¿Por qué pueblos originarios?
Alicia M. Barabas, plantea el tema en el ensayo: Es una denominación aplicada a los grupos que fueron los pobladores iniciales de América antes de ser ocupada por pueblos foráneos en el siglo XVI. Nombra igualmente a los grupos humanos descendientes de los pueblos prehispánicos que han mantenido hasta el presente características sociales y culturales emparentadas con las de aquellos pueblos, entre ellos un idioma. Quienes habitamos en el siglo XXI el país no podemos hacer disertaciones sobre el pasado de la ciudad de Toluca, que hasta el año de 1830 no alcanzaba más de ocho mil habitantes, sin atender nuestro pasado más interesante: investigar sobre el pasado histórico de Toluca es entrar al mundo mágico de las culturas indígenas, hacerse a un lado por parte de la ciudadanía es traición a nuestro rico pasado.
Especifica Barabas: Un pueblo originario está integrado por un conjunto de comunidades que comparten identidad, historia, territorio, cultura y organización social, aunque entre cada una de ellas suelen existir ciertas diferencias culturales y organizativas. Todo ello sucede en torno a las cuatro culturas prehispánicas que poblaron la Toluca que sabía del dios Tolotzin. En torno al norte de la ciudad actual se encontraban mezclados en cierto momento sobre todo matlatzincas y otomíes durante cientos de años antes del siglo XVI de nuestra era.
Dice en su texto Barabas: En las últimas décadas se ha generalizado su uso por considerarse una manera más correcta y respetuosa de referirse a los grupos indígenas. Para ellos, esta denominación es una forma de reafirmar su identidad genealógica, territorial y cultural y de denotar su ancestralidad, esto es, la existencia previa al del Estado nacional en el que están incluidos, que los distingue de las minorías culturales y anticipa sus derechos territoriales. Para el historiador y el cronista que es de verdad, hacer a un lado todo un pasado que está lleno de restos arqueológicos, etnolingüísticos, antropológicos, gastronómicos y de cultura general que nos asombra en sus colores y sonidos.
Todo ello no puede ser desaparecido de un plumazo por visiones ideológicas y religiosas que no toman en serio el respeto por el Otro, el Otro que es el originario de estas tierras por más que le pese a los dominadores. Bien tiene uno que recordar la canción famosa que cantan los Tigres del Norte en pleno territorio de Estados Unidos de América, al que le recuerdan que los verdaderos originarios y dueños en aquél entonces, antes de que llegara el anglosajón, fueron los pueblos y sus culturas indígenas. Barabas escribe: Varios términos, que son sinónimos, se han utilizado y aún se utilizan para nombrarlos. Indígena, aceptado por la OIT en 1989, es el del uso más frecuente y se ha definido como población originaria del territorio que habita cuyo establecimiento en el mismo precede al de otros pueblos., y los pueblos originarios lo utilizan para autonombrarse en términos generales Esta conclusión es correcta y hace justicia en todo trabajo de investigación que desea saber la verdad sobre cuál es el desarrollo de comunidades que siendo apenas la célula fundadora tiene su lugar obligado y justo, al reconocer su aportación a la ciudad actual de Toluca en el siglo XXI.
No nacimos en el siglo XVI porque una ideología dominante durante 300 años sigue vigente en la vida contemporánea de la ciudad capital mexiquense. Nacimos cuando idioma, vestido, alimento, casa, tradiciones y leyendas, hechos históricos que son múltiples, variados y de gran imaginación para decirnos cómo era el territorio del Valle de Toluca antes del reciente siglo XVI que es de nueva data ante los miles de años que representan el pasado de un territorio dominado por el Volcán del Xinantécatl. Esa es la verdad histórica y es la que historiadores, cronistas, arqueólogos, etnolingüistas, antropólogos y, demás científicos sociales y de laboratorio: quienes tenemos por obligación el investigar y estudiar hasta el cansancio, para recuperar una larga epopeya de alegrías y tristezas que pareciera se desea esconder, por quienes en su tiempo dominaron estas tierras a sangre y fuego, suplantando lo originario por su cultura e ideología imperial.
