PEMEX: EL OSCURO PRESENTE DE TODOS LOS MEXICANOS

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“Pemex no está quebrada. Está petrificada por su modelo y endeudada por sus mitos.”

 Adaptación libre de Grunstein y Shields

CRÓNICA PETROLERA DE UN DESASTRE ANUNCIADO (1980–2025): En una danza casi macabra que se inicia en 1938, cuando se expropiaron las instalaciones petroleras que habían construido oportunistas extranjeros, con el apoyo conmovedor de todos los mexicanos que pensaban que el petróleo, y sus extractoras instalaciones, sería para todo el pueblo de México, se forjó la leyenda de PEMEX, la petrolera nacional que trabajaría para todos, pero solo beneficiaría a un sindicato y a algunos políticos avispados.

Así llegamos a 1980. México baila al ritmo del oro negro y nosotros íbamos a “administrar la riqueza”, de todos, mejor que Noruega, Arabia o Venezuela. Pemex es el rey del mambo petrolero y financia con su sudor la fiesta setentera del desarrollo a crédito. Pero como adolescente con tarjeta de crédito nueva, se le olvidó que el petróleo también baja… y bajó. En 1982, cuando los precios colapsan, el país entra en moratoria… y Pemex pasa de ser héroe nacional a adolescente irresponsable con una deuda de 20 mil millones de dólares y una cruda monumental.

Década de los 90. Pemex sigue sin poder irse de casa (Hacienda lo tiene bien controlado). Se le exige ser eficiente, competitivo y productivo, pero sin permitirle invertir ni endeudarse por su cuenta. Así nace el Frankenstein financiero de los Pidiregas (Proyectos de Inversión Diferidos en el Gasto): una forma elegante de decir “te presto hoy, pero me pagas en 30 años… con petróleo que todavía no sacas”. La deuda se esconde mejor que el expediente del hijo del jefe, pero ya para 1999 se acumulan más de 40 mil millones de dólares en pasivos.

Años 2000. Con Fox y Calderón, los precios del crudo se van al cielo y Pemex recibe el equivalente a aguinaldo triple cada trimestre. ¿Se paga la deuda? No. ¿Se invierte con visión? Tampoco. El dinero se va en reconfigurar refinerías y otros elefantes blancos que prometen mucho y refinan poco. La deuda se dispara a 64 mil millones de dólares y la producción cae como si le hubieran puesto freno de mano.

2013–2018. Con la Reforma Energética, prometen que Pemex podrá tener amigos (asociaciones público-privadas). Pero lo invitan a la fiesta cuando ya se acabó el vino. Nadie quiere asociarse con una petrolera que envejece mal, fuma pasivos y ronca en refinación. La deuda brinca los 100 mil millones de dólares y el pasivo laboral amenaza con jubilar al país entero, pues, faltaba más, “el petróleo es de todos”, luego entonces, la deuda también.

Con AMLO (2019–2024), llega la era del “rescate”, que es como una operación de corazón abierto… pero sin bisturí, sin anestesia, solo con ductos y discursos. Se construye Dos Bocas con la lógica de “si no es negocio, si no produce, al menos que se vea bonita”. Pemex recibe más cariño del erario que cualquier otro ente público: le bajan impuestos, le dan dinero, le pagan deudas. ¿Resultados? Refinación deficitaria, producción estancada y deuda todavía en las nubes.

  1. El saldo:

– Deuda financiera: 108 mil millones de dólares. Más de dos billones de pesos y creciendo.

– Pasivo laboral: otros 60 mil millones.

– Deuda con proveedores: 400 mil millones de pesos.

– Dos Bocas: funcionando a medio gas o menos.

– Producción: igual que en 1980, y cayendo.

Para dimensionar la cada vez mayor deuda, baste decir que equivale a casi el 25 % del gasto programado del país en 2025, o al 6 % del PIB nacional. Solo en vencimientos, Pemex debe pagar más de 100 mil millones de pesos este año, y además arrastra una deuda de casi 400 mil millones de pesos con proveedores. Una mecha encendida que puede detonar quiebras, litigios y un caos financiero con factura social.

