TOMO XIV

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Siguiendo la lectura de la investigadora Ivette Jiménez de Báez en los volúmenes que refieren la obra completa del originario de Atlacomulco, México, en el volumen XIV, el cual junto con el XV se refieren a la obra literaria de Isidro Fabela, dice en su Estudio Preliminar en el número 14: Una revisión de lo publicado y del índice del archivo en que se conservan sus manuscritos en la Biblioteca Isidro Fabela de la Casa del Risco en San Ángel, Distrito Federal, que el propio Fabela donó a la nación, revela que escribió cuentos y relatos, poesías y prosa poética aún inéditas, semblanzas; un inicio de novela; discursos; un epistolario que fue publicado en la prensa y otros aún inéditos, artículos de periódicos y memorias de carácter colectivo y autobiográfico. Leer esto revela la mente de un personaje que es valioso en cualquier parte del país y del mundo. Haberle conocido, como lo conoció Mario Colín Sánchez fue un privilegio de vida. Porque convivir y aprender de los grandes maestros de la comunidad, entidad o país, es la sola oportunidad de saber que la humanidad tiene ejemplo de vida que merecen ser reconocidos, pues en ello va la vida de la humanidad. Así Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, madre Teresa de Calcuta y otros más son expresiones de un ser humano que ponen en juego no su físico sino su alma: lo más rico que puede tener el hombre o la mujer en su existencia.

Cuando el alma se corrompe nada queda por salvar se diría. Ivette Jiménez escribe: Las obras que se publican en los tomos XIV y XV de esta colección son cinco; La tristeza del amo; ¡Pueblecito mío!; Cuentos de París, A mi Señor Don Quijote y Maestros y amigos. Los tres primeros son de cuentos y relatos, el cuarto corresponde a un ensayo y el quinto es de semblanzas”. Nace en 1882 Isidro Fabela y al pensar en él, recordando a un internacionalista de grandes experiencias al respecto, una generación después de él, don Jaime Torres Bodet, se ve que la madera de uno y otro es de la misma calidad. Que en ellos dos México ha tenido a dos personajes internacionalistas y diplomáticos de enorme importancia en la vida relacionada con países extranjeros. Los dos fueron respetados, reconocidos, alabados. Nuestro Isidro Fabela por eso va más allá, de las conjeturas políticas, de las batallas ideológicas que llegan a hacer en los mitos llenos de toda falsedad, pues su legado es un legado de cultura, educación, arte, elocuencia y humanismo. Lo que sucede con él, como sucede con Vicente Riva Palacio es que sus intervenciones en la política les deja un sello, ante la ambiciosa ‘política’ que no ve más allá de sus luchas por el poder político. Mientras que estos personajes orgullo de nuestra historia están más allá de lo inmediato, de lo que nace para morir en un trienio o en un sexenio.

Tal es la grandeza de Vicente Riva Palacio, quien fallece en 1898 en Madrid, España; Isidro Fabela, en Cuernavaca, Morelos, en 1964; y Jaime Torres Bodet en ciudad de México en 1974. Personajes hechos de la misma madera. Una madera tan difícil de encontrar a lo largo del camino que es la vida del ciudadano o de los pueblos. Por eso cuando aparecen, privilegiados son aquellos que les llegan a conocer personalmente; que reciben lecciones de vida de palabras vivas y ejemplo ético en amor por el hombre y su cultura. Los tres son mexicanos completos, de los buenos mexicanos que tanto extrañamos en tiempos de desaliento: de falta de ética en tantos rubros de la vida. Parece que esta materia de estudio era necesario desaparecer en la formación de hombres y mujeres que en su ejemplo desterraran corrupción de la vida aquí en la tierra.

