Qué onda jefe

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Jefe: De todas maneras, ganaste: si hay más allá, Sergio apenas está contigo con Chuy y mi Jefa, que padre, padre, ¿o no? Y si no hay otra vida, tuviste razón en tu razonado ateísmo, y oye, orita que se viene el día del Padre, te me veniste de sopetón. Me acorde de acordarme de ti, y ¿qué crees?, aunque generalmente las mamás se llevan la ovación, hoy orita, un nudote se me hizo en la garganta al acordarme de ti.

Aunque es final de pandemia, creó que habrá panteones abiertos y como siempre con pocas flores, pero yo –ora sí, no como casi todos los años– quiero llevarte una  y con mi cuate Noé, cantarte en la tumba que compartes con mamá, dos que tres de Agustín Lara quien era tu favorito; ¿por cuál resquicio se metió tu recuerdo que me hizo buscar en escritos pasados, lo que te escribí apenas que nos habías dejado?

Abogado:

Quédate ahí, congelado en mi recuerdo. No te muevas licenciado de pobres, quédate un poco más en la retina de mi alma y para que te diga que por ti entendí lo que era la verdadera justicia.

Quédate, no te vayas, estate quieto en el centro del cuadro, tecleando tu vieja máquina de escribir, yunque de la defensa del que pagaba a veces con una gallina.

Dale a Lupe a leer tus expedientes, y pon énfasis en la sentencia ganadora… etc. así sigue.

Así es Jefe, por la seriedad de antes, nunca te dije que te vi, escondida la foto de los periódicos donde nos mostrabas. Nunca te dije como por ti, estudié Derecho y no se me ha olvidado, cuando perdiste tu pierna, esa tu sonrisa con las visitas: lo bueno es que no soy ciclista. ¿Qué me dijo licenciado, ¡poda? ¿no será? Jajaja joda

Jefe, ¿Por qué siento cierto amargor? Pues creo que no me acerqué más a ti y tus recuerdos: Estudiaste en la Libre de Derecho cuando el DF era la capital de los palacios, una colorida postal multicolor: teatro, tranvía, carpas, cines, maestros de fábula… y luego juez en los distritos y en Temascaltepec: mi madre y en El Oro, yo y luego todas hermanas y hermanos que los quisimos tanto y hoy tanto nos queremos.

Jefe, qué onda, abogado de jodidos, corazón de oro, hierático y valiente  a la vez; papá, siempre orgulloso de nosotros, aunque mi jefa y su todocorazón opaque todo, ahora orita, no sé por qué te me veniste de golpe, de sopetón y que bueno, pues aprovecho para decirte Feliz Día… y lo que nunca te dije: Te quiero mucho.

Salud.