SAN JUAN CHIQUITO

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Bella profesión la del Cronista en la vida humana. Admirable y eficaz porque dibuja los hechos cotidianos que se suceden en todo espacio donde radica el hombre y la mujer, la familia o vecindarios, condominios y zonas residenciales, nada le queda ajeno. El libro de don Alfonso Sánchez García, titulado San Juan Chiquito / Un barrio de Toluca, de la serie de Arte Popular y Folklore, publicado por Gobierno del Estado de México a través de la Dirección de Patrimonio Cultural y Artístico. En Toluca año de 1978. Material de cerca, muy cerca del corazón y, de la realidad, trae el afecto del profesor Mosquito en sus vivencias en el barrio en que vivió. Lección número uno, para quien quiere ser Cronista, el escribir y hablar de aquello que vive. De aquello que investiga. No de oídas, sino teniendo los pelos del burro en la mano.

Mi maestro en el mundo de las letras, maestro en su ejemplo, como funcionario del sector público: haber trabajado cerca de él por cuatro años. Dos, cuando el escritor y periodista fue subdirector en la Dirección de Patrimonio Cultural del Gobierno del Estado de México en el periodo de Alfredo del Mazo González y Alfredo Baranda García. Años, en que —diciembre de 1985 a septiembre de 1987—, fui designado Coordinador General de Cronistas Municipales, por el secretario de Educación, Cultura y Bienestar Social, Licenciado Emilio Chuayffet Chemor. Designación que no he de olvidar, pues me puso cerca de don Alfonso Sánchez García y de los cronistas, que venían en un número mayor a la veintena a principios de los años ochenta: Margarita Loera Chávez, Ricardo Poery, Alfredo Fragoso, Isaac Velázquez, Pedro Gutiérrez Arzaluz, Jesús Imof Cabrera, y José Luis Alanís Boyso, los que durante la época en que Mario Colín Sánchez les designó. Funge como director de Patrimonio Cultural y Artístico  durante el gobierno que preside el Dr. Jorge Jiménez Cantú. Tiempo de no olvidar. Para el mes de enero de 1986 se constituye ante la presencia de Notario Público, la histórica Asociación Mexiquense de Cronistas Municipales (AMECROM). Momento importante para la crónica en la entidad y ejemplo para el país, la designación, en aquel entonces         —de 121 cronistas municipales—, iba más allá de la figura del cronista de ciudad.

En ese tiempo es que conviví alegre y felizmente, a quien llamábamos el profesor Mosquito. Así se firmaba en el vespertino El Noticiero, periódico que identificábamos por el color azul de su tinta. Para entonces, lo había visto y admirado en otras actividades, en particular periodísticas. No le he de olvidar nunca: sin embargo, por momentos de convivencia tan cercanos en su oficina de la subdirección referida; después, por ocupar en el gobierno del Lic. Mario Ramón Beteta el cargo de Coordinador General del Instituto Mexiquense de Cultura —segundo en importancia—, colaborador del primer director del IMC: el escritor e intelectual, don Salvador Reyes Nevares. Quien venía del estado de Durango, ya reconocido estudioso de la cultura mexicana a través del grupo Hiperion que surgiera en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En mi caso, tuve el honor de ser director de Patrimonio Cultural de octubre de 1987 a principios del año 1990. Al cambio gubernamental de don Mario Ramón Beteta, por la llegada como gobernador de Ignacio Pichardo Pagaza, en septiembre de 1989. Recuerdo que don Alfonso Sánchez García —mi maestro y amigo—, presentó su renuncia al puesto que tenía, al saber de la llegada al Instituto Mexiquense de Cultura del nuevo director, ingeniero José Yurrieta Valdés.