Resumo el primer libro, en las palabras de Ivette Jiménez, quien dice: La tristeza del amo incluye catorce cuentos y relatos que Isidro Fabela escribió entre 1905 y 1907, aunque los publica en 1915. Son pues textos anteriores a la Revolución, de carácter autobiográfico. Aparece, entre ellos, En el establo, cuento que obtuvo el primer premio en el concurso convocado por El Mundo Ilustrado en 1906, con el cual se inicia Fabela en la literatura. Cuatro de los otros relatos están escritos en forma epistolar Cartas rancheras, género que Fabela cultivó toda su vida. El tono dominante en el libro es evocador y melancólico. Lejos estamos de la denuncia de la narrativa posterior. La tristeza del amo cuenta además con el prólogo que el escritor Francisco Villaespesa: Ante nuestros ojos, deslumbrantes de luz, cálidas de sol y verdeantes de florestas, se extienden en polícromas perspectivas las feraces campiñas de México: las haciendas albean de entre los altos y frondosos ahuehuetes; a lo lejos relucen las presas enmarcadas en el verdor aterciopelado de los pirules, los novillos en celo mugen sonoramente, como en los pastoriles de Bión, en los trigales de oro; allá, en el fondo, bajo el cobalto del cielo, se yerguen en una ascensión de tonos y matices violados, hasta fundirse en el infinito, las enormes cordilleras que tocan las nieves y empenachan los volcanes, y de todo el paisaje asciende un vaho fresco y primaveral de agua que corre, de tierra virgen y fecunda… Es la hacienda solariega donde vivieron, amaron y murieron nuestros mayores. No hay un rincón donde no nos espera llorando algún recuerdo”.

Bellas palabras para tratar de descifrar la belleza del que nació amando siempre su terruño. De eso están hechos los cuentos y relatos de Isidro Fabela Alfaro, del alma mexicana que tanto le alaban sus lectores y simpatizantes, por su obra educativa o cultural que alcanza en tierra mexiquense la noble meta de lo logrado en sólo tres y medio años de gobierno. Leer su prosa es obligación y gozo:  A mi padre / En la lejanía, por la loma del camino real, ensombrecida por la incipiente noche, se adelantan, en la cuesta abajo, muy despacio, como cansados, como tristes, el viejo mayordomo y sus yunteros que vienen del barbecho, el sarape y la garrocha al hombro, a la grupa de las bestias que halando su mancera vienen, fieles a la vereda, moviendo acompasadamente las testas trabajadas y dóciles, como si en el símbolo de sus afirmaciones constantes quisieran acatar eternamente todo humano mandato.

Es un hombre que observa cuidadosamente lo que sucede en ese mirar la ventana de la realidad, ventana que mucho nos enseña cuando con respeto, humildad y de manera sencilla dejamos que nos de sus lecciones el policromía y compleja muestra de la realidad. Eran aquellos años en el Atlacomulco de inicios del siglo XX, cuando el joven de no más de 18 o 19 años veía su tierra con amorosa ternura, con la visión de aquellos, como le sucede a José María Heredia o a Ignacio Ramírez El Nigromante o a Ignacio Manuel Altamirano que de tanto observar los paisajes con sus imponentes naturalezas, y la vida cotidiana que no es rutina que deba desecharse, antes al contrario, con ojo dispuesto a ver lo que otros no perciben, sentirse regocijado en la forma de mirar por el sólo hecho de ver pasar a la muchacha con su crinolina recién lavada y sus trenzas recién peinadas, como si fuera una orquídea que pasea entre la selva de miradas que cada domingo por la tarde llama a darle vueltas y más vueltas al quiosco de la cabecera municipal. Así mira Isidro Fabela el joven ya intelectual que de estudioso ha hecho fama en su pueblecito tan amado, y que nunca ha de olvidar.

Es un poeta y un narrador el que escribe: Entre el rústico caserío, esfumado poco a poco por el bello agonizar del día, se deslizan los rebaños impacientes, camino de sus chiqueros, balando en inarmónica dulzura, mientras los pastores, con una cría recién nacida bajo el brazo y una lugareña canción en los labios, abren las trancas de la corralada, donde la turba, nerviosa y descomedida, se precipita buscando el último rincón. Poeta y narrador de lo que ve, aplicándole el espíritu infantil de aquél que no olvida nunca más las lecciones que sólo los siglos se han de llevar: ¿Por qué es posible que su Atlacomulco querido guarde escenas bucólicas sin que el progreso material y grosero le robe sus mayores fortalezas en belleza natural, y en vecinazgo; que recuerde posadas de diciembre como los mejores momentos de la vida familiar?… Las letras de Isidro Fabela nos traen ese México que día a día va desapareciendo. Es una realidad.