Tres poetas del Instituto Científico y Literario

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Bello es encontrar en el texto editado por el Gobierno del Estado de México y la Universidad Autónoma del Estado de México, el libro Apuntes para mis hijos, publicado con motivo del Bicentenario del nacimiento del Benemérito de las Américas en el año 2006, son las memorias que según los historiadores abarcan desde su niñez y hasta cumplir 51 años, pues llegan dichos recuerdos al año de 1857. Si seguir paso a paso sus recuerdos es una aventura por demás interesante y cierta.

 

Resulta interesante al final del libro, encontrar a tres poetas del Instituto Científico y Literario de Toluca, alumnos destacados que son parte de la historia de la entidad siempre bien recordados: Abel C. Salazar, nacido en Tenango del Valle, hoy Tenango de León Guzmán; Enrique Carniado, nacido en Toluca, y Horacio Zúñiga, siempre admirable en su poesía y por haber sido maestro de oradores en el valle de Toluca.

 

El Instituto Científico y Literario, fundado en el año de 1828, un 3 de marzo, fue junto a otros Instituciones la vanguardia progresista y liberal de la educación en México. Al nacer se enfrentaron a todo tipo de oposición desde los gobiernos centralistas del país y en los gobiernos conservadores y reaccionarios de las entidades donde fueron fundados, en su momento, por los liberales de esos terruños. En el caso del Instituto de Toluca, que nació como Instituto Literario y al paso del tiempo se le adjuntó primero el término de Científico para poner a la Ciencia como una de sus tareas primordiales: en la idea de que la ciencia tenía que abrir paso a toda educación religiosa que ponía a la teología como el centro de toda enseñanza, cuando el mundo moderno tenía en Europa y América a la Ciencia como el mundo de la educación y su progreso social.

 

En Toluca, maestros distinguidos desde el 28’ del siglo XIX lo son, en primer lugar quien fue director del Instituto Literario el abogado José María Heredia y Heredia, creador de la primera historia de la entidad para que sirviera en la enseñanza de su juventud. Destaca por su vocación pedagógica al maestro Felipe Sánchez Solís: educador siempre recordado, porque con él tuvo, este Instituto, momentos de acelerada vocación pedagógica. Educadores lo fueron, Ignacio Ramírez El Nigromante, quien dejó honda huella en Toluca al proponer la creación de becas para niños de escasos recursos. Al alumno y educador lo fue don Ignacio Manuel Altamirano, quien muy niño vino a pedir una beca para estudiar en la capital del estado de México. El destacado militar Francisco Berriozábal, o el pintor y retratista Felipe Santiago Gutiérrez; también Juan A. Mateos y Joaquín Alcalde. Nombres famosos e ilustres: Andrés Molina Enríquez, José Vasconcelos, Gustavo Baz, Daniel Cosío Villegas, el propio Adolfo López Mateos quien fue director del Instituto de 1944 a 1946; también el poeta de Capulhuac quien fue alumno y profesor Josué Mirlo. Hasta la creación de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), su antecedente en el Instituto Literario de Toluca es leyenda en favor de la educación, legado y orgullo para los mexiquenses.

 

De este Instituto son los poetas que el cronista de la UAEM, don Inocente Peñaloza García, en su investigación pone a los tres poetas enunciados, escribe en su Nota preliminar el Cronista: La zaga de los poetas institutenses que ocuparon la cátedra en los siglos XIX y XX es uno de los aspectos más interesantes de la larga historia de la Universidad Autónoma del Estado de México. / En la primera mitad del siglo XIX, recién establecido el Instituto Literario, el poeta cubano José María Heredia inauguró la tradición, pues siendo catedrático y colegial, alternó la función académica con la composición y divulgación de poemas a través de sus revistas Miscelánea y Minerva. / Vinieron después otros poetas que habrían de alcanzar celebridad nacional, tales como Ignacio Ramírez El Nigromante y sus discípulos Ignacio Manuel Altamirano y Juan A. Mateos. / Durante la época positivista, que históricamente coincide con el porfiriato, la poesía institutense se vio enriquecida con una generación de la que destacan los nombres de Abel C. Salazar, Juan B. Garza, Felipe N. Villarello, Santiago Zambrana, Agustín González Plata y Francisco M. de Olaguibel, entre otros. Y para ello cita a los tres poetas ya enunciados.

