Que nos disparen y viviremos más
Quise arrancar las pautas que establece un diario periodístico, para acercarme a los lectores y sean ellos quienes le den una mirada a la poesía desde la claridad y autenticidad. Y así formularse entre otras preguntas ¿cómo es leída?, ¿cuánto podemos decir los poetas?, ¿quién puede callar lo que ya se ha dicho? En mi experiencia como autora y también desde la lectura, he notado a través de los años que muchos poetas han sido perseguidos y hasta asesinados por el solo hecho de expresar lo que otros querían silenciar. Uno de los ejemplos más claros fue Federico García Lorca.
A Lorca lo mataron por ser poeta, comunista y homosexual, fue acusado de ser espía de los rusos, delitos penados con la muerte. Sin embargo, queda claro que su asesinato no silenció su voz, por el contrario, su huella permanece inmortal. Sin duda, Federico dejó un gran legado, y si bien la poesía parte de la creación del propio poeta, ésta no se adhiere a uno, por el contrario, está en el aire, en las cosas, en la naturaleza y esa expresión perpetua que brota y trasciende.
La poesía siempre alumbra, resucita y anuda. No existe límite cuando uno vuelve a ella y busca sostenerse, afianzarse y sentarse sobre lo que pervive. Pervive no solo Lorca, también lo hacen Miguel Ángel Bustos, Víctor Jara, entre otros y lo hará todo aquel que crea en la poesía. Por eso que nos disparen y viviremos más. El disparo no es una bala, también es el silencio, el olvido, el ir contra la corriente. Seremos siempre esa expresión fina y audaz que une el intelecto y el arte desde la intensidad de nuestros días.
Alma Ausente
No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.
— Federico García Lorca.

