Revolucionado ante la pandemia

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“Con estos acontecimientos comprendo que los que deseábamos un cambio, nada debíamos esperar de arriba”

Francisco I. Madero

 

La efímera tranquilidad que nos ha tocado vivir en esta época es alarmante, rodeados permanentemente de peligros infecciosos como el famoso virus SAR-CoV-2 y otros tantos que han sido señalados en los medios de comunicación, nos han hecho analizar los alcances y avances médicos que tenemos y que tanto estamos preparados para vivir y adaptarnos a casos de emergencia como lo son la sanitaria o la ambiental, las cuales azotan la geografía mundial.

 

Los signos apocalípticos que muchos dan a las consecuencias de nuestro comportamiento azaroso con el medio ambiente, nos han hecho pensar una vez más en ¿qué impacto ha tenido nuestro paso por el mundo?, ¿qué estamos haciendo con la casa-sustento que nos sirve de morada a todos? Son muchas las aristas de una realidad que se refleja en el día a día. La contingencia sanitaria nos incita a adentrarnos en la magnificencia de nuestra persona, en nuestras fortalezas; pero más aún en nuestras debilidades.

 

Demos paso a observar con detenimiento lo que nuestro propio ser anhela, esta mágica realidad de pensamientos convulsos, en donde se habla y se especula sobre el porvenir de la humanidad; se habla por ejemplo de la cura para la pandemia, se manifiesta que debemos acostumbrarnos a vivir con el virus COVID-19 y que la pandemia se convertirá en endemia, que el virus está mutando y se hace más fuerte, e incluso existe la noticia de que se está propagando en animales, se habla de cuidados y prevenciones, de cifras alarmantes, de curas naturales y de remedios no probados, de teorías conspiratorias, del efecto devastador en la economía global; esta ruleta de información y desinformación lacera nuestra propia forma de concebir el mundo.

 

Mientras halla ciudadanos preocupados por lo que se vive en su país, también habrá quienes alegan la falta de credibilidad en la “supuesta enfermedad”, esto tiene una repercusión considerable en el sector salud donde los repuntes y notas del caso parecen un efecto de cardiograma; con sus altas y bajas, con picos de alto riesgo y caídas inusuales según la propia estadística; este ir y venir de incertidumbre está haciendo grandes estragos en la sociedad, pues aunque nos encontremos plagados de campañas publicitarias, pareciera que estas no hacen eco y que por el contrario muchas personas están sacando “raja política” de estas contradicciones, dentro de un periodo electoral que aún ni siquiera empieza y que pareciera está muy avanzado.

 

Se nos han pasado fechas simbólicas y significativas para nuestra Nación y es que la gran mayoría vive el tema del confinamiento social aislado del calendario, realizando una vida sedentaria y desproporcionada de la habitual normalidad, la gran mayoría de la población mexicana dice que el tiempo se le ha pasado muy rápido, estamos ya a punto de cerrar el famoso 2020, con todas las implicaciones que ha tenido; muchos esperan venturosos la llegada del año 2021 para tener un nuevo rostro de esperanza.

 

Así, vivimos el jolgorio reservado de nuestra tradicional fiesta patriótica del inicio de la lucha independentista; pasamos lista en el escenario de la anécdota, al celebrar el día de muertos aislados socialmente en el recuerdo de nuestros seres queridos, de los muertos pero también de los que siguen vivos; la enfermedad está llegando al alma y la nostalgia empieza a invadir la esfera de nuestro entorno, en una situación atípica estamos celebrando sin celebrar o viviendo una fiesta sin fiesta, no en todos los escenarios es la misma situación; pero en la gran mayoría hay la expectación de como pasar lo que viene.

 

En nuestro calendario cívico se hace referencia al festejo patrio de la lucha revolucionaria “nuestra Revolución Mexicana”, una lucha que es sinónimo de evolución, de transformación, de crecimiento y de libertad sobre modelos que se consideraron poco beneficiosos para la ciudadanía; es la revolución mexicana síntesis de los anhelos humanistas de sus ideólogos, del clamor social de un pueblo herido en su orgullo, pero con el pecho henchido de fuerza, lo pone entre el peligro y la patria para poder defenderla.

 

La revolución mexicana estimado lector, es el ejemplo histórico de que cuando las cosas no marchan bien, debemos generar unidad, patriotismo y alzar la voz con propuestas e ideas claras; debemos hacernos escuchar y concientizar a la sociedad, y si es necesario debemos accionar. No toda revolución lleva en las armas su nombre, en ocasiones la chispa de la libertad se alcanza solo forzando la evolución, y este es el momento de evolucionar; las demandas mundiales así lo exigen, es necesario que cambiemos nuestra mentalidad, nuestra forma de vida; nuestros ideales se deben ver reforzados por la componenda de la humanidad, de la unidad, de la fortaleza inquebrantable a favor de todos.

 

En estos tiempos en donde lo que se busca es recobrar nuestra libertad y romper la cadena de opresión que nos ha impuesto la contingencia sanitaria, debemos ver la llama eterna de la esperanza para ser mejores seres humanos, más armónicos, más fraternos y corresponsables de nuestro entorno; y por muy inusual que esto parezca, si bien son los medicamentos y los avances de la ciencia los que pueden hacer que esta pandemia cese, es evidente que el espíritu humano ha sido lacerado y que requiere una sutura mayor; en donde se permita que los esfuerzos de la humanidad tengan un fin común: el crecer como humanidad y el generar un bien común.

 

Hagamos una nueva revolución mexicana, un renuevo de la fuerza mexicana que pretende evolucionar o revolucionar; que esta fecha cimbre las latitudes del suelo mexicano: es necesario que exista una revolución de ideas, una revolución de fuerza creadora que aspire a producir vacunas, remedios en contra de los males sanitarios que aquejan a la humanidad; hagamos una revolución de voces de esperanza que ensalcen las cualidades humanas y que nos permitan entender que no son las autoridades las únicas responsables de nuestro mejoramiento, sino que es la propia sociedad la que debe sumar a su crecimiento.

 

Juntos como nación, como sociedad activa re-evolucionemos y hagamos que se ensalce nuestro valor como humanos; seamos solidarios con los que han caído en el combate contra la enfermedad y recarguemos nuestras municiones para ir a la batalla de las propuestas llevando como bandera la dignidad humana.