 

El primero Abel C. Salazar quien escribe su poema titulado A Juárez que dice (fragmento): ¡Oh Juárez! ¿Quién tu excelsitud restringe? / tú fuiste aquel que viajador se finge / —mas no pasando sobre ti un estigma— que del error despedazó la esfinge / y de las almas descifró el enigma. / Exhalaste un enérgico reproche cuando de siervos la legión gemía; / como el aljófar bienhechor, de noche / bajaste raudo de tu patria, al broche / y la dejaste al despuntar el día. / ¿Qué ahogándose en el polvo de los años / —señal de olvido y pequeñez— las grandes / Pirámides de Egipto? …¡¡Oh desengaño! / tú eres más grande que ellas: son peldaños / para llegar donde estás, los Andes. / La envidia, el dolor y el rencor —serpientes— / no han de morderte mientras fe y anhelo / de una raza patriota representes… / ¡Oh nunca, nunca rasgarán los dientes / de las montañas, el azul del cielo! La voz de los poetas, cuando escriben de la política o de los políticos transitan en terreno peligrosos. Ya W. Goethe le dijo a L. Beethoven que no dedicara nada a los políticos, porque más pronto que tarde, se iba a arrepentir. Y así fue con su Quinta Sinfonía, que al principio dedicó a Napoleón Bonaparte, sin saber que se haría coronar Emperador, dicha sinfonía sabemos cambió su dedicatoria por el nombre de La heroica.

 

En el caso de don Benito Juárez, los versos de poetas ilustres están ahí, con la fuerza y el sonido del alma, que viene muy del fondo para ser verdad. Para no ser letras falsas, que aquellos escritores que han dedicado a dictadores más pronto que tarde, han tenido que ser borradas de la historia por lo corrupto y falso del personaje alabado. Así para Benito Mussolini en Italia o Francisco Franco en España. Pero con el Benemérito de las Américas los versos están ahí, en la voz de Enrique Carniado, institutense orgulloso que compone el poema Juárez y escribe (fragmento): Indio de raza pura; tez broncínea, / terrosa y angular, ojos pequeños / y vivos, como hundidos / al cerco de los párpados. La sombra / se hizo tangible en su figura triste, / menuda y enigmática; vulgar… / Su visión primordial, neta y sencilla, / la donó a mi niñez Torres Quintero / con su libro escolar. / Y lo vi entre rumor de los tulares / de Laguna Encantada / moreno, pequeñito, montaraz, cortando toscas flautas de carrizo, / cuyo atiplado y destemplado son / llenaba el ocio largo de las siestas / opacas y sedientas del pastor. La belleza de este poema en sus 19 párrafos es una delicia leer, por quien escribió el poeta a Toluca llamado Canicas.

 

De otra manera le canta, con sus imágenes mitológicas, de una Grecia jamás olvidada, Horacio Zúñiga el educador de juventudes en el ICLA, dice así  en su poema titulado Juárez (fragmento): II / De bronce y de oro, / fuerte a la vez que sonoro: de metal de epinicios y de egregio metal, / en la estoica firmeza que heredó de su raza / (como la luz en la altivez de una coraza) / el día se hace añicos, el sol se despedaza / y la luna se quiebra en Iyses de cristal!… / Acorde increíble / del afán soberano y el latido invisible; / ¡chispa que incuba un Aconcagua; / Amazonas que tiembla en una gota de agua! / Síntesis de aljófares y de procelas, / cada una de las células / es, a la par, un nido de águilas y de libélulas… voz de poetas, voz inalcanzable para la calumnia y la difamación.