Rutina
No sabré nunca si ya había escrito algo sobre este tema, supongo que no, pues no está entre mis rutinas el hablar de los sistemas que nos mantienen atados a ciclos interminables de actividades –poco productivas algunas– y otras que, definitivamente, sólo procurarán el sustento.
Hacer las cosas por mera práctica hasta lograr sistematizarlas, volverlas un auténtico rosario de eventos concatenados que pasen sin darse cuenta. Que todo pase rápido hasta la libertad, pero ésta, se sabe ausente, se presiente inalcanzable día tras día, de rutina.
Secuencia invariable para fundamentar la existencia, el hábito sí hace al monje, dormir, comer, desechar, comer, merecen más, se precisa un diseño de la vida, un plan que recopile más de esto, pues los pasos para ganar el éxito o la salud o el amor requieren de buenos hábitos, buenas rutinas.
El camino deseable a la perdición, está llena de esto mismo: rutina y más rutina, productividad en pasos chiquitos. Skinner y Pavlov volverían de sus tumbas si supieran lo condicionados que estamos y lo poco que lo percibimos. La recompensa de aquellos tiempos es lo que más hace falta a estos tiempos actuales: la gloria científica, la fama mundial, eso ya está perdido, otorgado a otros, por tanto nuestros hábitos no son rigurosos, carecen, digamos de exigencia.
Aristóteles explicaba el hábito como hexis y ethos, palabras que hoy podrían traducirse como descripción de lo que somos o aquello que nos caracteriza para conocernos a nosotros mismos, cualidades estables de las personas, de su moral y su intelecto.
A falta de una rutina propia me hice al molde de una rutina impuesta. Otros designan mis horarios, cada día es igual al anterior, ¿Ya pasó un año? El tiempo pasa volando…
