¡Soy Maestra!
Cuando mi papá, mi mamá y yo, después de repartir el pan, pasábamos por la Escuela Normal de Toluca, mi mamá me decía – Carmela, mira, en esta escuela me hubiera gustado estudiar. En esos momentos, yo era una niña y no sabía a qué se refería, con el tiempo cobré conciencia que, en ese edificio porfiriano, con estilo afrancesado, se estudiaba para ser Maestras.
En otro momento mi papá, que tampoco había ido a la escuela, al verme hacer la tarea me dijo – Voy a comprar un cuadernito para que me enseñes a escribir.
Tanto mi padre como mi madre, no se dieron cuenta que sus palabras acuñaron en mi alma, ¡Ser Maestra!
Antes de salir de la secundaria, ya tenía clara la profesión elegida, así que mis primeros acercamientos a esta bella escuela, me llevaron a preguntar y tramitar todo lo necesario para mi examen de admisión a la Escuela Normal para Señoritas.
Recuerdo que un veintidós de agosto de hace muchos años, en el salón de actos, escuché mi nombre entre la lista de aceptadas ¡Mi primer sueño cumplido!
A partir de ese momento, ha trascurrido mi vida profesional; entre mi formación y mi labor docente, he recorrido diferentes niveles educativos, diversas labores profesionales, han pasado muchos 15 de mayo; después de más de treinta años en esta misión formadora, le procuro el cariño que merece, la pasión que mueve el corazón de mis estudiantes, el amor por mí misma y por lo que hago. Si esto no fuera así, la monotonía del trabajo apagaría la luz con la que se educa, la inspiración que da vida a los sueños posibles, a las ilusiones, al inmenso deseo de transformar la vida de cada uno de nuestros infantes.
Han sido años de servicio, de múltiples historias compartidas, de una gran diversidad de experiencias. Durante ese tiempo, he buscado renovar la ingenuidad del primer año de trabajo, me recuerdo con mi nombramiento en las manos yendo a buscar mi escuelita de primaria a muchos kilómetros de casa, me recuerdo con mis primeros grupos, con mis primeras escuelas.
Hoy, es otro quince de mayo, en otros pocos años venideros, ya no estaré frente a mis estudiantes, por ello, en este recorrido en el tiempo, he buscado en mí, refrescar sentimientos tejidos en las aulas: el amor, la pasión, las ilusiones, el enamoramiento, los sueños posibles sustanciales para ¡Ser Maestra!
Felicidades a mis primeros Maestros de vida que fueron mi papá y mi mamá, felicidades a cada Maestra y Maestro de vida que inspiraron mi ser humano, mi ser de persona, mi ser docente.
Felicidades y gracias a todos aquellos que me han dado aliento de vida para ser, en esta existencia, luz y palabra divina ¡Soy Maestra!

