Tu cercanía
Desde que navego en tus contornos
y me dejo llevar por tu afluente azul,
no hay día que pierda el rumbo de tu voz.
La esperanza me la señalan tus manos,
ávidas de sueños en la almohada de mi pecho
y llenas de racimos de paisajes de colores
sumados al delirio de tus labios bermejos,
puente entre lo celestial y lo terreno
Sin proponértelo, eres mi pan de cada día,
maná que alimenta el reloj de mis latidos,
el que me da la vida y me pinta sonrisas
en el núcleo de mi claridad iluminada
por tu mirada atrapante y felina, siempre querida;
amor de mi amor, concierto de mis pasos
que te siguen, honran y en letanía te nombran.
Dame tu mano y con tu mirada llena de gracia
posada en la mía, apaga el motor del tiempo,
que quiero entrar en el paraíso de tus horas
y beberme las ánforas de tus aguas claras
en la infinitud de los mágicos minutos,
agarrados del corazón y los deseos,
a tu lado, siempre a tu lado, hombre bello y amado.
El amor no puede quedarse aparcado
bajo la sombra del árbol solitario del olvido,
el amor se alimenta de amor y el cariño de cariño,
la eternidad se nos escapa en los suspiros;
si la indiferencia entra en la alcoba del sentir
el amor sale huyendo, cabizbajo, entristecido;
tu cercanía es el alimento que necesito día a día.
Me tienes en tus manos, hombre bello,
me siento muy dichosa que así sea,
sabiendo que mi ser se tambalea
sintiendo el resplandor de tu destello.
Colgada de tu amor y de tu cuello
mi mente soñadora se bloquea,
y hago de tus besos mi presea
rozando con mis dedos tu cabello.
Me tienes en tus manos, hechizada,
adicta a tus amores y ternura,
con solo dirigirme una mirada
me envuelves con tu velo de dulzura
y tiemblo entre tus brazos, abnegada,
gozando nuestra mítica locura.
¡Adiós a la cordura!
Me hace bien tu grata cercanía,
encanto de mi vida día a día.

