POSVERDADES DIGITALES DE LA POSPANDEMIA

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El imaginario colectivo a nivel mundial espera con ánimo el regreso a las actividades cotidianas con la pretensión de normalizar sus rutinas dejando atrás lo más pronto posible los efectos de la crisis, esperando que el tiempo de confinamiento haya sido solamente una pausa en la dinámica social de la cual sea posible “recuperarse” a la brevedad.

Ante ese panorama la adopción de habilidades digitales se preveía como una cuestión temporal y transitoria que impulsaría la economía digital como parte de las acciones contingentes de la población ante la emergencia, que si bien generaría nuevos paradigmas, no dejaría de resultar accesorio a los mecanismos existentes en las industrias y los trabajos, como un simple aviso preventivo de los cambios que se avecinan para la humanidad.

Sin embargo, los hechos asociados al brote y expansión del COVID-19 parecen no dar muestra de tregua al estilo de vida contemporáneo de la humanidad, sino que distan de ser una simple pausa de la dinámica social, puesto que el mantenimiento de medidas adoptadas con motivo del confinamiento en el hogar, parece que en sustancia permanecerán por un tiempo considerable a partir de que se decrete la reanudación de actividades, tal como se podría advertir con las alertas tempranas que se han dado en Wuhan, China, y, en Seúl, Corea del Sur, con la reaparición de casos y el repunte de los mismos, respectivamente, que indicarían que las medidas de prevención de contagios deberían mantenerse por un tiempo prudente, como parte de un riesgo real que pone en  peligro la vida de la población, aunado a que todavía no se cuente con información concluyente sobre las características del virus y con la posibilidad de generar una inmunidad colectiva.

Por ello, parte por un riesgo real en la salud de la población, y por otra, los nuevos hábitos por parte de la población adquiridos a través de la reducción de la movilidad, marcarán un nuevo esquema social en el que la tecnología ya forma parte de las soluciones adoptadas por las personas, que si bien, en su mayoría mantienen una visión a corto plazo, deberían rápidamente adaptarse a la prospectiva de un nuevo escenario y superar la expectativa de recuperación, a partir de estrategias integrales en las que el uso de las tecnologías se vuelvan parte de una nueva normalidad.

Si bien la expectativa a largo plazo permitiría no solamente regresar a las actividades cotidianas con plena libertad de movimiento en nuestro entorno, ya sea por una inmunidad global, la regularización de los ciclos del brote de manera estacionaria, o, el desarrollo de vacunas o medicamentos para el control de la enfermedad, el tiempo que llevará a cualquiera de dichas soluciones será suficiente como para que la humanidad haya generado mecanismos adicionales de adaptación, que inclusive, a estas alturas ya logra atisbarse puesto ¿en qué medida las personas que han empezado a comprar su despensa por internet volverán a hacerlo de manera física? ¿después de la medición de resultados, a algunas empresas les resultará más rentable tener a sus empleados trabajando a distancia? ¿las personas habrán encontrado oportunidades a partir de la flexibilidad proporcionada a través del uso de herramientas tecnológicas? ¿los negocios tradicionales seguirán resultando rentables ante una expectativa menor de movilidad, la producción de insumos a nivel internacional mantendrá el mismo nivel?

Interrogantes que seguirán el cauce de las respuestas económicas para su resolución, pero que, en el corto plazo requerirán una definición asertiva por parte de los actores económicos, es decir, incumbe tanto a gobiernos, empresas y ciudadanía una proyección realista de la reactivación, ya sea que se lleve a cabo a través de acciones contundentes para evitar una mayor propagación, como la suspensión o limitación de ciertas actividades económicas, o, de una manera más laxa como en el caso de Suecia, en el que hasta el día de hoy no ha existido una diferencia significativa.

Lamentablemente al día de hoy ningún modelo puede servir de parangón puesto que nos faltan datos, y más allá de los datos, esquemas de procesamiento efectivos que nos permitan responder diversas interrogantes para nuestra propia subsistencia, en el cual, las soluciones tecnológicas que se han propuesto como coadyuvantes con el control del COVID-19, como el popularizado rastreo de contactos, difícilmente lograrán el propósito de ser temporales (puesto que eventualmente constituirán nuevas funcionalidades de los dispositivos inteligentes),  y, por ende, representarán una nueva realidad que sigue explotando una cantidad de datos que no pueden ser interpretados al no existir una adecuada gobernanza de datos, hecho      que por sí mismo pudiera a generar una brecha para los datos personales de la población en general.

Ello, puesto que eventualmente hasta que se cuente con información procesada con calidad será posible identificar la eficacia de las acciones implementadas hasta el día de hoy por sociedad civil y gobiernos, en los que no se cuenta con parámetros objetivos para diferenciar las medidas adoptadas por México, Suecia, China, Corea del Sur o Singapur, últimos tres que si bien desarrollaron un gran potencial tecnológico, éste únicamente tuvo fines de contención, cuando, eventualmente el gobierno de los datos pudiera servir para generar una estrategia puntual de inteligencia para el combate de la enfermedad a través de acciones puntuales basadas en la interpretación de la realidad facilitada por los datos, y que, respecto de los dos primeros, pudiera inferir dos estrategias certeras conforme a condiciones sociales diversas en torno a densidad poblacional, infraestructura sanitaria y hábitos; no obstante en el proceso, la gran cantidad de datos generados y disponibles para hacer frente a la pandemia podrían resultar de alto riesgo al ser desproporcionados con relación a la finalidad de control o combate del fenómeno, puesto que todavía falta por definir el objetivo de la estrategia y como no se identifica que información podría ser útil, ningún insumo debiera descartarse.

Por ello, la principal posverdad en torno a la pospandemia será en torno a que la vida volverá a ser normal como fue de manera previa al impacto en los países, y que la tecnología en torno a habilidades digitales podría ser postergable, puesto que al parecer la única verdad es que la humanidad sigue enfrentando de manera conjunta una pandemia que se ha aprovechado de los efectos de la posmodernidad para propagarse de manera rápida, supuesto en el cual también se encuentra su principal debilidad, como lo es la información de calidad facilitada por un procesamiento inteligente apoyado en las herramientas tecnológicas de última generación.

En ese proceso, seguramente la tecnología será también objeto de las posverdades como la justificación para panaceas, pero que difícilmente logrará aliviar la situación a menos que la propia ciudadanía empiece a tomar el control de una situación en la cual, se establecen los primeros principios de un nuevo estado, en el que de manera adicional a las acciones de gobiernos y empresas, como ciudadanos también debemos a empezar a identificar los elementos de nuestra nueva normalidad. Hasta la próxima.