, porque nosotros hacemos realidad los sueños, deseos o las metas de muchas personas. El arquitecto puede guiarnos pero nosotros somos los que ponemos en acción todo y también hacemos sugerencias de lo que podría funcionar o no dentro de una construcción», dijo.

La remuneración por el trabajo es otro elemento que no siempre se percibe justo, ya que perciben de 5 mil a 8 mil pesos mensuales en construcciones medianas y pequeñas, ingreso que no es suficiente para la manutención debida de una familia con hijos menores de edad.

«Sí bueno, uno no siempre recibe lo que espera. Hay albañiles que ganan bien, porque se van a obras grandes, como un residencial completo o un edificio, no sé, algo como un megaproyecto. Ahí sí puedes hasta ganar unos 15 (mil pesos) al mes, pero en obras chicas, como una casa o hasta una escuela o una oficina, por ejemplo, ganas mucho menos», declaró.

A pesar de lo anterior, el Día de la Cruz, los albañiles se reúnen para realizar su trabajo con devoción, en tanto que saben que aunque se trabaja media jornada, el día será celebrado con comida, música y la misa puntual al mediodía, que bendecirá a la cruz adornada con flores de varios colores.

«Todas las misas (para bendecir a la cruz) se celebran a las 12:00, pero no todos los trabajadores vamos, sino que por lo regular va el patrón a llevarla y uno de nosotros. Ya después de eso la traen a la construcción y se hace la comida», argumentó.

Se persignan al verla llegar, aplauden y se felicitan, pues un día más cumplieron con su trabajo y mañana la cruz, los acompañará.

Día de la Cruz en pueblos

Así como los albañiles, el 3 de mayo es celebrado en diversos pueblos que circundan la ciudad, tal es el caso de San Juan Tilapa, sitio en el que se realizan fogatas durante la noche en alusión a la bendición de Cristo. Además de que consideran a su población, una cuna de obreros en construcciones.

Según, Pedro Albarrán, habitante del lugar, no solamente se reúnen las familias afuera de sus hogares para velar la noche con la fogata, sino también, se tiene la tradición de llevar a los niños y niñas en carritos, bicicletas y avalanchas alrededor del pueblo, tocando puerta por puerta para anunciar la bendición de la que por todo fue hecho, la Santa Cruz.

Lo mismo sucede en el barrio de la Santa Cruz Verde del municipio de Calimaya, en el que también velan las familias, bendicen las cruces y hacen un paseo a lo largo de las calles principales de la población, a manera de llevar bendición a cada uno de los habitantes.

«Para nosotros las tradiciones son muy importantes y compartirla con nuestros hijos es lo más valioso, porque gracias a ellos todo esto va a durar y se valorarán nuestras raíces», agregó Jerónimo, habitante de Calimaya.