Pueblos originarios
La sola lectura de párrafos escritos por Alicia M. Barabas, nos da luces del gran mundo al que estamos por entrar, cuando ponemos nuestra vista de mexicanos, de toluqueños bien informados que sabemos nuestro deber: ir al pasado más lejano que lleve a comprender cómo se fundó la ciudad que hoy vivimos. Estudiar obligados en saber que en la mayoría de pobladores venimos de un mestizaje indígena y español, que nos debe dar orgullo. Dice la investigadora: Un ejemplo significativo de la vinculación a lo largo de la historia profunda lo brinda un estudio (Josserand et al., 1984) que propone un modelo tentativo de la prehistoria de la macro familia lingüística, la arqueología y la etnohistoria. Esta macro familia —la más grande después de la maya— incluye 18 idiomas hablados actualmente y se extiende por la mayor parte de Oaxaca y partes de Guerrero, Querétaro, la Huasteca, estado de México y otros estados. Pensemos en aquellos tiempos y sus peregrinajes para fundar los territorios que se han de convertir en los grandes centros poblacionales que hoy identificamos en urbes como Oaxaca, Acapulco, Querétaro, Toluca y las novísimas Naucalpan, Tlalnepantla, Ecatepec o Nezahualcóyotl.
Importante ha sido que las distintas ciencias en el estudio del hombre se han unido para hacer ver que el simple estudio de una comunidad es la célula del aprendizaje que no se resuelve en una lucha ideológica o de falaz resultado. Dice Barabas: La prehistoria lingüística utiliza el método comparativo, que busca relacionar los idiomas con las culturas y las sociedades partiendo de la premisa de que la diversificación lingüística puede ser entendida como el resultado del desarrollo social y cultural en las poblaciones. El estudio de miles de años para comprender cómo es que hemos podido contar con lenguas tan ricas y prodigiosas pues han permitido en su desarrollo elaborar una poesía, sea para el caso del inglés, italiano, francés, japonés o español, en cuyas letras están los mejores escritores de todos los tiempos: Homero, Francesco Petrarca, Dante Alighieri, Miguel de Cervantes y Saavedra, William Shakespeare, Luis de Góngora y Argote, Francisco de Quevedo y Villegas, Sor Juana Inés de la Cruz, Wolfang Goethe, y más recientemente, Antonio Machado, Alfonso Reyes, Federico García Lorca, Vicente Huidobro, Alfonsina Storni, César Vallejo, Pablo Neruda, Carlos Pellicer, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Jaime Sabines o Rosario Castellanos en nuestro idioma castellano de origen, pero ya convertido en un ramo muy amplio y rico de flores por su identificación en lo mexicano, colombiano, peruano o argentino, por sólo citar la diversidad de palabras y letras que hacen al español iberoamericano una de las pruebas más claras del paso del ser humano por este planeta para bien.
Citar a filósofos que han enriquecido en lenguaje en lo profundo del alma y su humanismo, sería largo para comprobar que el estudio del lenguaje yendo al México profundo, nos da luces del por qué Toluca nace antes de la llegada de los españoles, y para ello una sola figura en su estudio obliga a comprender la relevancia del lenguaje para ir a las raíces de una cultura como es la cultura mestiza de que nos conformamos por el paso de los siglos los actuales toluqueños y los mexicanos de este país de sangre, sudor y lágrimas en su conformación de nación.
