Tecnología e información vs pandemias
En los inicios del contagio por coronavirus en nuestro país, cuando todavía no se contaban con cifras confirmadas de contagio, una extendida plataforma de transporte privado entre particulares en la Ciudad de México, emitió un comunicado relativo a la desactivación de cuentas de 2 conductores y 240 usuarios como medida preventiva ante el riesgo de contagio, la cual si bien fue oportuna, en estos momentos que tienden a incrementarse los riesgos de contagio, deben reconducirse cuidadosa y adecuadamente las medidas que con el uso de la tecnología y la información pueden utilizarse para coadyuvar con la contingencia.
Las empresas tecnológicas empezaron a jugar un papel importante en supuestos de epidemias a partir del contagio global de influenza H1-N1, en los cuáles, las primeras analíticas de datos y un incipiente Big Data demostraron la posibilidad de detectar y predecir comportamientos y ocurrencias de fenómenos sociales a través de la gestión de información existente en internet y conforme sus propios modelos de negocio, en aras de la salubridad global, un procesamiento que sin duda dejó atrás varios siglos de incertidumbres ante fenómenos parecidos que provocaron exterminios biológicos a gran escala.
Hoy, nos encontramos en un escenario todavía más alentador, puesto que el nivel de penetración de internet se ha incrementado, a la par de la appificación y el uso de teléfonos inteligentes que permiten contar con un mapa bastante preciso sobre cualquier fenómeno social, pero que encuentra como límite, más que fundamental, como lo es la privacidad, el cual se vuelve una barrera protectora entre la delgada línea de lo que puede constituir la libertad vs el sometimiento.
Como muestra, el ejemplo abordado en el primer párrafo representa uno de los extremos a evitar con el uso de nuestra información: la discriminación, como también podría ser una afectación o riesgo grave, lo cual, en el procesamiento masivo de datos puede dar lugar a efectos nocivos con una duración indefinida, por lo que, las dos principales restricciones para el tratamiento automatizado se encuentran expresamente reconocidas como prohibiciones absolutas y relativas en las legislaciones en materia de protección de datos personales: la creación de perfiles y la toma de decisiones de manera automatizada, procesos que por sí mismos generan altos riesgos de afectación al ciudadano digital.
Por ello, las medidas a implementar en el ámbito de las tecnologías sí reciben como importante insumo información derivada de datos personales, también lo es, que en la medida de lo posible, para permitir su libre uso y explotación está debería estar anonimizada, con el objeto de evitar daños indirectos o posteriores a sus titulares.
Por otra parte, si bien el avance tecnológico es bastante mayor respecto una década atrás los niveles de colaboración o cocreación, por parte de los actores vinculados a la gobernanza, en estos momentos todavía no alcanzan los niveles funcionales que esperaríamos para una pronta respuesta, por lo que las acciones a tomar frente a esta contingencia también serán parte del proceso de maduración política- tecnológica que tendrá que ir dando con el paso del tiempo.
Finalmente, la confianza ciudadanía – gobierno y ciudadanía – ciudadanía también constituyen factores que dificultan la integración de un ecosistema digital funcional con respuestas frente a este tipo de amenazas, ya que si bien esa barrera de privacidad en principio dificultaría plataformas administradas para identificar a cada persona, la confianza no es mayor cuando vemos la actuación de persona a persona que frente a la especulación y el miedo de la información disponible hasta el momento sobre la enfermedad, que van desde la desatención, hasta la comisión de conductas que afectan a terceros o la propia infraestructura necesaria para la respuesta, con la compra de víveres y medicinas.
Sin embargo, en este proceso de madurez y dejando el tramo para los niveles de colaboración que al día existe entre el sector público y privado, la expectativa de respuesta frente a un probable escenario de un nuevo nivel de alerta sanitaria frente al COVID-19 l
debería ser suficiente para disminuir el impacto de su propagación y las afectaciones en la salud y vida de las personas.
Más allá de los análisis de datos, previsiones y medidas acompañadas de políticas públicas de alto nivel que emprendan gobierno y empresas, ésta será la medición de la capacidad de respuesta de la ciudadanía digital, a través del uso de redes sociales y consumo en la economía digital, que a través de la información fidedigna y el uso de aplicaciones móviles, podrán gestionar periodos de aisamiento de una mejor manera, con lo que la actuación orgánica de la sociedad organizada, puede dar una importante lucha para revertir los efectos proyectados, con base en los cálculos realizados.
Hasta la próxima.

