¿Podremos lograrlo?

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Aún en ese escenario, me parece que tenemos alternativas para buscar una salida adecuada, siempre que nos enfoquemos en lo verdaderamente sustantivo y seamos capaces de hacer a un lado todo aquello que nos limite o nos estorbe, vale la pena preguntarnos, ¿podremos lograrlo?

No hay recetas mágicas para el éxito, los clásicos establecen que para alcanzarlo, el camino debe estar repleto de grandes ideas, de buenas acciones y de una congruencia capaz de alinear lo que se piensa con lo que se dice y se hace.

Es impensable obtenerlo desde una zona de confort, se requiere de la voluntad por crecer y del compromiso por asumir que en ese trayecto se deberán tomar decisiones que, invariablemente, conllevan un alto grado de responsabilidad.

Esto también significa dejar de engañarnos, no es posible seguir pretendiendo ser lo que no somos, cayendo en posturas tan arrogantes como infantiles; cada quien debe asumir las consecuencias de las acciones que realiza y, sobre todo, debe estar consciente del piso que pisa.

No hay espacio para el letargo y se deben buscar posturas proactivas, decididas y encaminadas a la autorrealización, logrando influir positivamente en aquellos que anhelan ese modelo de vida.

Tan simple como cumplir de manera permanente con lo que nos corresponde; si nuestro rol es de trabajadores, respondamos ante nuestras asignaciones y dejemos de boicotear todo aquello que nos rodea, esas posturas adversas son un contrasentido que nos carcome poco a poco.

Si nuestra responsabilidad es ser padres, tengamos claro que en cada hijo nos marca un rumbo de acción único, complejo y permanente, pero bien llevado es capaz de brindarnos las satisfacciones más grandes. Esto es un verdadero alimento para el espíritu.

Si debo asumir varios roles en la vida, es preciso saber diferenciar uno del otro; uno de los errores más comunes es mezclar, tomar revancha porque nos hemos sentido afectados, aunque esa represalia se haga en contextos o con personas fuera del contexto de origen. Sin madurez, sin sentido común, sin algo de humanismo, será imposible la tarea.

Siempre adelante, no cejar en el esfuerzo, con actitud positiva, pero sobre todo, con un catálogo de valores lo suficientemente amplio para no caer en la tentación de reaccionar fuera de la lógica o la ética.

Podemos, si queremos, cambiar al mundo; nada es imposible cuando realmente deseamos algo, no hay peor limitante que la que cada uno de nosotros asume como obstáculo, barrera o pretexto.

Tener la capacidad de mirarnos en el espejo y, de manera honesta, reconocer nuestras áreas de oportunidad, y no seguir culpando al otro.

Tal y como decía Carl Jung; Si existiera algo que quisiéramos cambiar en los chicos, en primera lugar deberíamos examinarlo y observar si no es algo que podría ser mejor cambiar en nosotros.

horroreseducativos@hotmail.co