Prosas poéticas…

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A Mirna

Mi esencia

A veces juego contra el tiempo, contra el destino, en contra de quien teje o desteje los hilos de nuestros cuerpos. Juego arriesgando mi locura, tan cerca de la ironía, de la indiferencia, del pudor cobarde, cansado de arar parloteos del enemigo. Floreciendo ortigas en finas lluvias, escurridizas lluvias de lencería que el cuerpo no puede contener, ni siquiera carcomiendo gotas de ámbar con astillas de semen. 

Mírame y no llames a mis piernas con musgos de sándalo, se discreta en esta ilusión de inquebrantables corderos, caminando a saciar mi lengua. En tu ceniza femenina de caoba y canto, de cortar el aire y tocar tu rostro, de dormir poseído en un océano de cólera y fauces amamantadas de girasol, vengo a regatear tu espuma con recelo, a restaurar tus sueños arrinconada en mis brazos, a darte brillo en hojas con naturaleza de obsidiana. 

Toma mis manos en esta eternidad de cantaros y armonía, de cascadas y telas de naturaleza sin sentido, cura mi sed con un paño de espuma almidonada, con insurrectos momentos de fuego para coagular mi esencia en tus caderas. Te respiro en la regadera, con mis manos en cruz, estremeciendo mis dedos en tontos juegos de  llanto  sin  lágrimas,  ni  rumbo,  ni  miedo  al  cansancio  de  tu nostalgia, sin mostrarte mis paisajes de historias atiborradas de carroña, de espanto, de vacío. 

A veces juego a despertar solo, abrazando tu indiferencia, tus suspiros mendigando mis oídos, caminando al roce de tus manos, sufriendo por las anécdotas pilladas en esquinas de dramáticos lamentos. Desabrocho los tirantes de tus pechos; brinca la seducción, tu esencia, tus copas de olorosa sinfonía, de sorpresivas palomas agonizando en mis dedos. 

Vamos a casa, a tropezar con almas de penumbra, a perdernos en cimientos de pupilas estropeadas por besos, rompamos la tranquilidad de dormir expuestos a danzas de arterias de alabanzas, condecoradas por una nostalgia muerta al no saber de eternizantes lujurias, compartamos el vacío, la velocidad de nuestros brincos, la fuerza de saetas pegando en el blanco; el olvido del significado, de construir una orden de fuentes privadas. 

¿Te ha pasado que en la tarde, al regresar a nuestra realidad te arrepientes de no sospechar que te amo? Jamás abandones la búsqueda de mi piel, quédate en la siguiente luz, retrasa el cansancio al aparecer sobre mi ombligo. No finjas indiferencia a mis tetillas, muévete como humo resistiendo a volverse nada, vamos por un instante frente a tus ojos, antes de explotar en el orgasmo del último cosmos visitado por ebrio cáliz.

Cuadros de amor

Corre bajo la lluvia, aléjate del humo de mi cigarrillo, del aroma de las guayabas, del peligro que representan mis labios en tus fotografías, aléjate del otro yo, el de los nudillos ligeros, el de pesadillas repetidas y estigmas enfermos, el de los miércoles de devoción. Nos parecemos. Galopando en prisiones de ensueño, acariciando pantanos vagabundos en míseras hamacas, buscando amantes en desmoronadas borrascas. Corre en el polvo de espigas, lejos del hartazgo de unos besos que estallan en el abismo de un naufragio, en el lánguido infierno de ennegrecidas madrugadas. Deshazte de la trampa de inciensos flagelados, miente a tus miedos hambrientos de hombre, deja a la estupidez temblando en la orilla de la flor zurcida de sangrientas limosnas. 

De mi pelo; aspira los venenos de agosto, los de breves espasmos y trampas de tembloroso café, los de respiración en cuclillas con odio en los labios, deshoja favores calientes en los huesos de las burbujas encalladas, quema los cantaros de ansiosas historias forradas de humo, baila en el vacío castigador de las hojas. Arroja el tedio, cállalo en tanto el sol se relame en la bóveda de resentimientos e insiste en confundir los nardos con nieve de guanábana. Huye de mis ojos, de mi garganta, de la dignidad en luto, de huellas desagradables abismándose en la espesura de mis costillas a la hora de levantar los trazos. 

Huye del vaivén perfumado de nieve, de la manía de asombrarte ante el recinto de mi piel, arroja el pudor de aullar abrazándome disfrazada de vagabunda, después me cuentas del aroma del sótano, de las llamas iluminando esquinas sin resonancia, de las parejas desencadenas al comprobar que las alhajas ataron con susurros el fervor de un pensamiento envuelto en erotismo. Corre mi amor, no dejes rastros hablando en un parpadeo de nubes, suelta las descargas del elixir, avanza en el devastado pensamiento sin expectativas, que curen la tristeza de mis brazos al caer el telón de invierno pausado, en mi rendido pensamiento ante una tumba de mente inexistente. Han terminado los instintos, bajo el pábilo que dejo de alumbrar despeinados tormentos, y tu voz, salva despacio los ruegos que ascienden tanteando el florecimiento de inesperados cuadros de amor. 

¿No corriste? Refúgiate en la hamaca de mi piel.