PROMOTOR CULTURAL

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Nos hacemos la idea de que cierto hombre o cierta mujer es como es. Y la equivocación está a flor de piel. Resulta que es todo lo contrario. Por eso es tan difícil ser un buen cronista, un serio y objetivo estudioso de la realidad. Nos cuenta en las palabras de Presentación al texto de Rodolfo García Gutiérrez que el aludido, dice: Pero más se equivocará quien diga que no ha tenido existencia de relación. Al contrario, Rodolfo García Gutiérrez ha sido incansable, profundo animador de la vida intelectual en el Estado de México. Creador junto con Esteban Nava del grupo “Letras de juventud”; sembrador más tarde del grupo “Letras”, cuando ya la “juventud” estaba pasando; fundador con Fajardo y Yurrieta de la editorial “Cuadernos del Estado de México”; fundador con Javier Romero del grupo “Ángel María Garibay”; fundador con Gonzalo Pérez, de la editorial “Citlali”; fundador de la “Unión de Escritores Mexiquenses” UEMAC; ha estado siempre ahí donde era preciso animar la producción literaria, enaltecer los valores espirituales e intelectuales del Estado de México.

Recuperar para la historia y la crónica estos actos de pensamiento colectivo, es de vital importancia, pues la crónica ha olvidado los esfuerzos de estos mexiquenses y mexicanos por hacer de la patria en serio, una República de las Letras. Cada creación es destacada y ha ocupado un lugar en la historia artística de Toluca. Gracias a estas referencias que hace el profesor Mosquito, es que nos damos cuenta que no es cierto que la vida comenzó después del 68’, que antes, no muy lejos del muy antes, a mitad de siglo XX las inquietudes artísticas e intelectuales se expresaban en la unidad de quiénes escribiendo, pintando y editando formaban una expresión de Toluca la del espíritu culto. Esa Toluca que muy pequeñita por territorio y población llega a tener su Instituto Literario el 3 de marzo de 1828, hecho notable que nos dice que en el seno de esta sociedad del siglo XIX había pensadores, educadores, intelectuales y artistas que deseaban la educación haciendo a un lado los velos de las ideologías y sobre todo de la religión que veía en tal manifestación la expresión del demonio en persona: una persona les sirvió para ello, el Santo de la Reforma don Ignacio Ramírez El Nigromante.

La Bella Toluca. Así le canta una y otra vez, el maestro Alfonso Sánchez García, venido de Calimaya al igual que otros pensadores dan lustre a la capital del Estado de México. La Bella Toluca, que a mitad de siglo XX trae en sus espaldas el liberalismo cargando con singular felicidad. Pues saben que entre radicalismos de aquellas épocas: ni la izquierda, convertida en socialismo real de carácter estalinista o el conservadurismo y centralismo, que sigue extrañando a emperadores de toda zaga o a sus traidores y dictadores, venidos del gen de Antonio López de Santa Anna y Porfirio Díaz. Revalorar a cronistas de esta gran corriente que engrandece a Toluca es tarea impostergable, pues significa encontrar nuestra identidad a partir de la realidad social en sus diversos estamentos tal y como la han contado en el pasado ellos. De retornar a las tradiciones para salvar lo salvable. Vemos bien, cómo es que aquel teatro que hoy sería joya de la arquitectura en Toluca: el cine Coliseo con sus alturas que mareaban, y que cayó bajo la picota para desgracia de la ciudad y sus tesoros en casonas y edificios a lo largo de las Avenidas Hidalgo o Independencia. Estos sí hacían el Centro Histórico Patrimonial con todas las de la ley. Centro Histórico cuyas riquezas en el patrimonio cultural, tenían antigüedad de más de cien años y, por ello mismo, eran riqueza espiritual y material de los toluqueños y su desarrollo al paso de los siglos: los centros de vieja estancia y belleza artística no se deciden por Decreto, sino por la pátina que dan los siglos en la vida humana y material de los pueblos.