El ensayo de Barabas especifica también: Nativo se entiende como “ser de allí”, “autóctono” como “ser del lugar” y aborigen alude a el “que vive en el lugar de origen”. En todos los casos se refieren a los descendientes de quienes estaban en el lugar (indígenas) antes de la llegada de otros provenientes de otra parte (europeos) pero, excepto indígena, los demás han caído en desuso en la academia, la sociedad en general y los pueblos originarios, como resultado del proceso de politización del lenguaje, que los descarta por considerar que tienen connotaciones coloniales o que son despectivos para los pueblos originarios. Son palabras que definen muchas cosas de la cultura humana. Más allá de contradicciones ideológicas que desean suplantar a las adversas con el dominio de su poder político, religioso o miliciano. Más allá de todo ello lo que importa es ir a las fuentes originarias y saber cuáles fueron las culturas que aterrizaron en el territorio del Valle de Toluca, para así comprobar cuándo vino a ser Toluca sin saber que terminaría siendo en el siglo XXI una de las capitales más importantes de un país que en el contexto mundial se reconoce como Estados Unidos Mexicanos.
Señalando con ello su aspiración federalizada, republicana y liberal. Importante es citar lo que dice Barabas: Dos términos muy utilizados en las regiones interétnicas, tanto para los no indígenas como para los indígenas para diferenciarse entre sí, a pesar de su explicito sentido discriminatorio que da por verdadero que los indígenas no tienen raciocinio, son gentes de costumbre, para nombrar a los indígenas que viven de acuerdo con sus tradiciones culturales y, gente de razón, para nombrar a los no indígenas que se guían por la razón y la lógica. Como se ve un terreno peligroso y discriminatorio en términos groseros y de clara ignorancia por aquellos que españolizados se declaran gente venida de fuera que se guía por la razón y lógica, confirmando su dominio sobre aquellos que apenas son capaces de regirse por sus usos y costumbres, sin ser capaces de utilizar la lógica para vivir de manera adecuada.
Esto no lo debe dejar pasar el Cronista de verdad, que sabe cuáles son los fundamentos de toda cultura que decide seguir en sus pasos a través del tiempo, y que no pone su pluma al servicio de un poder que desea dominar todo: incluso el pensamiento, la razón, la lógica y todo aquello que no se ve y pertenece al patrimonio intangible que toda cultura humana pone sobre la realidad sin saber explicarla: como las tradiciones religiosas de pueblos originarios a lo largo de miles de años.
Un ensayo para estudiar y meditar a fondo es el texto de Alicia M. Barabas, dice: Indio, es un término erróneo que refleja las ideas equivocadas de los conquistadores, que creían haber llegado a la India y por ello denominaron así a sus habitantes: ha sido casi descartado del lenguaje contemporáneo por ser considerado un término muy despectivo aplicado a los indígenas para denotar falta de cultura y origen rústico. Por otra parte, indito es una forma paternalista que pretende suavizar la rudeza del término indio. Preocupación nuestra es poner atención a estos orígenes que hablan de culturas ricas en tradiciones de todo tipo. De fortaleza que parece no darnos aviso de su reciedumbre para seguir vigente a pesar de todos los latrocinios que se han cometido en contra desde hace más de 500 años.
Cronista municipal, de ciudad o comunidad que no conoce tales culturas y las ignora es un falaz escritor al servicio de ideologías que han suplantado nuestro rico pasado. Esa es la pura y más grave verdad en la búsqueda de lo que somos los mexicanos cuyo mestizaje fue motivo de estudio y propuestas de filósofos como sucede con José Vasconcelos en aquellos tiempos románticos de la posrevolución de 1910. Un largo camino hacia el pasado, esa es nuestra tarea moral y ética obligada por la historia.

