Poemándonos

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Ir contigo

Quiero ir contigo donde la luna  

con su hechizo, acaricia a las ilusiones 

y las estrellas besan a los lirios  

con sus dorados fulgores. 

Allá, donde el eco de los sueños  

mece las voces de las auroras  

y los brotes de las quimeras  

se vuelven orquídeas de realidades. 

Vayamos a la cúspide de lo sublime  

y escuchemos, juntos, la sinfonía de su voz 

por el gozo de conocer el delirio del cielo 

en lo profundo de un suspiro amor.

Me atreví

Me topé con su cercanía de agua 

tan próxima como lo están los sueños de los bordados azules de la noche

y tan tangible como los latidos de la luna

en el tacto más sensible de unos labios.

Sentí el roce de su ternura en mi mano

y en mis pupilas el galanteo de su mirada,

que carente de voz, decía más 

que una rondalla en 14 de febrero 

a las cuatro de la madrugada.

Me topé con su proximidad de sol naciente 

y me atreví a buscar sus labios,

y a ofrecerle la oración más pura 

que clama la justicia de un beso,

el que tejí en su boca de gloria y cielo

y que traspasó, lo etéreo y lo eterno.

Minutos 

Le faltaron minutos al encuentro 

para disfrutar del tsunami de sus besos

y devorar las metáforas de sus labios 

Se acortaron los minutos para trascender 

con el roce delicioso de su mirada  

y arrúllame con la sintonía de sus latidos.

Los minutos fueron pocos, tan pocos 

que solo probé unas migas de su banquete, 

pero fue suficiente para jamás, borrarlo de mi mente.