Por su fruto los conoceréis

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Dicho bien dicho es que genio y figura hasta la sepultura, y tras el dicho, una pregunta: ¿Es justo juzgar la obra de una persona a partir de su vida privada? Y a esta pregunta no faltará el que argumente que hay que separar la vida del autor de su obra, pero este argumento puede perdonarse, mas no ser olvidado. Existen varios ejemplos de personajes cuyo pasado turbio, en el que son parte del daño causado, de agresiones o escándalos, puede ser perdonado, pero no garantiza que la gente pueda olvidarlo. En la Biblia tenemos el caso del apóstol Pablo, antes llamado Saulo de Tarso, quien era un rabí término hebreo para referirse a un maestro de la ley. Pablo, antes de convertirse al cristianismo, fue perseguidor de la iglesia; incluso es él quien aprueba la muerte de Esteban, el primer mártir cristiano, quien en su viaje a Damasco tiene una visión con Jesús y se arrepiente del mal causado contra la iglesia. Por otro lado, tenemos al mismo Pablo ahora predicando a los mismos que antes golpeaba y perseguía; ante esto, hubo gente que creyó en su arrepentimiento, pero no todos lo creyeron. Decimos entonces que su pasado fue olvidado por él, mas no por los demás.

De la misma forma que el apóstol Pablo, hoy en día hay gente que dice buenas palabras, parece que hace buenas acciones, que aparenta buenas intenciones, hasta que alguien le recuerda lo que en el pasado hicieron y entonces los mil errores salen a relucir, la credibilidad de esa persona y la poca confianza que se le deba tener. Esto sucede más al ojo público con aquellas personas que están inmersas en política, escritores, artistas y gente que está en contacto con muchas personas. ¿Entonces nuestros errores son impedimento para cambiar? La respuesta es no; sin embargo, seremos señalados también por las cosas que en el pasado hicimos; esto puede implicar que se pierdan oportunidades.

Esos errores son oportunidades para no seguir cometiendo el mismo fallo. A propósito de oportunidades, hace un tiempo, leyendo la convocatoria para cronistas del municipio de Toluca (2025-2027), algo llamó mi atención; fue el apartado de requisitos para postularse como cronista delegacional. En uno de los incisos leí algo que decía: Tener buena reputación ante la sociedad; desde luego que en ese momento no lo comprendí, pero ¿será importante cuidar de lo que hacemos y decimos en público? Sí, definitivamente, es triste ver que, por más que algunas personas se esfuerzan por hacer “buenas obras” en beneficio de la sociedad, sus esfuerzos se ven limitados por la mala reputación que tiene en la sociedad. Y es que andar en el mundo de la crónica demanda que la gente identifique lo que hacemos, lo que decimos.

Porque también hay que decirlo, hay buenos escritores, buenos cronistas, buenos investigadores, buenos artistas, buenos músicos y, aun con todo ello, no todos son personas íntegras. Esto no les resta talento, pero sí la total credibilidad. Por ello sería importante que, junto al que escribe, al que investiga y al que crea arte, camine con él la sombra de la entereza, para que la palabra coincida con la acción y no solo quede en discurso.

Hablando de discurso y de artistas, en días pasados se hizo viral un video del cantante Alex Syntek, quien, en su concierto en la CDMX durante las fiestas patrias, el cantante interrumpió en varias ocasiones el concierto para lanzar reproches a la gente, dar su opinión sobre el reguetón, pareciera que después de este acontecimiento ahí acabó todo, sin embargo, tras varios días de este acontecimiento la gente aún no ha olvidado lo que el artista dijo, ha sido criticado duramente y lejos de resaltar la música del cantante, reluce más los errores que cometió.

Por esa razón es de esperar que todo lo que hagamos o dejemos de hacer, digamos o no digamos, muestre más de lo que imaginamos. No debería ser ni siquiera un requisito que alguien deba tener buena reputación ante la sociedad; debería ser parte de nuestro actuar diario, porque podremos ser personas piadosas, pero si nuestro ejemplo no predica mejor que nuestro verbo, entonces somos buenos en algo, aunque malas personas.