Talla XXL

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Es mejor realizar las compras sentada en una silla motorizada que me brinda el supermercado para poder trasladarme por los pasillos. Con su canastita que lleva enfrente y el contenedor en la parte de atrás puedo trasladar los productos que mi hijo y yo, llevamos para la casa. 

Mira, mamá, me dice, esta botana, empaquetada en un tamaño extra grande, dice que es baja en grasa y azúcares, tiene la etiqueta de ligth, y además está al dos por uno. Está bien llevemos dos, es decir cuatro, hay que aprovechar las ofertas, porque si en algo soy buena es en cazar ofertas, como dicen por ahí, no se me va una. 

Ah mira, ¿qué tenemos por aquí? paquete extra grande de comida importada, baja en grasas trans y libre de gluten. Excelente. Nos llevamos cuatro.

Salimos de la tienda, me indican que tengo que bajarme del carrito, que no puede salir al estacionamiento. Lo bueno que traje a mi hijo, él me ayuda, es un hombre fuerte. A ver hijo dame tu brazo, a ver, ahí voy, me voy a apoyar, una, dos, hump. Listo ya estoy de pie. Ambos padecemos sobrepeso, aunque no sabemos bien por qué, ya que como ven, cuidamos nuestra alimentación; nos cercioramos de que todo sea ligth, bajo en grasas, libre de grasas trans, libre de gluten, todo lo compramos empaquetado y ultra procesado. 

Algunos dicen que es por genética, pero viendo las fotos de mis abuelos y bisabuelos, no se ve que hayan padecido esta enfermedad. 

Vamos caminando por el estacionamiento, meneándonos de un lado a otro como oscilando. Por fin llegamos, alguien se estacionó muy cerca de nuestro carro. No quepo. Lo bueno que el lado del conductor está libre y mi hijo que es el que maneja, sí puede entrar al auto. No sin antes ayudarnos entre los dos a subir toda nuestra mega compra a la camioneta, bueno, en honor a la verdad debo aclara que él hizo la mayor parte, todavía es una hombre joven así que él realizó la mayor parte del trabajo. 

Ya por fin en casa, busco, cuanto antes, llegar a mi sillón, me canso mucho y muy rápido, no puedo estar mucho tiempo de pie y mucho menos caminando, lo bueno que desde hace varios años los supermercados implementaron los carritos motorizados para hacer las compras cómodamente sentada. Tengo mucha sed, hijo, por favor pásame un refresco de lata de los que acabamos de comprar, lo bueno que es ligth. Y cuando termines me pasas una dona de esas que compramos a precio de media docena, lo bueno que son endulzadas con algún químico diferente al azúcar. Recuerden que procuro evitar el consumo de azúcares, es por eso que compramos productos con edulcorantes y químicos que fungen como azúcar. O más bien, fingen ser azúcar. Jeje.

 

Ahí vienen nuestros perros, los amamos. Como pueden ver también ellos padecen obesidad, parece ser que, en estos tiempos modernos, con estas situaciones crónicas estamos todos enfermos. 

Cuidamos la alimentación de nuestros queridos y amadas mascotas de la misma forma que nos cuidamos mi hijo y yo. Nunca les damos restos de comida, ni huesos, ¡eso ni pensarlo!

Ellos se alimentan con harinas de plumas hidrolizadas, cereales que un carnívoro jamás comería y conservadores que están prohibidos en humanos, comida ultra procesada pero con vitaminas añadidas.  

Y con todo ello, el veterinario nos dijo que nuestros amados bebés tienen obesidad, diabetes y alergias. 

De nada sirve que cometamos abuso químico y farmacológico. Antiparasitarios mensuales, aunque no salgan de casa para nada; vacunas por todo, aunque tengan anticuerpos de sobra; antibióticos al primer estornudo… ¡corticoides para todo! Un problema, un fármaco, otro problema otro fármaco. A los cinco años nuestros perros tomaban más medicamentos que nosotros.

¿Ya está mi dona, hijo?