Si se desea recibir lección de lo que es ser Cronista, es necesario estudiar su libro: San Juan Chiquito un Barrio, del que leo en la Introducción: En 1955 escribí para “El Sol de Toluca” —Suplementillo dominical donde colaborábamos de gorra el inolvidable don Germán Vilchis, Nachito Medina Ramos, que pergeñaba sus crónicas en el reverso de las actuaciones judiciales; Gerardo Cuéllar, mi talentoso cuñado; Guillermo Dorch, Ordoñez Colón, el gran Mesié Pérez y hasta Onésimo Reyes— una serie de referencias a mi viejo y discriminado barrio de San Juan Evangelista, llamado por razones más bien de competencia ceremonial, “El Chiquito”. De eso se hace el Cronista, de recuerdos y más recuerdos, de vivencias y más vivencias, de relaciones sociales por doquier, donde destacan aquellos que tienen la misma vocación. No hay pierde en las lecciones que el profesor Mosquito nos da, pues sus palabras confirman el hecho de que la profesión más extendida de la literatura lo es sin duda la vocación del hombre y la mujer por la crónica. Lo que sucede es que no nos damos cuenta de esta verdad. Todos dentro y fuera de la familia tenemos las vivencias y ellos se demuestra, en cada reunión.

Recordar la infancia o la adolescencia en memorias de lo familiar, o de los amigos de vecindad o colonia, así como aquellas que vienen desde el jardín de niños y por todos los ciclos escolares en que recordamos lo sucedido en aulas, con nuestros condiscípulos y con nuestros profesores. Anécdotas saltan por todas partes y en todo momento. Esa actividad inconsciente muchas veces es la médula de la vida del Cronista. Dice don Poncho: En realidad, que se minimice al evangelista en comparación el que bautizó al señor, no demerita en forma alguna al secular suburbio que se localiza por las calles de Sor Juana Inés, Gómez Pedraza, Santos Degollado (nomás ayer calle del general Prim, que por abuso de ignorancia en algunas vecindades aparecía Rpim), algo de Lerdo que entonces era Arteaga y su Río de las Márgenes Podridas, un poco de Pino Suárez y un algo de Rayón. La mente del Cronista de estos datos se forma. Datos que muchos integrantes de diversas familias cuentan y recuentan en las reuniones familiares y de amigos, comprobando mi idea, que entre las tradiciones orales y escritas la del cronista que todo recuerda y revive, pertenece a la sabia humana, cual fortaleza de su identidad y sobrevivencia como especie.

Escribe en su Introducción: Digo en que no hay demérito porque si bien el Bautista puede presumir de viejo poblado toluqueño, una multitud de autores que van desde el señor Garrido hasta el profe Romero Quiroz están de acuerdo en que el primero y único barrio que tuvo durante siglos la muy noble y leal ciudad de los chorizos, fue precisamente el de San Juan Chiquito. Deseamos saber lo que es un verdadero Cronista vayamos a leer, estudiar a profundidad a don Alfonso Sánchez García, maestro inolvidable cuyo humanismo en tratar a infantes, adolescentes, jóvenes, adultos y mayores de edad era prueba de su bien tratar a todos por igual. Así el alto funcionario de gobierno o a los estudiantes de las escuelas secundarias de Toluca, que en su oficina estaban formados en fila esperando al Cronista de Toluca, para que les explicara de las cosas de la ciudad y del municipio. Don Poncho pertenece a esa generación del siglo XX que lo mismo convive con Mario Colín o Gustavo Velázquez o con el poeta Josué Mirlo, al que visitan en su pueblo, Capulhuac, con admiración y orgullo de contar con un poeta de tan brillante estrella como creador de la lengua y de imágenes que hoy son patrimonio cultural para la entidad mexiquense. Relatar sus relaciones en el ámbito público, de su vida social y cultural es ir por senderos de enseñanza una y otra vez. No es fácil encontrar a otros personajes de Toluca que con tanto cariño fraternal nos tratara a todos, pues muchas veces me encausó para atender a los cronistas municipales, cuya diversidad cultural y de personalidad obligaba a poner atención en los detalles y, en particular, atendiendo la personalidad de gente sabía de lo suyo. Fue leal y respetuoso colaborador en aquellos años que conviví en el trabajo del Dr. Augusto Isla Estrada, director de Patrimonio Cultural y después de don Salvador Reyes Nevares y, con los dos tuvo relaciones de respeto, afecto y reconocimiento que se daba en su doble sentido: ellos sabían que don Poncho era una institución, un tesoro humano para la entidad y, en particular para el municipio y ciudad de Toluca, por lo que le respetaban y aceptaban su profundo conocimiento de lo público y social.