Sor Juana Inés de la Cruz (1651 [¿1648?]

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Mucho se ha especulado en torno a la fecha de nacimiento…

Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana nació el 12 de noviembre de 1651 (o de 1648) en San Miguel Nepantla.  Una hacienda ubicada al pie de los volcanes, fue criolla probablemente de ascendencia vasca.

En un texto autobiográfico, la poeta cuenta que su amor por las letras se dio –y así lo dice– desde que me rayó la primera luz de la razón,  y que a la edad de tres años, siguiendo a su hermana, tomó lecciones y aprendió a leer. En verdad que era una niña prodigio. A los ocho años, escribía perfecto en latín.

La curiosidad siempre la motivó a leer y a estudiar. A la edad de siete años, y al enterarse de la existencia de la Universidad de México, solicitó a su madre que la enviara a estudiar allá, disponiéndose a cambiar el vestido por uno masculino si fuese necesario. Porque en aquel entonces, la universidad era exclusiva para los hombres.

Ante la negativa de su madre, Juana Inés, se consoló dando lectura a los libros de la biblioteca de su abuelo, y vaya que era extensa. Se armó de constancia y disciplina, a tal grado que, aun siendo una pequeña niña, se abstuvo  de comer queso, puesto que había oído decir que hacía rudos,  es decir, que entorpecia a las personas. Prefirió sacrificar el gusto por el queso. Empezó a estudiar gramática con tal dedicación que cortaba su cabello imponiéndose el aprendizaje de una lección determinada mientras crecía, volviendo a cortarlo si aún no dominaba lo que se había propuesto aprender, ya que para ella no parecía razonable que estuviese vestida de cabellos largos y muy adornados, si la cabeza  estaba  desnuda ante los conocimientos.  Según el Padre Calleja, primer biógrafo de Sor Juana, a los ocho años compuso una loa para la fiesta del Santísimo Sacramento.

¡Que tal eh!

Tras la muerte de su abuelo en el año 1655, fue enviada a la ciudad de México, a vivir con su tía materna, doña María Ramírez, quien estaba casada con Juan de Mata, hombre acaudalado que gozaba de influencia en la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera.

Así Juana Inés  entró a la corte con el pie derecho, vivió ahí entre los dieciséis y los veinte años,  fue respetada por su prodigiosa inteligencia, a tal punto que el virrey, admirado por su erudición, sometió a la joven a un examen ante cuarenta hombres de letras: teólogos, filósofos, matemáticos, historiadores y poetas.

Ante la muestra de sabiduría en sus respuestas, todos quedaron impresionados.

Con la total negación que tenía al matrimonio, e influida por el padre Antonio Núñez de Miranda, quien era confesor de los virreyes, Juana decidió profesar.

Tomó la decisión por parecerle que era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir.  Contrario al matrimonio, la vida conventual le aseguraba no tener ocupación obligatoria con hijos y marido y así dedicarse con toda libertad al estudio. Ingresó en primera instancia al convento de Carmelitas Descalzas en agosto del año 1667 y fue acompañada por los virreyes. Abandonó el convento poco tiempo después, probablemente por la rigidez de sus reglamentos. Aunque se sabe que ella bien podía entrar y salir a capricho. Finalmente, se decidió a ingresar en la Orden de las jerónimas, tomando los hábitos en febrero del año 1669.

En la soledad de su celda se dedicó de lleno al estudio.  El amor por las letras la llevó a estudiar diversas materias, sin tener  alguna inclinación particular. Sino para todas en general. Siendo su meta el estudio de la Teología; considerando que para llevarlo a cabo era necesario primero subir por los escalones de las ciencias y artes humanas.

Estudió los clásicos griegos y romanos; así como lógica, retórica, física, música, aritmética, geometría, arquitectura, historia y derecho… ¡Uff!

Dicen que era de carácter afable y se ganó el afecto de sus hermanas de religión. Aunque no podía escapar del todo de la convivencia en el convento, se impuso la disciplina de no entrar en celda ajena, porque esto les hacía perder el tiempo.

