SI NO QUIERES IR A LA FIESTA NO VAYAS…

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La ansiedad y hasta mis hábitos han podido mutar, dejar de ver problemas donde no los hay y oler nuevos aromas de expresión, hice una playlist para cuando manejo, otra para cuando me baño, para cuando cocino y hasta para mi hija, disfruto mucho mi propio orden, disfruto hacer lo que me gusta, pero sobre todo disfruto negarme a estar donde no quiero estar, a donde no quiero ir y de ver a quien no quiero ver, pero más que negarme, me ha maravillado saber decir que si, acceder, asentir y hasta pedir, qué horrible sería vivir sin esos dos caminos frente a nosotros, el rojo y destellante no, y el aburrido pero fácil sí.

Esta es mi columna número 50, como que no lo creo, comencé este hermoso proyecto interno de la mano de una persona que me ha ayudado a creer más en mí, pero sobre todo a creer que las palabras sí llegan lejos, escribo por mí, para mí, pero siempre supongo un escenario de muchas personas, que si me leen podrán conocer ciertas sombras de mí o quizás poderme poner un color en vez de mi propio nombre, hace poco escuché que para poder reconocer las memorias o los hechos de un día, es muy bueno escribirlos, he encontrado, así, en mis manos un poder divino, el tecleo de las letras y mi libreta abierta todo el tiempo, la libertad de agarrar mi pluma dibujar y escribir, precisamente hoy me ha ayudado a sanar muchas heridas, sanar de adentro hacia afuera, y obviamente me ha inclinado mucho más a la lectura, por ende si escribo más, quiero leer más, sólo así podré mejorar.

Me encantaría hacer crecer este nuevo hábito de la escritura de mil y una maneras, pero no sé cómo, ¿ustedes cómo hacen florecer los hábitos que aman?, como median la leche y el café, cómo cuentan las historias tristes, escribo sin siquiera pararme de la silla, pero en algunas ocasiones me transformo en un susurro de páginas borradas, tachadas y mal escritas, huir de esos miedos de saber que mis palabras están allá afuera, bailando, es mejor ver al techo y dejarlas regadas por todas partes.