Perú, República bananera –pequeñísima–

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Hablar en básico. Como el Perú. Elemental. Sin medias tintas.

El país tiene a un gobierno, no solo básico y elemental, sino que, a un congreso a su medida, en su mediocridad desbordante y brillante.

El gabinete ministerial, tiene en su Primer Ministro a un apologista convicto y confeso del terrorismo, con loas a sus asesinos a quienes en más de una vez los ha tratado como peruanos equivocados o estudiantes entusiastas. 

El Ministro de Defensa no tiene ni idea qué es un Mirage 2000. El de Trabajo no renunció a la fiscalía, y por ese hecho debería estar en la cárcel. El ex canciller, un anciano, ex terrorista, duró poco más de una semana. Dijo que la Marina de Guerra del Perú junto a la CIA, crearon Sendero Luminoso, y la Marina amenazó con un golpe de Estado, pero se fue antes. 

No existe un solo ministro que no tenga denuncias abiertas, en proceso en el poder judicial. El premier, al presentar su plan de gobierno en tres horas, fue vacío y soporífico. En el debate, para definir si el Congreso de los 130 congresistas, más de la mitad, comían en el comedor, hablaban por teléfono o hacían crucigramas o charlaban o dormían o se paseaban, con un país partido en dos, esperanzados por un lado en que no se dé la confianza a ese gabinete, y se ponga a uno totalmente nuevo, y del otro lado, los pro comunistas, esperando la dación de la confianza. 

El primer ministro con cara de profundo aburrimiento chacchando coca  

masticaren pleno hemiciclo, y un país entero en suspenso.

 

Al día siguiente el primer ministro quiso pero no lo dejó la Presidenta del Congreso, hablar en quechua, idioma que lo hablan más de 4 millones de habitantes de los 30 que somos.

Horas después surge la espada de Damócles sobre el presidente. Si no despide a uno de sus ministros como muestra de transigencia política, las botas y los tanques de un posible Golpe de Estado está cercano, mientras tanto, la delincuencia y los precios de los artículos de primera necesidad han subido demasiado. Nadie invierte. Muchos ya se fueron al extranjero, y el dólar sube y sube, y nosotros, bajamos y bajamos, a un lugar donde no hay sótano que nos salve.