Atendió diligentemente sus obligaciones y entre los muros del convento floreció su obra. Fue ampliamente reconocida como escritora, aunque ella misma declaró en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, que siempre escribió por encargo.

Escribió obras de teatro, como Los empeños de una casa (1683) y Amor es más laberinto (1689); autos sacramentales como El divino Narciso (1689) y abundante poesía. Preparó villancicos para las catedrales de México, Puebla y Oaxaca. En 1680, con la llegada a Nueva España de Tomás Antonio de la Cerda y Aragón, conde de Paredes y marqués de la Laguna.

Sor Juana redactó el arco triunfal que preparó la catedral de México para recibir al gobernante. En el Neptuno alegórico aludía a las virtudes del gobernante, relacionándolo con el dios Neptuno, idealizando en esta figura el ideal político de un príncipe católico: sabio, prudente, poderoso y justiciero.

Ahora, ya no es como antes…

Parte de su obra fue reunida y no tuvo ningún problema para ser publicada en Madrid, en el año de 1689, con el título de Inundación Castálida.

Su poema más importante, Primero sueño, fue publicado en 1692.

Sor Juana contó con el respeto y admiración de virreyes y cortesanos, escritores y monjas. Armó una magnífica biblioteca que llegó a contar 4 mil volúmenes. En 1690 se publicó la Carta Atenagórica, en la que hizo una crítica a un sermón del jesuita portugués Antonio Vieira y años después apareció en Madrid una obra autobiográfica, la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.

Hacia 1693 dejó de escribir y se dedicó más a los oficios religiosos, situación que no ha sido convincentemente explicada por sus biógrafos.

¿Me pregunto qué habrá sucedido realmente?

En el año 1695 una epidemia azotó con particular fuerza al convento de San Jerónimo, se dice que diez religiosas se contagiaron, Sor Juana se dedicó sin fatiga al cuidado de sus hermanas enfermas, día, tarde y noche, hasta que se contagió y se vio de frente con la muerte, un 17 de abril de dicho año…

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Juana Inés…

Nepantla te vio nacer

Pero aquí viviste

aquí te viste de frente con el destino…

Ataviada con traje de monja Jerónima caminando por las piedras que erigieron el majestuoso convento de San Jerónimo,  al igual que tú,

Juana Inés

Las piedras no son mudas.

Cubre tu hermosa cabellera.

De nada sirve cubrirle con adornos si se encuentra como eco

Aquí fuiste cuanto quisiste

Monja novohispana

Escritora libre

Mi vida por tu vida

Porque yo si deseaba tu destino

y tú manipulaste el camino

¿Acaso no sabes?…

El pozo heptagonal me ha dicho tus secretos

De tu amor,  de tus pasiones

De tus frustraciones

Decías escribir por encargo

Yo sé que esas letras eran muerte y resurrección…

Ahora te pido que me reconstruyas con la línea de tus pensamientos

Juana Inés,

Si la justicia es solo rectitud moral a costa de la propia familia

Entonces, siempre es mejor llegar a un acuerdo con la injusticia.

He valorado la integridad sobre todo

Sin embargo, me han dado una vida de injusticia

Cuento los pasillos y puertas del convento, se abren, se cierran

Respiro un aire fresco

Te escucho llamarme

Mi nombre empieza con G

¿Me escuchas?

Te he dicho que no me llames así,

 Todos sabrán dónde me oculto,

 Mientras, prefiero no ser visible a los demás

Ahora Los Gatos corren y se ocultan

La lluvia cae

Me gusta cuando la lluvia cae porque aquieta las nubes.

Arrastra la mugre de las piedras por donde camino con mis pies descalzos.

Voy contando las palabras qué aún no he escrito.

Ellas aquí permanecerán.

Soy la única que queda escapando de esta soledad…

©️Gabriela López Rivera

y/o Aleyrbag Zepol Arevir

AZA/glr©️