Toluca y sus Cronistas

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En edición excelente, llamada Toluca nuestra, publicada por el H. Ayuntamiento de Toluca a través del Instituto Municipal de Cultura y Arte en el año de 2013, esto durante la presidencia de Martha Hilda Calderón, excelente presidenta que realizó magnífica obra en bien de la cultura toluqueña. En este texto encuentro el ensayo de Miguel Salinas titulado: “Evangelización de los Matlatzincas”, su lectura es de gozo y sapiencia, él cuenta: “… En los momentos más agudos de aquella crisis, cuando el asunto de las encomiendas adquiría extraordinaria gravedad, llegó a México el Apostolado Anáhuac, compañía formada por doce franciscanos insignes, presididos por Fr. Martín de Valencia, a los que se unieron Fr. Juan de Tecto, Fr. Juan de Ayora y Fr. Pedro de Gante, venidos con anterioridad. Aquella falange de misioneros, sin perder un instante, se apercibió a laborar y acometió la ardua empresa apenas imaginable, de ganar millones de almas para la religión cristiana y de defender valientemente a los oprimidos contra la injusticia y abuso de los opresores”. 

Sería tonto no aceptar que toda conquista y guerras de invasión son la segura propuesta de asesinar a mansalva por aquí y por allá sin medida: Así lo vimos con el nazifascismo en la Segunda Guerra Mundial y ahora lo vemos en la guerra de Rusia contra Ucrania o en el Medio Oriente con la invasión de Israel contra Palestina y el Líbano. El genocidio sobre los pueblos originarios es un hecho y lo que sorprende es que al principio fueran tan pocos los que conquistaron Mesoamérica, ciertamente con ayuda de otras culturas ajenas a los conquistadores aztecas a los cuales odiaban con todo su ser.

Quien esto escribe, Miguel Salinas, como lo conocemos, fue según los datos de su biografía que encuentro en el texto Álbum Biográfico, preparado por el profesor José Luis Solís Ramírez, en su labor dentro de la Dirección de Educación Pública del gobierno del estado de México. En el se cita que: “Vio la primera luz en Toluca, estado de México, el 12 de febrero de 1858, siendo hijo de clase media. La despierta inteligencia que demostró desde sus primeros años, le permitieron aprender a leer desde muy temprana edad; gustaba grandemente de la naturaleza y era muy afecto a escuchar historias y leyendas contadas por sus familiares y personas mayores. De rica imaginación, a su vez relataba a sus compañeros de escuela o de barrio, las historias oídas, y no pocas veces sus narraciones llevaban bastante de su propia invención, cautivando el interés de sus oyentes, ya que su lenguaje era fácil y ameno”. Nacido en Toluca para orgullo nuestro, es ejemplo de que en aquellos tiempos ciertamente cuando la educación pegaba los alumnos o profesores eran ejemplo pedagógico cierto.

Es el caso de él. Retorno a su ensayo: “Los indios, a la vista de aquellos apóstoles quedaron suspensos y pasmados: no podían explicarse tan notable contraste. Los franciscanos eran españoles como los guerreros de la conquista, y sin embargo, observan diferente conducta. En su trato y modales daban muestra de benevolencia y amor, se vestían con túnicas de tela burda, andrajosa  y sórdida a las veces; aceptaban, para hospedarse, los humiles bohíos y jacales; dormían en el suelo, sobre una estera, reclinando la cabeza en un haz de yerbas secas, comían con gusto el pobre pan de maíz y el pimiento, habitual nutrición del indio, y cuando les era permitido regalarse, añadían a su alimento cotidiano una tuna, tres o cuatro manzanitas de tierra (tejolotes), o un puñado de cerezas del país (capulines)”. La sensibilidad literaria y de buen lector de que nos dicen sus biógrafos son prueba de ello en este párrafo que define lo que los franciscanos eran, como la mayoría de las otras reglas misionarias que fueron, ya vemos lo contrario de los explotadores y terribles dueños de estas tierras, que se comportaban peor que los propios reyes y altas autoridades en la España del siglo XVI. 

Miguel Salinas es uno de los cronistas más cercanos a la sensibilidad toluqueña. En el trabajo que publicó Educación, se dice: “Como especialista en la enseñanza de la lengua castellana, escribió importantes libros de texto, entre ellos Gramática Educativa de la Lengua Castellana, que alcanzó varias ediciones. Ejercicios Lexicológicos; Historias y paisajes morelenses; Sitios pintorescos de México; Datos para la historia de Toluca; Mis árboles”. De libros está hecho el escritor y en el caso de Miguel Salinas es destacado que no sólo es un cronista para nosotros, sino un educador al estilo de José María Heredia y Heredia, el poeta cubano-mexicano que deja en la década de los treinta del siglo XIX la vida por su labor pedagógica y literaria en el Instituto Literario de Toluca.

Miguel Salinas es de esos. El magisterio nacional —más que el de Toluca—, le tiene en alto reconocimiento, leo el texto de Solís Ramírez: “Muchas generaciones se nutrieron con sus sabías enseñanzas y su obra perdura en los anales del magisterio nacional; como un valioso ejemplo de dedicación al estudio y de un empeño constante por contribuir a la superación intelectual de la juventud. Falleció este eminente maestro en la capital de la República el 18 de diciembre de 1938”. Su labor como pedagogo es de admirar y proseguir en sus ideas que tienen entre lo más brillante el haber fundado una escuela en Cuernavaca, la cual duró 36 años siendo ejemplo educativo. Fundada en el año de 1882, año en que en Toluca se crea en el Instituto Científico y Literario la profesión de educador para bien de esta entidad.

El educador, escritor que admira, pues sus párrafos son renglones de sencillez y sabiduría, tal cual lo demuestra en el ensayo citado sobre evangelización, Cito: “Esto nos hace comprender por qué, en los primeros años de la época colonial y tratándose de los franciscanos, los indios acudieron solcitos y de grado a la construcción de conventos, iglesias y ermitas. En este trabajo, no sólo participaron los pobres macehuales, sino que algunos miembros de las que fueron familias reinantes echaron en sus espaldas un huacal y ayudaron a la conducción de materiales”. Casi tres siglos de una labor de construcción de una de las grandes Ciudades creadas por la humanidad: La Ciudad de México que recibieron los mestizos hace dos siglos no fue una ciudad en ruinas o una pequeña capital del nuevo país llamado México, sino la Ciudad más bella e importante de toda América. ¿Qué nos pasó para no tener esa grandeza ahora me pregunto?…

Por igual, ¿me pregunto?… que ha sucedido con la ciudad que en 1830 es designada capital del grandísimo Estado de México, que desde Toluca pasaba por Cuernavaca y Taxco hasta llegar a Acapulco, y por igual tuvo territorio en Tlaxcala en un sitio llamado Calpulalpan o tener parte del territorio de la Ciudad de México en el lugar de Tlalpan. Los cronistas de fin de siglo XIX y principios del XX vieron esto y lo describieron en su desarrollo como patria que vivió el “México Bárbaro” y en la soledad y tristeza del poeta José María Heredia, quien murió en la peor soledad y desilusión por ver y sufrir a un país ‘independiente’, que <<de la democracia hacía añicos llevándose al pueblo entre las patas>>.