+ S.O.S.: Desigualdad, Pobreza, Impunidad, Corrupción, Inseguridad

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La frase:

Nada como recordar la historia triunfadora del Toluca, con muchos de sus protagonistas.

RECORDAR ES VIVIR

     

S.O.S.: Desigualdad, Pobreza, Impunidad, Corrupción, Inseguridad

En México se está viviendo un retroceso sin precedente en materia democrática, luego de una larga lucha contra el presidencialismo, el partido único y la antidemocracia, pero paradójicamente este retroceso se está gestando desde el primer gobierno de la izquierda mexicana, cuando históricamente esta corriente ideológica abanderó la lucha por la libertad, la justicia, la democracia y la pluralidad política, y ahora se esmera en consolidar el militarismo, centralismo y la autocracia.

 

En un amplio estudio, Javier González Rodríguez y Jesús Cervantes, director y pasante, respectivamente, en Ethos Innovación en Políticas Públicas, exploran los caminos para prevenir el autoritarismo, pero de antemano advierten que los enemigos más firmes de la salud democrática son: la desigualdad, la pobreza, la impunidad, la percepción de corrupción, la inseguridad y otros problemas estructurales a los que no se les ve salida en nuestro país.

Ethos.

Refieren que ya la publicación del Latinobarómetro 2023, en julio pasado, recoge por medio de encuestas de opinión el sentir sobre la democracia y su desarrollo en América Latina; y si bien desde hace algunos años los resultados del análisis señalan una tendencia hacia la des-democratización en México, los datos de este año reflejan un ascenso dramático de la propensión hacia el autoritarismo entre la población en general.

Comentan que es evidente que México se ha unido a la numerosa lista de países como Brasil o Estados Unidos en donde la democracia parece haber defraudado las expectativas de la mayoría, además de sumergirse en los mismos procesos de autocratización que atraviesan Israel, Rusia, Bolivia, Nicaragua, El Salvador y, nuevamente, Brasil y Estados Unidos, por ejemplo.

De las variables del estudio, quizá las más alarmantes son las que reflejan la falta de aprecio a la democracia, pues durante el presente año, la democracia como mejor forma de gobierno tuvo un apoyo de sólo 35 por ciento, una disminución de 8 puntos porcentuales en comparación con la medición del 2020.

Y a la par, la preferencia por un gobierno autoritario creció 11 puntos porcentuales, pasando a un 33 por ciento, lo cual coloca a México como el país con mayor preferencia por el autoritarismo en toda Latinoamérica. Y esto es lo preocupante.

En el balance por país, Latinobarómetro refleja que en México un tercio de la población apoya la democraciaun tercio es indiferente al tipo de gobierno y el otro tercio apoya el autoritarismo. A pregunta expresa sobre la satisfacción con la democracia, 61 por ciento de los encuestados se declara insatisfecho.

Pero además de las tendencias frente a la democracia, el estudio recoge lo que denomina actitudes no democráticas: en nuestro país, a 56 por ciento de los encuestados no le importaría que llegara al poder un gobierno autoritario mientras resuelva los problemas, al tiempo que casi la mitad apoyaría que el presidente controle los medios de comunicación en caso de dificultades.

Sobre los partidos políticas y su rol en la democraciaLatinobarómetro proyecta que, en México58 por ciento de los encuestados considera que la democracia podría funcionar sin partidos políticos, lo que no sorprende en un momento de enorme decepción con las más recientes alternancias en el poder, la crisis de representatividad y la irrupción de las redes sociales como vehículos de participación política.

Resulta alarmante el aumento tan significativo del apoyo al autoritarismo en México en tan solo tres años, pero la respuesta podría estar en que se trata de un síntoma de que México se encuentra en la peor crisis de su democracia desde la transición del año 2000, cuando un partido diferente al Partido Revolucionario Institucional (PRI) arribó al poder con Vicente Fox Quesada del Partido Acción Nacional (PAN).

 

Los académicos explican que Adam Przeworski, en su libro Crises of Democracy, identifica fenómenos políticos, denominados señales, que han ocurrido en países cuyas democracias se han debilitado seriamente, y estos indicios son la erosión del sistema de partidos tradicionales, la volatilidad electoral, el deslizamiento hacia la derecha de las propuestas partidistas, la aparición de actores abiertamente populistas, y la disminución del apoyo a la democracia en las encuestas de opinión.

Adam Przeworski.

Detallan que esto es así porque generan que la población deje de percibir la competencia electoral y el intercambio de ideas como los medios más adecuados para la sucesión de los gobernantes, mientras se genera un sentimiento crónico de desconfianza en los partidos tradicionales y en las instituciones democráticas.

Por lo mismo, refieren que en diferentes países de la región, cuyas democracias han transitado por profundos procesos de inestabilidad, descontento social y amplias desigualdades, es visible una ciudadanía desalentada, propensa a hacer suyos los postulados de candidatos populistas que, una vez en el poder y mediante estrategias pretendidamente legales, se han dedicado a desmantelar las instituciones democráticas, usualmente las que funcionan como árbitros o equilibrios entre los distintos Poderes.

 

Los analistas concuerdan con Steven Lebitzki y Daniel Ziblatt, cuando en su libro Cómo mueren las democracias, sostienen que la mayoría de las democracias no se ven afectadas de un plumazo; es decir, no se desfiguran de manera abrupta. Las democracias son capaces de soportar prolongados periodos de polarización severa y alta desconfianza, puesto que el desgaste del sistema toma tiempo, pero todos los regímenes democráticos tienen sus puntos de rompimiento, así llegue de manera casi imperceptible.

 

Es precisamente en el proceso de desafección democrática cuando se hace aceptable por la ciudadanía que un político antisistema rechace las reglas de la competencia, niegue la legitimidad de sus oponentes, tolere o incluso promueva la violencia política y tenga un papel protagónico en los medios de comunicación.

No será fácil salir, pero el deslizamiento hacia el autoritarismo puede contenerse cuando se permite a la ciudadanía participar en la definición de la agenda pública y el control del poder político, ¿no le parece a usted, estimado lector?