Recorridos

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Tras caminar por la Alameda de Toluca observo al último emperador azteca, Cuauhtémoc, postrado justo en el centro, como elevando una plegaría a sus dioses. Se acerca el Día de la Independencia. ¿Deberíamos agradecer al gobernador Gustavo Baz Prada por haberle puesto ahí para conmemorar el triunfo de la Revolución Mexicana? Sólo me queda pensar en los recovecos del pasado de este lugar.

 

Alargo la vista, camino hacía la Fuente de los patos que han sufrido tantos ataques, ignorando que, en su lugar, sólo queda el recuerdo de los animales que podían encontrarse en ese mismo sitio a finales del siglo XIX, donde había un pequeño zoológico que albergaba faisanes, águilas, una pajarera  y también se criaban venados. Ya no están los invernaderos, el lago, es sólo un recuerdo vago y confuso.

Encuentro la Biblioteca Infantil y Juvenil, en su interior podría tomar algún libro de interés y recomendarlo, si alguien es un poco mayor, debería acercar a sus hijos, para que nazca en ellos esa pasión por la lectura.

Tras caminar un poco más, veo la Fuente de las Musas, que originalmente estaba en la Plaza de los Mártires, y que dicho sea de paso, cuenta con más de cien años de existencia, haciendo gala de un estilo versallesco, en verdad, un deleite a los sentidos.

Caminar entre sombras siento a los testigos silenciosos que deben callar las historias que, cansados están ya de mirar, majestuosos árboles robustos que mitigan el cansancio en tiempos de calor, al igual que la brisa de la fuente que acaricia mi rostro, invitándome a hacer una introspectiva.

Las vacaciones de verano terminaron, parece que los astros se hubiesen conjurado para adornar el mes de septiembre. Los niños ya no juegan con sus pies mojados en la Fuente ni en la Esfera de Cobre y el Área de Juegos para esparcimiento de los niños se va tornando vacía, pero no así el escenario donde se llevan a cabo Eventos Culturales, la velaría del Teatro al Aire Libre.

 

Los tiempos de Tolocan se asoman, pero no regresan.