Destaca por ello, el leer las palabras finales en un párrafo valioso escrito por Alfonso Sánchez García, que firma como el Cronista de la Ciudad de Toluca: Culminación muy merecida a esta obra, de personal perfección artística y de social animación creativa, fue la Presea al Mérito Literario que le otorgara el gobierno el pasado mes de marzo, con motivo de las festividades conmemorativas de la Erección de la entidad. Es por ello que el gobierno del Estado de México a través de la Secretaría de Educación, Cultura y Bienestar Social y el Ayuntamiento de Toluca. Estos reconocimientos tan queridos y apreciados por aquellos que los reciben junto con sus familias y que han quedado en placas de bronce al interior del Palacio de Gobierno de la entidad. Dejando así una huella de mexiquenses ilustres, incluidos aquellos mexicanos que han hecho algo en favor de estas tierras que son de privilegio, pues la historia de México, desde sus orígenes prehispánicos, ha tenido por escenario no pocas acciones importantes de nuestra historia patria. Bien me lo decía don Poncho Sánchez García, en esas charlas por las tardes en oficinas de Patrimonio Cultural, decía con frecuencia: Toluca y nuestra entidad, pueden no haber dado generales y militares como el norte de la patria, pero sus pensadores están presentes en cada ciclo de los avatares de la historia patria.

Hombres y mujeres de espada lo hemos sido, pero más destaca el acto de pensar y hacer de la pluma una acción valerosa, que ha dado luz y señal por dónde marchar en muchos campos de la cultura nacional. Con hombres y mujeres hemos contado en la presencia de Rodolfo García Gutiérrez, Javier Ariceaga y Alfonso Sánchez García en las décadas del siglo XX que vivieron a plenitud como lo sabemos por sus ricas biografías y sus obras escritas, sobre todo que nos han dejado.

Al revisar y leer con afecto y aprecio, con gozo Borgeano, este texto de García G. Cosas de Toluca, atiendo al hecho de que es un libro que se reedita y es justo hacerlo así, pues al difundir este tipo de textos nos quedamos en las manos con una Toluca, sin volver ya más, nos recuerda que su pasado estuvo lleno de momentos difíciles, otros de alegre belleza y reconocimiento, que llegó a ser, como le canta el poeta Enrique Carniado: Taza de plata. Pensando en ello es que escribe Sánchez García, reconociendo al sector público estatal y municipal, por traer de nueva cuenta a la luz pública, estas páginas que hoy nos son tan valiosas, como de aquellos textos el que escribieran y se publicaran, en la pluma de cronistas anteriores al Grupo Letras: Aurelio J. Venegas o Miguel Salinas Alanís, por sólo citar a los más conocidos. El hombre que caminaba los Portales con la vista de aquél que atrapa alguna situación chusca o rara. No para quienes con rutina nos manejamos creyendo que las cosas son iguales todos los días. La rutina es la acción humana más enajenante, pues quita toda posibilidad de maravillarse del sólo hecho de vivir. De tener vida a pesar de los problemas que en cabeza de uno conviertan al día y la noche en horripilante infierno que mata toda acción creativa y sentimiento de alegría.

Rodolfo García Gutiérrez era un hombre ajeno a los hechos que convertían su vida en rutinaria acción. Molestia permanente del vivir, al contrario, en su cabeza se sentía que estaba pensando, reflexionando lo que podía hacer en colectiva idea. No era un individualista, sino un intelectual que no dejaba al abandono las cosas, ni a los amigos. Su paso por la biblioteca pública, esa misma que estuvo en el centro de la ciudad dando sabiduría a todo aquel que entraba a sus recintos repletos de libros. Él y Gonzalo Pérez, son sin falta la mejor prueba de que la biblioteca, ese mundo de mundos que son los libros, dejan en la personalidad de quienes los leen e investigan una cultura fina: excelsa porque les hace comprender que la vida no es una sola cosa, ni va en una sola dirección: ella es la compleja expresión de lo complejo del hombre en la Tierra. De esas ideas, es que Rodolfo García Gutiérrez estaba lleno y, eso le respetaban sus amigos y compañeros de vida. Pasó como una iluminada luz y dejó su huella como cronista municipal que no sólo de ciudad.