+ Trump, AMLO y Bolsonaro, Aliados de la Muerte en América

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La frase

Me está gustando esto de la mascarilla, cubrebocas o barbijos. En el súper me encontré a dos personas a las que les debo dinero y…

NO ME RECONOCIERON

EL DETALLE: A lo mejor en todas las oficinas será igual, pero me llamó la atención el Protocolo del Poder Judicial del Estado de México, que abrirá sus puertas al público a partir del 27 de este mes (julio).

Lo novedoso es que no se permitirá la entrada si usted lleva joyería o corbata. De la joyería ya son pocos los mexicanos que pueden tenerla, pero de la corbata es una auténtica novedad, sobre todo si se toma en cuenta que a quienes estudiamos Derecho, se nos dijo durante muchos años que el “uniforme” del abogado era el traje y seguramente lo seguirá siendo, pero sin corbata por razones de Covid-19.

 

Renovador: Sin duda la desaparición y fallecimiento del novelista Juan Marsé, obligará a ubicarlo como un excelente escritor que supo, entre otras cosas, darle vitalidad a una narrativa española que se había llenado si no de telarañas, si de una inmensa cantidad de polvo que dejó el paso de los años, cuando se inició la dictadura de Francisco Franco y no les posibilitó a los autores jóvenes de aquel entonces a agudizar su ingenio para poder estructurar sus textos sin que advirtieran un juicio y una posición a las ataduras que implicaba la censura, en todo su apogeo y al hecho o no de publicar ahí, lo que se había escrito.

Integró por cuestiones de escritura con la preocupación y finalidades de la Generación del 50 en Barcelona, su ciudad natal, en donde también están ubicados el poeta trascendental Jaime Gil de Biedma, el poeta y editor además de gran ensayista y cerebro de la editorial Seix Barral, artífice indiscutible del Boom de la Narrativa LatinoamericaCarlos Barral; otro novelista de impacto editado por Seix BarralJuan García Hortelano, del novelista imprescindible como Juan Goytisolo, además del narrador Terensi MoixEduardo Mendoza, el del Caso Savolta y de Manuel Vázquez Montalban cultivador de la novela negra y de la narrativa vigorosa de la España franquista, que, con talento, se impuso a las barreras dictatoriales.

Su nombre real fue Juan Faneca Roca, lo cambio no por cuestiones de preservar su identidad sino debido a que, a raíz de su nacimiento, su madre falleció, lo adoptó un matrimonio de su misma ciudad y de ahí pasó a ser Juan Marsé Carbo.

No debemos olvidar como dato clave la actividad primaria de este autor, la de ser joyero, oficio que aprendió con gran fortuna para trasladar ese cuidado en el ensamble de las piezas a su aspecto de la narrativa, al estructurar con esa delicadeza y precisión, el manejo de las secuencias narrativas, que con el paso del tiempo lo convierten en otro de los autores de impacto en la narrativa española.

En 1961 publicó su primera novela Encerrados  con un solo juguete. Antes en 1959 decide residir en París, para respirar aires de libertad que no se tenían en aquel entonces, en su país. Acá, trabaja como profesor de español, traductor y otra clave de su actividad narrativa, mozo de laboratorio de un departamento de Bioquímica celular del Instituto Pasteur, otra vez el cuidado y la meticulosidad para trasportar las sustancias, mismo cuidado que se mira en su prosa.

Es de los pocos españoles que ganó el Premio Biblioteca Breve, en 1966, antes de la aparición en el continente Americano de Cien años de soledad, con la novela Últimas tardes con Teresa, donde inicia su carrera para conseguir y obtener no sólo el éxito en la crítica, sino en la consecución de más premios.

Vino a nuestro país en 1973, en donde lo conocimos en charlas informales a raíz del Primer Premio Internacional de Novela México, patrocinado por la Editoral Novaro, que encabezada Luis Guillermo Piazza, a raíz de que su propietario Bruno Pagliai trató de establecer una línea literaria para competir y acaparar lectores, no hay que dejar de lado que ésta, publicó la primera novela de José AgustínLa tumba cuando contaba 20 años, ese jovencito que deslumbró a los expertos de esa época, antes de este premio, que luego ganó Jorge Ibargüengoitia Con estas ruinas que ves y luego culminó con Palinuro de México de Fernando del Paso.

Cinco años después obtuvo el Premio Planeta con La muchacha de las bragas de oro en 1978. Para culminar con el máximo galardón español el Premio Cervantes en 2008.

