¿Qué es un positivista?
Cuando escuchamos la palabra ‘positivista’ o ‘positivismo’ es muy fácil confundir su significado adscribiéndole algún tipo de relación con ser una persona positiva o pensar en positivo continuamente. Y si bien, la conformación misma nos invita a pensar aquello y hasta cierto punto podríamos hacerlo de una forma legítima, no es exactamente lo que me gustaría presentar aquí. El positivismo es una posición filosófica, una manera de mirar el mundo ya antigua y casi al borde del desfase que; sin embargo, sigue teniendo una presencia mayúscula en las sociedades de nuestro tiempo, nos guste o no.
Para ponerlo en términos simples, digamos que el positivista es aquél que busca en las posibilidades de explicación de la ciencia la validación de cualquier tipo de conocimiento. Generalmente, los positivistas suelen ser filósofos, aunque, de una forma u otra, podemos encontrar actitudes positivistas en los recovecos más propios de nuestra vida cotidiana, en gran parte por obra de la formación que se imparte en la gran mayoría de Universidades. Dar una formación positivista para cumplir con la producción académica que se le exige a las Universidades para subsistir es extremadamente fácil. Simplemente se le enseña al alumno que su trabajo es recopilar y clasificar datos que pueda verificar empíricamente para después ordenarlos en una secuencia lógica que tendrá resultados.
Esta manera de hacer investigación, si bien sumamente efectiva si es que nuestras expectativas son tan bajas, es tan poco satisfactoria como objetiva si es que las aspiraciones del investigador son otras. No son pocas las veces que investigadores en potencia se dan de bruces contra los pobrísimos estándares académicos de sus centros universitarios porque, para sus autoridades, aquello que ni se ve ni se comprueba no tiene valor. Esta es una de las principales causas por las cuales ciencias como la psicología, la sociología, la antropología o la misma historia, han empezado a ser carreras técnicas enfocadas a gestionar personas o grupos de personas en nuestras sociedades.
Tales son los estragos de estar encasillado en esta pragmaticidad que nos hereda un mal entendimiento de la ciencia: que los teóricos encargados de cambiar los paradigmas y de revolucionar nuestro entendimiento sobre estos ámbitos de nuestra vida, sean, cada día, un linaje que, pronto, nos tocará echar de menos por haber preferido la forma y la eficacia antes que la profundidad y el fondo de las cosas.
Entonces…, si me preguntasen qué es el positivismo, al final del día contestaría que es un lastre de siglos pasados –pues sus primeros vestigios rondan el SigloXIX– seguimos manteniendo porque es muy común entregarnos al ejercicio o a la docencia universitaria de una forma técnica, superficial, y orientada a producir profesionales masivamente. Es, pues, la palabra que describe de manera más precisa el fondo por el que vemos en los datos y en la ciencia un paraíso terrenal de objetividad que explica todo por nosotros. Pero que, siguiendo a Ortega y Gasset, nos incita a ser infieles con nuestro auténtico quehacer en todas las áreas del conocimiento que involucran al alma humana, que, siempre serán, muchísimo más profundas que una estadística, o que un dato.

