TOLUCA EN LETRAS DE MARGARITA

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Prodigios de Fray García de Salvatierra en Toluca virreinal, es un artículo de pocas palabras, que Margarita García Luna, sabe expresar en su fin de señalar los hechos de vida del fraile en su paso por nuestra ciudad en el siglo XVI. Cada columna que escribe para El Sol de Toluca es una experiencia de sabiduría. Investigadora de excelencia relata los hechos con gran facilidad y de prosa límpida: En el siglo XVI, poco después de que Hernán Cortés conquistara la ciudad de México, llegaron a la Nueva España los primeros evangelizadores franciscanos. Fray García de Salvatierra llegó a la Provincia del Santo Evangelio, acompañado de un sacerdote llamado Hernando Pobre, y vivió en diversos conventos de esta provincia. En el Convento Franciscano de Toluca es donde vivió por más tiempo, de desempeñándose como portero en la Casa de Estudio de este convento. En pleno siglo XXI vienen y vienen comentarios sobre el Convento Franciscano de Toluca, existió, existe en el sentir del pueblo, en el estudio de quienes han investigado esta institución.

En aquel siglo no dudo en pensar que era la más importante para la Toluca que de la destrucción apenas comenzaba a fundarse. Si pensamos que en el siglo XIX apenas será una comunidad con cerca de ocho mil habitantes.

Sí, al Convento le debemos de poner más amor e interés por saber de sus minucias que hacen un gozo conocer que Toluca tuvo su Convento con la grandeza de los que existían en aquellos tiempos. El Valle de Toluca está regado por conventos franciscanos y esa es una historia interesantísima a la cual Margarita García Luna le pone sus aportaciones con cariño filial. Cuenta: Fray García de Salvatierra nació en Extremadura, España, en un pueblo del mismo nombre; Salvatierra. Aunque había heredado buena hacienda de sus padres, dejó ésta en poder de su hermana y eligiendo una vida de pobreza y humildad, ingresó a la orden de San Francisco. Quienes lo trataron afirmaban que Fray García era pobre, abstinente. Humilde y virtuoso. De su vida se relatan una serie de milagros”.

Es importante hacer notar esta vocación del siglo XVI que surge de la presencia franciscana. Es decir, Toluca, es desde la época prehispánica un lugar donde los dominadores no son los lugareños, sino los que tienen que enfrentar a los invasores una y otra vez. Esta historia la sufren particularmente los matlatzincas y los otomíes. Son los otomíes los más reacios a ser dominados y con su persistente deseo de ser cultura que sobreviva se va a los cerros del norte y desde ahí presentan su oposición violenta a los imperialistas aztecas principalmente. Toluca siendo un lugar de cultura se encuentra en el paso que va desde Tenochtitlan y hacia Michoacán o Querétaro, tal y como hoy conocemos la geografía del México independiente. Reflexionar en ello, puede permitir el porqué no tiene el destino más o menos fácil de las otras ciudades que alcanzan una urbanización en la colonia de importantes construcciones. El espíritu de la parquedad está en todo el proceso que ha de llevar a crear una ciudad que se convierte por fin en capital del poderoso Estado de México en el año de 1830.

El espíritu de austeridad parece que nos viene de muy lejos, y la presencia de los franciscanos nos da mayor certeza de ese deseo de ser ajenos a la soberbia de la riqueza y el despilfarro: como espíritu de una ciudad como sucede con la capital de la Nueva España, o de ciudades como Morelia o Guadalajara, por ejemplo. Somos al iniciar el dominio español una comunidad que debe ser adoctrinada, y en eso los religiosos son maestros de muchos siglos. Cuenta Margarita: De sus prodigios, comentaban los frailes y habitantes de la Villa de Toluca, que cuando vino a morar a esta población, dos ángeles lo acompañaban desde Coyoacán. Si a la imaginería de los originarios de estas tierras les bastaba cualquier suceso mágico, los religiosos católicos o cristianos no se quedaban atrás. Y el vestir a un personaje de hechos mágicos se expresaban en diferentes formas y maneras de llegar a la población que había que ser adoctrinada.

