+ Seguridad Ciudadana, la Prioridad para la Flamante Gobernadora; César Camacho Quiroz pide abrir las puertas a opciones más frescas, cosa que él no hizo como presidente del PRI nacional

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La frase:

¿Por qué ni PRI, ni PAN, ni PRD y mucho menos Nueva Alianza, sumó votos de las personas que salieron a marchar para defender al INE?

¿QUÉ LES FALTÓ?

 

OPCIONES FRESCAS PIDE CCQ

 

Una semana después de la elección fallida para el PRI mexiquense, en que a pesar de haber obtenido más votos que en la elección del 2021 –Del  Mazo dixit– César Camacho Quiroz dice:

Si los partidos no abren sus puertas de par en par para opciones más frescas, quizá con menos experiencia en la política militante, es más, en algunos casos quizá con ninguna, pues mejor, porque, además, si son gente bien intencionada, gente bien preparada para determinadas responsabilidades, les va a ir mejor.

Entrevistado por Roberto Zamarripa en un diario editado en la capital del país, el ex gobernador César Octavio Camacho Quiroz, uno de los pocos mandatarios no electos por el pueblo, quiere que el PRI abra las puertas a opciones más frescas, cuestión que él no hizo como presidente del PRI nacional, y para las cuales él haya tenido un tremendo valladar inexpugnable que ha impedido ese surgimiento que ahora pide y que para colmo también su hijo impide la llegada de esas otras opciones.

En una extensa entrevista, que más adelante analizaré, llama a analizar las culpas, pero no al calor de los resultados y de paso defiende a Alfredo del Mazoquien lo apoyó para ocupar su actual puesto de presidente de El Colegio Mexiquense.

Peticiones

Seguridad Ciudadana, la Prioridad para la Flamante Gobernadora  

Por primera vez, el Estado de México será gobernado por una mujer, y desde ahora se le demanda que su prioridad sexenal sea la seguridad ciudadana con un enfoque profesional, de tal suerte que las mujeres mexiquenses puedan gozar de plena seguridad en todos los ámbitos de su movilidad, porque con ello habría menos feminicidios, menos agresiones a este sector mayoritario de la población y la seguridad se haría extensiva a los trabajadores, los estudiantes y a las familias.

Está claro que sin seguridad ciudadana difícilmente se podrá avanzar en las políticas de género que le brinden igualdad de oportunidades a las mujeres, garantías de desarrollo a las empresas, posibilidades de estudio a la juventud, espacios de esparcimiento para la niñez, y condiciones para el fortalecimiento y la unidad de las familias mexiquenses.

Pero para atender con prontitud y eficiencia esta exigencia fundamental, será preciso que la flamante gobernadora electa Delfina Gómez, tome en cuenta la advertencia de Ernesto López Portilloespecialista en materia de seguridad, quien precisa que los andamiajes de la seguridad ciudadana y la seguridad nacional son diferentes, pero el discurso político los ha confundido, jalando la primera hacia los estándares de la segunda. Si la primera debe ser lo más transparente posible y así es como funciona mejor, la segunda opera lejos del control democrático ciudadano.

Partir de tal fundamento es indispensable, sobre todo cuando vemos que la hegemonía política actual ha llevado al límite la confusión entre función policial y función militar, a partir de la socialización del discurso político que confunde la seguridad nacional y la seguridad ciudadana.

La gobernadora electa Delfina Gómez debe tomar nota precisa: Desde hace décadas, el especialista ha insistido en aclarar la diferencia conceptual y jurídica pero no ha sido posible. La operación mental en la mayoría de los gobiernos y la sociedad es simple: si la seguridad ciudadana es socavada por amenazas que rebasan las capacidades policiales entonces deben intervenir los militares; se trata de una lógica básica incremental que no distingue diferencias cualitativas.

Pero las consecuencias de partir de este razonamiento, al profundizarse las violencias, en particular las asociadas al uso de armas de fuego, parece estrictamente lógico llamar a los militares porque justamente tienen más capacidad de fuego y usándola lograrán someter las amenazas que la policía no logra dominar.

En síntesis, bajo esa lógica: si usamos más fuerza tendremos mejor seguridad ciudadana y nacional, habida cuenta de las amenazas armadas.

Sin embargo, el experto en seguridad advierte que esta concepción generalizada es consecuencia, y a la vez causa, del histórico debilitamiento de la policía porque, entendido el problema de la seguridad como un asunto de capacidad de uso de la fuerza con armas de fuego, las instituciones policiales son miradas, en el mejor de los casos, como débiles y, en el peor, como inútiles. Las policías no me sirven porque las amenazas las rebasan; por tanto, mejor pasemos la inversión a quienes tienen las mejores armas: los militares.

Es así que desde los gobiernos y desde distintos sectores de la población que promueven la democracia, convergen en el mismo razonamiento: ponen el uso de la fuerza armada en el centro de su comprensión sobre la seguridad y, por tanto, convalidan relativamente la intervención militar.

El asunto es que el fundamento mismo del razonamiento está en el error, si consideramos que la policía es un cuerpo encargado de velar por el mantenimiento del orden público y la seguridad de los ciudadanos; en tanto que los ejércitos se encargarán de la seguridad nacional; es decir, de enfrentar a aquellos agentes que ponen en riesgo o amenazan al Estado.

Luego entonces, la opción correcta está en entender y saber diferenciar que la seguridad ciudadana protege a la ciudadanía, mientras la seguridad nacional protege a las instituciones. Seguir haciendo lo mismo será camino al fracaso seguro.

Entender bien esto cambia todo, dado que no son intercambiables la seguridad nacional y la seguridad ciudadana en los conceptos, las normas, los programas, los presupuestos, las estrategias, los procedimientos, los estándares y demás.

Y lo más importante: para que la protección, vía la seguridad ciudadana, realmente funcione, debe ser operada con instituciones que aprenden a trabajar directamente con la gente en las comunidades, de ahí el crecimiento global de la policía orientada a la solución de problemas y de la policía de proximidad. En cambio, la seguridad nacional opera lejos de la gente a través de procesos cuya eficacia no depende directamente de la colaboración con ésta.

De hecho, la realidad de la intensa militarización que se ha impulsado desde el gobierno federal, nos ha demostrado que las instituciones militares habilitadas como policías son el paradigma de la confusión, pues la doctrina militar asociada a la seguridad nacional engulle a la seguridad ciudadana, sacando a la calle uniformados cuya doctrina, mística, disciplina, normas y estándares de operación funcionando bajo la mayor opacidad posible.

Lo peor: los indicadores confirman que la Guardia Nacional funciona por debajo de los más básicos estándares de operación de la seguridad ciudadana, en particular en su dimensión vinculada a la investigación de delitos.

Lo grave: que detrás de la decisión de transferir la seguridad ciudadana a los militaresentregándoles la función policialestá un despropósito lleno de implicaciones destructivas profundas. Por eso la flamante gobernadora electa Delfina Gómez no puede equivocarse al diseñar el fundamento de un gobierno del que se esperan resultados serios y rápidos, ¿no le parece a usted, estimado lector?