La última vez que nos vimos fue en 1982, a raíz de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, cuando llegó a nuestro país formando parte de los autores españoles que encabezaba José Manuel Caballero BonaldJJ Armas MarceloJosé Bernardo y Juan Marsé quienes me preguntaron si conocía la dirección de Gabriel García Márquez, para hacerle la invitación sobre el Congreso de Escritores Españoles y Latinoamericanos en las Islas Canarias, a celebrarse en agosto de es año. Trasladé a los cuatro a San Ángel a la calle de Fuego en el número 144. No sin antes advertirles que los podía o no recibir a lo que me dijeron que ya tenían cita, lo único que desconocían era como llegar allá del hotel sede de la Feria del Libro, el Gran Hotel de la Ciudad de México, en Avenida 16 de septiembre 82 a la calle de fuego. Los llevé incluso le comentaron a Gabo quién los llevaba, recomendó que sólo hiciera esoel traslado, sin que solicitara saludarlo. Acepté, sin condiciones.

Salud Maestro Juan Marsé, gracias por Encerrados con un solo jugueteUltimas tardes con Teresa y Si te dicen que caí, en donde quiera que esté, allá nos vemos para ahora sí, hablar de sus obras de manera formal, en Paz Descanse.

Trump, AMLO y Bolsonaro, Aliados de la Muerte en América

Tres presidentes populistas, obsesionados con alcanzar el poder absoluto, convencidos de ser los dueños absolutos de la verdad, Donald Trump, Andrés Manuel López Obrados y Jair Bolsonaro, presidentes de Estados Unidos de América, México y Brasil, respectivamente, enfrentaron la pandemia con la misma ligereza con que gobiernan y terminaron siendo los más fieles aliados de la muerte de cientos y decenas de miles de sus gobernados a causa del coronavirus.

Mandatarios de los países más occidentales del planeta, tuvieron todo el tiempo y la información para enfrentar adecuadamente el virus covid-19 surgido en la China del lejano oriente, cuyo mortal oleaje fue contaminando y sembrando la muerte en las naciones de oriente hacia occidente; sin embargo, los tres presidentes se mofaban y alardeaban que el mortal virus no llegaría al nuevo mundo, simplemente por el gran poder moral que ellos representaban.

Más tarde que temprano, llegaron de Europa los primeros contagios a los Estados Unidos, luego a México y finalmente a Brasil, pero los folclóricos presidentes no cesaban de alardear que no pasaría del mero registro de la pandemia, cual si se tratara de una moda europea u oriental que al no gustar retornaría de inmediato por donde llegó.

Cual predicadores iluminados, Trump, López Obrador y Bolsonaro llamaban a sus gobernados a no temer a la nueva pandemia, pues la fortaleza histórica y cultural de sus pueblos serían más que suficientes para permanecer inmunes al efecto mortal del coronavirus.

No sólo se han negado los tres a usar el cubrebocas, principal escudo que aconseja la ciencia médica para proteger del contagio, sino que lanzaron constantes llamados a sus pueblos para no utilizar tal instrumento de protección.

Además de denostar este primer llamado de la ciencia médica para evitar los contagios, los tres mandataros populistas “dueños de la verdad” en sus respectivas naciones, se mofaron también de la segunda recomendación que llamaba a las familias a resguardarse en los hogares.

Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador y Jair Bolsonaro se ufanaban ante las cámaras de televisión con declaraciones simplistas de que se estaba exagerando con el encierro casero únicamente para atemorizar a la población, y en consecuencia invitaban a seguir conviviendo en los espacios públicos, abrazar, besar, saludar de mano, platicar y convivir con amigos, familiares y vecinos sin temor alguno.

Pero como dignos representantes del ejercicio populista del poder, los tres mandatarios fueron atenuando sus alardes en la medida en que se fueron elevando escandalosamente las cifras de contagios y muertes a causa del coronavirus, pero sobre todo en la medida en que vieron disminuir sus niveles de popularidad.

Sólo esta “poderosísima razón” hizo el milagro de que Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador se colocaran el cubrebocas para posar ante las cámaras de televisión en un encuentro en la Casa Blanca de la Unión Americana, armado para recuperar la aceptación popular ante la cercanía de elecciones que pondrían en riesgo sus respectivos mandatos, la reelección de Trump en noviembre, y la elección intermedia de México en 2021 y la revocación del mandato en 2022 para López Obrador.

Jair Bolsonaro se hizo la prueba del Covid-19 y dio positivo en dos ocasiones, pero ni eso lo obligó a usar el cubrebocas, pues sigue con sus alardes de protegido de un halo divino contra el efecto mortal del coronavirus.

Sin embargo, al gobernar las naciones con los índices más elevados de contagios y mortandad en América y en el mundo, Trump, AMLO y Bolsonaro allanaron sus caminos a la derrota segura en las próximas elecciones de sus países.

Además de resultados muy cuestionados al frente de sus encargos presidenciales, los tres presidentes populistas se convirtieron en los más fieles aliados de la muerte en sus respectivas naciones, llevando a la tumba a cientos y decenas de miles de americanos, mexicanos y brasileños, y eso jamás se perdona, ¿no le parece a usted, estimado lector?