Risita de la tarde

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Camino presurosa a la salida; huyo del acoso de la jefa. Metida en mis pensamientos, doy el buenas tardes apurando el paso al estacionamiento. Me duelen los pies, los tacones ya  me hartaron. Miro a los trabajadores y subo al carro antes de que alguno de ellos me haga plática.

Me trepo al auto, acomodo el cinturón y me despido de Tiberio que baila acompañado de la jerga, trazando pasos entre las cubetas lo miro diciéndome: qué friega quedarse hasta las nueve.

Me alejo del trabajo. Mientras manejo tarareo pensamientos y hartazgo. Frente al volante procuro ir despacio… Cuidado con las boyas, lenta con la curva, con los autos; llegar a casa es el aliciente para atravesar la ciudad.

Me detiene el primer semáforo, entre sus luces y los últimos destellos del día, hago luz a mi interior: respiro hondo para no pensar.

Luz verde, arranco interrumpiéndome la fila larga del otro semáforo; otro suspiro y miro la fila contraria. Los segundos de espera llevan mis ojos al conductor del jeep que ya me observa con una sonrisa amplia. En cómplice ceremonia, encojo los hombros divertida; siento inusitados brotes de alegría.

El diálogo a distancia lo concluye el cambio de luz. Apresuramos la despedida extendiendo la palma de la mano en símbolo de adiós.

Acelero para dar continuidad al tráfico. Ya no voy sola con mis reflexiones, el cansancio desapareció ahora llevo la sonrisa de la tarde.