HOY, HOY, HOY: A pesar de la caída en calificación financiera de Fitch Ratings y de Moody´s, Pemex sigue repitiendo como mantra: “estamos mejor que nunca” y sigue emitiendo deuda (a nombre de todos los mexicanos).

Lo de Pemex es un mal endémico que no se ha atendido. Miriam Grunstein, en su obra *La Ley de Pemex: Más allá del dogma* (2009), señaló que el verdadero problema no está en las leyes o en las reformas cosméticas, sino en la captura institucional: Pemex opera con una autonomía ficticia, subordinada siempre a los intereses fiscales y políticos del gobierno en turno. No importa el marco legal, si quien toma decisiones es el mismo que cobra los beneficios que, por supuesto no son para todos los “propietarios”.

Esta crítica fue enfatizada por David Shields (2022) en su artículo *Pemex: una empresa atrapada en su propio modelo*, donde remarca cómo la petrolera vive en una contradicción permanente: se le exige operar como empresa, pero se le impide comportarse como tal. Sin un cambio radical en su estructura de gobernanza y en su relación con Hacienda, Pemex seguirá siendo lo que es: una carga financiera con nostalgia de una gloria que nunca tuvo.

Y como si no bastara con producir menos y endeudarnos más, nos dimos el lujo de regalar petróleo. Sí, literalmente. Aunque el gobierno lo llame “cooperación energética”, entre 2019 y 2024 México envió a Cuba más de 8 millones de barriles de crudo y combustóleo, equivalentes a más de 600 millones de dólares (¡y nuestros niños sin vacunas ni medicinas!) Todo esto mientras Pemex reportaba pérdidas operativas por miles de millones. Una ironía digna de exportación.


Los embarques no eran discretos: tanqueros como el *Delsa*, el *Vilma* o el *Alicia*, cargaban combustible en Tuxpan o Coatzacoalcos, y navegaban alegremente al Caribe. Lo hacían en nombre de la “solidaridad entre pueblos”, pero lo pagaban los contribuyentes mexicanos. Porque sí, la factura de esa diplomacia petrolera la absorbía Pemex… es decir, usted, su familia y los que aún no nacen. Gracias por su generosidad, estimados contribuyentes. [Reuters, 2023].

La cereza en el pastel, Huachicol aparte, es Dos Bocas: una refinería que ha costado más del doble de lo “presupuestado”, con dinero fiscal, no refina lo prometido, y no tiene retorno claro. Pemex tiene más deuda que Chevron, Exxon y Shell juntos, pero sigue emitiendo deuda en modo “todo está bajo control”.

DE FONDO

La deuda de Pemex es un síntoma, no la enfermedad. El modelo está roto: la empresa vive para financiar al gobierno, no para generar valor. Su autonomía es una ilusión y su rentabilidad, un mito. [Luis Miguel González, 2021].

DE FORMA

Cada sexenio le cambia la forma: que si productiva del Estado, que si empresa moderna, que si rescatada. Pero la operación sigue igual: altos costos, baja eficiencia, y decisiones dictadas por el Palacio Nacional, no por los precios del mercado.

 

DEFORME

Pemex no quiebra porque es mexicana (igual que Mexicana de Aviación y el Tren Maya). En México, quebrar es opcional si el SAT te respalda. Pero tranquilos, porque según el gobierno, Pemex se va a recuperar, dicen. Tal vez con resiliencia, tal vez con suerte… pero seguro, con tu dinero. Porque si Pemex es de todos… su deuda también. Y eso, aunque no tenga retorno, sí tiene factura.

COLOFÓN

A Pemex le sobran discursos y le faltan cuentas claras. Su peso no es sólo económico, es simbólico: representa una idea de nación que no se ha podido modernizar sin endeudarse. Y mientras esa contradicción no se enfrente con seriedad, seguiremos refinando nostalgia… a crédito. A Tata Lázaro…