Alicia M. Barabas escribe: Es decir, el surgimiento de diferentes idiomas y sus variantes está relacionado con cambios en patrones culturales, económicos, sociales y políticos, que se ven reflejados en los restos arqueológicos (tipos de cerámica, restos de plantas, canales de riego, terrazas de cultivo, etc.) Al mismo tiempo, las innovaciones compartidas implican historias compartidas, y por ello se buscan creaciones culturales de cualquier tipo que se reflejen en el lenguaje de un periodo, porque indican relaciones cercanas entre personas y lenguas en ese tiempo-espacio, que hacen posible la difusión de cultura e idioma. El estudio de Ángel María Garibay y Miguel León-Portilla sirve para entender la importancia de las lenguas en el desarrollo y la presencia humana en aquellos siglos en que se fundaba la patria mexicana. Entender su interés por la lengua nahua prueba que hubo una cultura poderosa no sólo en lo militar, sino también en la expresión de su lengua que es rica, admirable en sus colores y sonidos, en sus expresiones muchas veces llena de una poética que hoy pervive en el sólo estudio de un libro como el titulado Poesía Prehispánica: Flor y Canto, donde aparecen múltiples escritores de este idioma, cito: Nezahualcóyotl Nezahualpilli, Cacamatzin, Axayácatl, Macuilxochitzin, Tecauehuatzin, Tlaltecatzin, Cuacuauhtzin, Techihuitzin Coyolchiuhqui, Ayocan Cuetzpaltzin, Xayacámacha, Chichicuepon y Aquiauhtzin. Esta reunión de escritores de nuestro pasado prehispánico reúne la diversidad filosófica, lingüística, literaria que nos dejan nuestros cronistas que siguen marcando el paso como sucede con Garibay y Portilla.
Comprender que toda investigación sobre un ser humano, en el deseo de hacer su biografía obliga a ir muy lejos en su árbol genealógico y, en el contexto social en el cual vivió alegrías y penurias; sus éxitos laborales y logros emocionales. Quién puede hacer la biografía de un personaje, si no es capaz de hacer su propia biografía, diría Jorge Luis Borges en su tiempo. Cómo entonces pensar que hacer la monografía de una comunidad, pueblo, villa o ciudad ha de ser tan simple y fácil, que un solo individuo, denominado oficialmente cronista de ciudad o cronista municipal o cronista de comunidad, ello por no citar, a quienes llegan a ser cronistas de instituciones o en particular de alguna área del conocimiento humano. Ser cronista o historiador de una lengua es tarea ciertamente de filólogos, pero lo es también una tarea de pasión y amor por aquello que permite comprender cuán lejos hemos ido en este mundo que habitamos; por lo que es deber comprender que al estudiar al Otro, en sus diversas manifestaciones, lo debemos de hacer con el respeto que obliga toda tarea ética y moral en el deseo de saber de dónde venimos, quiénes somos, a dónde vamos. Dice al respecto Alicia M. Barabas:
Mientras que la cercanía y la frecuentación facilitan el desarrollo de un idioma común, la diversificación lingüística implica interrupción de los contactos entre grupos debido a movimientos de población por diferentes razones, una de ellas la expansión hacia nuevos territorios, muy frecuente en las etapas iniciales de la formación de lenguas, o puede deberse al desarrollo de entidades sociopolíticas que ponen barreras a la comunicación e interacción, como parece haber sucedido en los periodos Clásico y Posclásico en Oaxaca con los señoríos y las ciudades-Estado. Por diversos caminos es que podemos investigar para comprender cuáles fueron los pueblos originarios que pasaron y dejaron huella en Toluca y su Valle que es rico en experiencias relevantes de su existencia milenaria. Sirven la piedras que se encuentran en Calixtlahuaca y, sirven también, las que se encuentran en las alturas, de lo que la cultura popular en este tiempo llama Cerro del Dios Tolo, al que por diversos motivos de cierta academia, y de investigación actual, se le desea dar sólo el título de: Señor Tolotzin, pues no cabe en cabeza de académicos fríos, el que al mirar hace cientos de años hacia las alturas la presencia de formación tan elocuente en su imaginaria cabeza ladeada, pudiera ser el dios de las alturas, que volteaba a ver su sus feligreses; mismos que dejaron en esas alturas muestras de su presencia cultural en cerámica, vasijas, idolillos, y muchos otros objetos, que a la fecha, lleva a no poder descubrir todo el territorio por temor al robo hormiga, lo cual, se ha estado haciendo por cientos de años. No debemos olvidar todo aquello que españoles esclavizadores de matlatzincas y otomíes —por sólo citar a culturas más arraigadas en territorio de la Toluca que conocemos—, hicieron por borrar de esas alturas toda prueba del pasado indígena, junto a curas recién llegados.