¿Sucedieron los milagros y los hechos mágicos?… nos cuenta: También se decía que un día que acompañó al sacerdote Juan de Castroverde a decir una misa de difuntos, toda la tierra estaba cubierta de una espesa neblina como si fueran las “ánimas del purgatorio”, y a medida que avanzaba la conmemoración de la misa la neblina ascendía, que la bruma como salida del purgatorio se disipaba y que las almas benditas junto con ella se elevaron al alto cielo por la oración y entonces el sol apareció radiante y con los concurrentes quedaron maravillados ante el suceso. ¿Cómo imaginar aquellos tiempos en una zona lacustre que para mitad del siglo XX tenía entre sus hechos que le identificaban la permanente neblina por la humedad que tuvieron en aquellos siglos el Valle de Toluca como signo distintivo? Por eso, es que se decía que el aeropuerto de Toluca tenía en contra la presencia de su zona neblinosa por aquellos lares donde fue creado dicho espacio de partida y llegada de aviones. ¿Cómo explicar la neblina en ese tiempo en que el Valle era zona de múltiples riquezas en agua, aire y tierra cultivable, en la parte más alta de Mesoamérica?

Los hechos milagrosos son varios y los relata en su artículo periodísticos: Miguel González dio testimonio de que un día llegó a la portería del convento de Toluca con un gran dolor de muelas y que el santo varón le puso un dedo sobre las mismas aliviándolo de inmediato. Toluca también tuvo sus muchos milagros y personajes particulares, que se debe notar son más recordables los que vienen del campo de la religión, más que aquellos que están en la Corte, que se descubren en su actuar por los hechos que relata en sus novelas históricas: Monja y virgen, casada y mártir y Martín Garatuza, del magnífico narrador y cronista Vicente Riva Palacio Guerrero: quien al revisar los documentos del Archivo de la iglesia, que le entregara don Benito Pablo Juárez García —presidente de México— para su estudio en 1860, supo descifrar los hechos de dominio cruel y sangriento sobre pueblos e individuos, que Clero, Virreyes y Milicia, hicieron durante siglos sobre la población del México, en aquellos años del virreinato que se vivieron bajo esclavitud y pobreza.

Los milagros fueron motivo de divulgación por todos los territorios de la Nueva España. Así escribe Margarita en referencia a lo que sucedía en aquellos años en la Toluca de pocos miles de habitantes: Doña Ana de Reinoso, mujer de Nicolás de Robles, quien había llegado a la portería en días de parir, con grandes dolores, suplicó ayuda al fraile, quien le aconsejó que se encomendase a Dios y al día siguiente a esa misma hora pariría a un hijo varón, lo que sucedió tal y como del franciscano había dicho. Las lecturas de lo relatado tienen la cualidad de ser textos que parecen haber salido en este momento. Gran escritora sin duda. Dice: Unos días antes de que fray García muriese, estuvo muy inquieto en la cama, se cuenta que fue tentado por el demonio; sin embargo, en la lucha que tuvo con el maligno, el fraile salió victorioso. En el año de 1591, murió fray García. Todo el pueblo fue a verlo, pues le tenían como a un santo y lo encontraron “más hermoso que cuando vivo”. Lo que a todos sorprendió fue que durante varios días su cuerpo no se corrompió: seguía como si estuviera vivo, y varios contemporáneos españoles se llevaron un pedacito de su hábito para guardarlos como reliquia.

No es menor este hecho, en un territorio como el de Toluca lleno de humedad. Sería comprensible en zonas desérticas o semidesérticas donde la humedad no ataca el cuerpo del fallecido con rapidez; otros mundos son los que Margarita nos presenta, y nos lo cuenta con ternura.