Rebeldía y Resistencia en el arte I: Sublevaciones
Este año es de recordatorios y celebraciones del año que fracturó la sociedad capitalista mundial hace cinco décadas: 1968. En especial, a los museos de la ciudad de México han llegado extraordinarias exposiciones de Rebeldía y Resistencia. En las siguientes entregas me ocuparé de ellas: “Sublevaciones” y “Gráfica del 68” del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC-UNAM) y “Memorias del Subdesarrollo” del Museo Jumex. Hoy hablaré de “Sublevaciones”, muestra que desafortunadamente terminó en los últimos días de julio.
Recibía a los visitantes una fotografía gigante que muestra un hombre parado en lo que parece ser una calle llena de piedras, como si fuese un campo de batalla; el hombre está de espaldas a la cámara y por su movimiento es posible concluir que arroja una piedra hacia un escenario que se torna borroso. A la altura de sus piernas, la foto, contiene la explicación de la muestra, en español y en inglés, y al terminar de leer comienza la emoción al saber que ha sido curada por el gran historiador y crítico de arte francés Gerges Didi-Huberman.
Ya podemos deducir, entonces, que nos mostrarán puras “imágenes potentes”, aquellas brutalmente expresivas y que reflejan situaciones sociales, en este caso de sublevaciones, las cuales son diferentes a las “imágenes de poder”, que sólo reflejan la intención de dominación que tiene aquél que ha sido retratado o fotografiado, pero no una expresión social.
Precisamente por ello, a través de un sinfín de pinturas, dibujos, esculturas, películas, videos, fotos, instalaciones y documentos se muestra cuando el “no”, la denuncia y el rechazo se apoderan del espacio entero y a partir de eso, las imágenes dialogan entre ellas, más allá de las diferentes épocas en que fueron elaboradas: desde los tiempos de Goya (principios del siglo XIX) hasta la actualidad, lo que nos deja saber también que el trabajo de curaduría ha sido exhaustivo, minucioso, laborioso. El propio curador lo explica así:
¿Qué nos subleva? Una serie de fuerzas: psíquicas, corporales, sociales. Con ellas transformamos lo inmóvil en movimiento, el abatimiento en energía, la sumisión en rebeldía, la renuncia en alegría expansiva. Las insurrecciones ocurren como gestos: los brazos se levantan, los corazones palpitan más fuerte, los cuerpos se despliegan, las bocas se liberan. Las sublevaciones no llegan nunca sin pensamientos, que a menudo se convierten en frases: la gente reflexiona, se expresa, discute, canta, garabatea un mensaje, fabrica un cartel, distribuye un panfleto, escribe un libro de resistencia.
Es entonces cuando comienza un desfile casi interminable de obras de un centenar de autores de todo el mundo, entre hombres y mujeres bien identificados, así como colectivos y anónimos, divididas en “gestos (intensos)”, “conflictos (encendidos)” y “deseos (indestructibles)”. Sería imposible reseñar en este pequeño espacio a todos, pero hablaré de los que me impactaron más.
Para empezar tres aguafuertes del más transgresor de los pintores españoles, Goya (Allá va eso, Mala noche, Y aún no se van), de la serie Los caprichos (1823). Luego ejemplares de la revista Salud Pública (1848), escrita ni más ni menos que por Baudelaire, Courbet, Champfleury y Toubin, y el facsímil del Aniversario de la Revolución de 1848 escrito por Víctor Hugo.
Una estampa y dos excelsos linóleos. La primera del francés Jean Veber, El domador ha sido devorado (1909), representando al pueblo que neutraliza al político Georges Clemenceau, entonces Ministro del Interior, que no puede seguir reprimiendo a la masa. Y los linóleos: uno ya clásico de Adolfo Mexiac, Libertad de expresión (1954), aquel joven de aspecto indígena con mirada aterrada, cuya boca es tapada con una cadena cerrada con candado, imagen que más bien se utilizó en las protestas del 68; y otro de Fernando Castro Pacheco, Hombre clavado. El drama del henequén (1947), aquel trabajador de los campos de dicho agave, vestido con taparrabos y su cuerpo atravesado por espinas de las hojas de la planta. Las imágenes son terribles, potentes.
Cinco fotografías: dos con composiciones de Tina Modotti aludiendo símbolos soviéticos: Hoz, guitarra y cartuchera y Hoz, maíz y arma (1927). Una de Tadeusz Kantor, Concierto de Mar (1967), un hombre subido en una escalera dentro del mar, mirando al infinito con los brazos en alto dirigiendo la orquesta inexistente y detrás de él bañistas sentados en sillas de playa escuchando el ficticio concierto. Otra de Omar Meneses, Toma de la Finca Liquidámbar, Ángel Albino Corzo (1994), de cuando peones acasillados simpatizantes del EZLN toman esta hacienda que representaba la explotación y en cuyo interior se aprecian pósters de Marilyn Monroe. Una más de Francis Alys, Vivienda para todos (1994), donde se observa un refugio temporal construido en medio del zócalo capitalino el día de las elecciones de 1994, hecho con materiales plásticos de la propaganda de campaña del candidato Ernesto Zedillo.
Un video de Javier Téllez, Bala Perdida (2005): pacientes psiquiátricos de Mexicali marchan para reivindicar derechos de enfermos mentales; el clímax es cuando un hombre bala es lanzado desde un cañón de la frontera mexicana al espacio norteamericano. Un libro con el rostro de Peña intervenido con insultos por Cristina Paoli y Julio Zenil: Rateros vendepatrias asesinos (2012). Una portada del periódico Rosso (1976) con el encabezado A salario di merda, lavoro di merda. Una litografía de Cildo Meireles: el Zero Dólar (1978), simbólico billete verde sin valor. Escultura de Vicente Razo: Revolucionario Institucional (1994), seis botellas del refresco utilitario de la campaña del candidato Zedillo, transformadas en bombas Molotov. Y una instalación de Francisco Toledo: Papalotes de los [43] desaparecidos (2015).
Está de más decir que en la exposición el criterio temporal no es tan importante como mostrar la transhistoricidad de la idea de “sublevación”, es decir, que no sólo se presenta en una época determinada sino que se le puede encontrar en varias. El lector interesado puede tomar estos apuntes como guía para seguir las obras de los artistas mencionados, y a aquellos que tengan mayor curiosidad les puedo ofrecer información de otros autores incluidos en la misma. En cualquier caso vale la pena buscar lo que hay de ella en internet.
















